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Carlos León / Coitand
Carlos León, presidente del Coitand

«La UE quiere que el campo sea un parque temático, se olvida de que tenemos que producir alimentos»

El presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Andalucía Occidental reivindica la profesión

18/09/2023 Actualizado a las 12:24

Carlos León es presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Andalucía Occidental (Coitand) desde otoño de 2022. Ingeniero Técnico Agrícola por la Universidad de Sevilla, ejerce en la empresa privada desde el inicio de su carrera y, tras casi un año presidiendo el colegio profesional, tiene una gran conclusión: hacen falta ingenieros agrícolas en la región.

—¿Qué está pasando con la profesión de ingeniero agrícola?  

—Desde el Coitand llevamos ya años percibiendo que no hay profesionales suficientes para cubrir la gran demanda que existe. Si ya de por sí siempre han sido necesarios los ingenieros agrícolas, ahora más que nunca, ya que el campo cada vez está más tecnificado y se rige por datos, parámetros y normativas que tienen que ser abordados por alguien formado.

De hecho, en pocos meses se va a poner en marcha el Cuaderno Digital de Explotación Agrícola, que será obligatorio y que tiene que rellenar un profesional. Antes, el cuaderno de campo lo hacía cualquier administrativo. Ahora, eso ya no valdrá y hay que pisar la tierra. Además, los eco-regímenes de la nueva PAC suponen otro reto en el campo, por lo que el agricultor ya necesita a alguien que sepa de cubiertas vegetales, pastos…. Es necesaria una preparación para abordar todo esto, además de la digitalización y la certificación, que cada vez son más imprescindibles.
Prácticamente a diario hay normativas nuevas, investigaciones a las que hay que buscar aplicación… Se necesita a alguien que sepa interpretar esos datos y llevarlos al campo. Y lo cierto es que es complicado últimamente encontrar, primero, gente y, luego, gente preparada, a pesar de que el grado de empleabilidad es casi el 100%:

—¿Por qué se da esta falta de profesionales?  

—Creemos que es una mezcla de varios factores. Pero, principalmente, lo achacamos al desconocimiento por parte de los jóvenes, y del ciudadano en general, sobre qué es lo que hace un ingeniero agrícola. Se piensan que es como un agricultor y, con todos mis respetos a esta profesión, el agricultor es el que ejecuta las labores en el campo, y el ingeniero es el que decide qué labores y cómo se aplican en el campo. No estamos labrando, por decirlo claramente: el ordenador es el primer motor del trabajo en el día a día del ingeniero agrícola.

En definitiva, la nuestra es una profesión imprescindible para la planificación productiva, la gestión de aguas e infraestructuras rurales, energía solar y renovables, gestión y creación de espacios verdes, asesoramiento fitosanitario , gestión forestal y cinegética, mecanización y robotización de sistemas, dirección de empresas….Y, por supuesto, para la denominada ‘agricultura 4.0’, que aúna ciencia, informática aplicada y nuevas tecnologías.

—¿Se valora poco, aparte de desconocer, este tipo de profesiones?

— Sí, sin duda. La desconexión que sufre la sociedad en general con el medio agrario es una realidad. Por desgracia estamos desconectados de la única acción necesaria que un ser humano tiene de forma vital a diario: alimentarse. Puede que no necesitemos cada día a un informático o un abogado, pero sí que necesitamos proveernos de alimentos cada nueva jornada. Y a eso, en el sentido más amplio, es a lo que se dedica un ingeniero agrícola.

—¿Cómo están relacionados los ingenieros agrícolas con la seguridad alimentaria?

—Somos también claves en este aspecto, ya que el ingeniero agrícola es el que, en base a los datos y parámetros, decide qué tratamiento se le aplica al cultivo, y en qué cantidad, para que sea seguro, no queden residuos cuando llegue al usuario final…Europa es el continente con más seguridad alimentaria del planeta. De hecho, a veces las normas que vienen de la UE son, incluso, demasiado estrictas. Desde ciertos colectivos criticamos que, en ocasiones, la Comisión Europea parece querer convertir el sector en un campo temático ecológico, y se olvida de lo fundamental: nuestra principal tarea es producir alimentos para una población creciente. Y debemos hacerlo conviviendo y cuidando el medio ambiente, claro, pero haciéndolo de manera sostenible también económicamente.

Y es que consideramos fundamental que haya rentabilidad para el productor. Cuando se decide un tratamiento o se toma cierta decisión sobre un cultivo, aparte de tener en cuenta las normas sociales, medioambientales, sanitarias… hay que tener en cuenta ese aspecto. Todo esto hace que cada vez hagan falta más profesionales adecuadamente actualizados que sepan manejar todos los factores.

El campo empieza a estar socialmente politizado y polarizado. Y es, además, una política que, por desgracia, lo inunda todo y deja sin racionalidad la toma de decisiones. La única ideología del campo es la de producir alimentos de forma sostenible, crear empleo, ser rentable para los productores y ser vertebrador del medio rural y por tanto del medioambiente.

Campaña en los institutos

—¿Qué se hace desde el Coitand para fomentar la elección de esta profesión? 

— Desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Técnicos Agrícolas de España, que aglutina a todos los colegios a nivel nacional, estamos llevando a cabo una importante campaña en los institutos, en el nivel de Bachillerato, para contarle a los alumnos, y futuros universitarios, en qué consiste la profesión de ingeniero agrícola, cómo es nuestro día a día, qué creencias no son ciertas… Una de las principales preguntas que nos hacen es cuánto se cobra siendo ingeniero agrícola. Siempre le respondemos que, como en todas las profesiones, al principio menos, pero que hay margen de crecimiento si se quiere seguir subiendo en el escalafón y consiguiendo mejoras.

—¿Qué porcentaje de jóvenes de los que sí optan por esta carrera son de familias con tradición agraria?
— No tenemos el dato, pero sí es cierto que más de un 25% de ingenieros agrícolas lo son porque sus padres, o familiares, se han dedicado toda la vida al campo y ellos eligen sucederlos y hacerlo con una formación adecuada.

—¿Cuáles son los proyectos del Coitand para los próximos meses?

— Nuestra principal cita es el Symposium Nacional de Sanidad Vegetal, que volverá a celebrarse en el centro de convenciones del Hotel Meliá Sevilla los días 13, 14 y 15 de marzo, una edición muy especial, pues se cumplen 40 años desde que arrancó. En este tiempo, la iniciativa se ha convertido en una cita de referencia, y más teniendo en cuenta que la actual es una agricultura obligada a actualizarse, adaptándose a las directrices medioambientales y digitalizándose de manera continua. Los ingenieros son los que aportan desde su preparación las posibles soluciones y alternativas. Además, tenemos en marcha varios cursos de formación, un aspecto que para nosotros es fundamental y que damos como servicio a nuestros colegiados.

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