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Cultivo fotovoltaico en Sevilla

La finca agrícola El Esparragal inicia el mayor proyecto solar de la provincia

Sustituirá unas 700 hectáreas de cultivos de secano por placas solares, con cuatro instalaciones distintas que sumarán en total 200 MW

22/08/2021 Actualizado a las 20:44

La finca El Esparragal, una de las mayores de la provincia, con casi 3.000 hectáreas repartidas al 50% entre los municipios sevillanos de Gerena y Guillena, se suma al «cultivo» de los huertos solares con objeto de rentabilizar las hectáreas que tradicionalmente se han venido dedicando a las producciones de secano como el trigo y el girasol.

Esta explotación, propiedad de la familia Oriol desde mediados del siglo XX, cuenta con un modelo de gestión basado en la simplificación, la especialización y la eficiencia, «la única forma de obtener rentabilidad sobre un patrimonio agrícola actualmente en manos de 40 accionistas», declara el actual consejero delegado, Alfonso De León.

En un proceso de reestructuración agraria continua, el nuevo proyecto de El Esparragal consiste en la instalación de cuatro instalaciones fotovoltaicas de 50 megavatios (MW) cada una. En total, «estamos hablando de una superficie ocupada de 700 hectáreas y una producción energética de 200 MW hora, por lo que se trata de uno de los mayores proyectos energéticos no sólo de la provincia, sino de toda Andalucía», destaca el directivo.

Los dos primeros

De estos cuatro proyectos, hay aprobados ya, con todos los permisos técnicos, dos de ellos, por lo que las obras comenzarán de inmediato, «en este mes de agosto», confirma Alfonso de León. Una de estas instalaciones será desarrollada por Fotowatio Renewable Ventures (FRV), empresa de origen español que fue adquirida por el grupo árabe Abdul Latif Jameel Energy and Environmental Services en 2015, y el otro por la promotora de origen alemán y con sede en España Viridi Energías Renovables. El plazo de ejecución previsto para estos primeros huertos solares es de un año, por lo que «esperamos que para el verano de 2022 ya estén conectados a la red».

Placas solares / Agrónoma

Respecto a los dos proyectos pendientes en El Esparragal, la dirección de la finca estima que «esperamos tener las autorizaciones pertinentes para el tercer proyecto, que sería desarrollado por la firma Enerparc, a finales de este año, y respecto a la cuarta instalación solar, que correría también a cargo de FRV, los permisos podrían llegar en el primer semestre del año próximo».

La razón que ha llevado a esta finca agrícola a apostar por la energía solar es «asegurar la rentabilidad a largo plazo». A este respecto, el consejero delegado señala que «los cultivos de secano dejan muy poco margen al final de la campaña, acabando muchas incluso en pérdidas, por lo que tienen una gran dependencia de las ayudas de la Política Agraria Común (PAC). Con la nueva reforma agraria, estas ayudas están en entredicho para los próximos ejercicios, por lo que hemos tenido que buscar alternativas que nos aseguraran rentabilidad a largo plazo, y eso es lo que nos ha ofrecido el cultivo fotovoltaico».

Rentabilidad estimada

A este respecto Alfonso de León señala que, mientras que de media el cereal en Andalucía deja unos 250 euros por hectárea, a los que habría que sumar otros 250 euros/hectárea por las ayudas de la PAC, con un total de 500 euros/hectárea en el mejor de los casos, «los precios medios que pagan las empresas para la instalación de proyectos fotovoltaicos están en 1.500 euros/hectárea, y con contratos a 30 años, por lo que la rentabilidad es muy superior». Además, «esos precios están indexados a la inflación y si ésta sube, los precios del alquiler seguirán subiendo».

Guillena es uno de los municipios de la provincia con más parques fotovoltaicos instalados, la gran mayoría relevando a los cultivos de secano. De hecho, ya están en marcha dos proyectos fotovoltaicos (el de Ansasol, de 121 megavatios y el de Calaspasol Energía, de 39,9 megavatios) y se proyectan, sin contar los de El Esparragal, al menos, otros siete más.

La razón que hacen a este municipio tan atractivo para estos proyectos es la cercanía a cuatro subestaciones eléctricas (dos en la propia localidad y otras dos en Salteras y El Ronquillo) para poder evacuar la energía, aparte de las facilidades que el Ayuntamiento está dando a estas instalaciones.

Mantener la esencia agrícola

La finca El Esparragal quiere seguir manteniendo su esencia «eminentemente agrícola», diseñando una estrategia para integrar las placas solares con el resto de cultivos, minimizando así el impacto ambiental y visual.

Toros en la finca El Esparragal / Agrónoma

«Se han elegido minuciosamente las zonas donde se levantarán estas instalaciones, que se ubicarán en unas parcelas más difíciles de divisar y se cercarán con cultivos permanentes como cítricos y almendros». Además, «estamos evaluando el uso de la ganadería ovina para controlar el crecimiento de la vegetación y mantener limpias las hectáreas con el pastoreo».

Hoy día existen muchas líneas de investigación sobre cómo mejorar la eficiencia y productividad de los paneles solares haciéndolos compatibles con la agricultura, e incluso se ha acuñado el término de ‘agrofotovoltaica’.

«Es verdad que es más bonito ver un campo de trigo verde que un parque solar. Pero el desarrollo de la energía renovable está aquí para quedarse y España es un país con déficit energético». Por tanto, «hay que buscar la ventaja competitiva en el desarrollo económico de los países, como decía Adam Smith, y si somos competitivos produciendo energía, tendremos que producir energía, pues en producción de cereales no lo somos respecto a otros países».

A este respecto, el directivo se pregunta: «En un mercado global, ¿Cómo puede, por ejemplo El Esparragal, con una media de 3.500 kilos de trigo por hectárea competir con Francia, Estados Unidos o Canadá que se mueven entre los 7.000 kilos por hectárea?». Por ello, «se van a desarrollar parques fotovoltaicos nos gusten a los propietarios y empresarios agrícolas o no, y en este sentido, hemos decidido subirnos al carro».

La finca cuenta además con 450 hectáreas de regadío, dedicadas a los cultivos del cítrico y el almendro. Una producción que «nos aporta unas rentas competitivas, tanto o más incluso que la del negocio fotovoltaico», por lo que el futuro de estos cultivos, de momento, «está asegurado».