
J. M. Urbano: «El impacto de las malas hierbas en los cultivos puede ser mayor al de las plagas»
Sevilla reúne a los mayores expertos en el campo del manejo de las malezas que afectan a la producción agraria
Las malas hierbas siguen siendo las grandes desconocidas dentro del campo de la sanidad vegetal, pese a que suponen uno de los mayores problemas de la agricultura, al competir con los cultivos por la luz, el espacio, el agua y los nutrientes, provocando una disminución de la producción agraria. Con el objetivo de facilitar la toma de decisiones en el manejo de las malezas, la Universidad de Sevilla ha creado la Cátedra Adama, dirigida por el profesor titular de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica José María Urbano. Este ingeniero agrónomo lleva 20 años dedicados al estudio de la ciencia de la malherbología en el campo andaluz y es miembro del comité organizador del congreso sobre esta disciplina que arranca hoy en Sevilla.
-¿Qué se entiende por malherbología?
-Es el manejo, que no el control, de los problemas causados por las malas hierbas en la agricultura. La filosofía tradicional en el campo consiste en intentar quitar todas las malas hierbas que afectan a los cultivos, olvidando el lema de que “mala hierba nunca muere”. El hombre lleva peleándose más de 10.000 años con ellas y pensó que con el descubrimiento de los herbicidas llegó la solución, pero las malas hierbas están demostrando que no es así, por su capacidad de adaptación y resistencia a las materias activas. Empecinarse en usar control químico para eliminar las malezas es un error.
–¿Cómo deben actuar los agricultores respecto a las malas hierbas?
-Hay que conocer sus puntos vulnerables y ver dónde se puede actuar. En el campo de la sanidad vegetal hay tres patas: las plagas, las enfermedades y las malas hierbas. En general, se le da mucha importancia a las dos primeras, mientras que las malas hierbas son una especie de ladronas silenciosas que preocupan menos a los productores, aunque el impacto que tienen en el rendimiento de los cultivos puede ser mayor al de las pagas y las enfermedades. Además, el agricultor se gasta más dinero en intentar eliminar las malas hierbas que en ningún otro problema de sanidad vegetal y, pese a la importancia de ese gasto, el asesoramiento imparcial que encuentra el agricultor en este campo es muy escaso todavía.
Ayuda profesional
-¿No hay técnicos de campo expertos en el control de malas hierbas?
-La tendencia habitual es que cuando el agricultor ve malas hierbas ya crecidas en sus cultivos acuda a la empresa que le vende los fitosanitarios y le aplique un tratamiento herbicida, muy costoso y con un gran impacto ambiental. Pero en muchas ocasiones ese tratamiento no resolverá el problema, ya que las malas hierbas se van adaptando a esos herbicidas. La mejor inversión sería contratar a un profesional, aunque hay que destacar que en el BOE que regula la cualificación de los técnicos agrícolas es obligatorio tener formación en plagas y enfermedades, pero se olvidaron de las malas hierbas. Por tanto, hoy hay muchos técnicos de campo sin formación en malherbología.
-¿Cómo afectan las malas hierbas a la producción agraria?
-Hay un estudio de referencia que estima la pérdida de rendimiento por las malas hierbas asociadas a cultivos herbáceos en torno al 34%. En el caso de cultivos leñosos hay menos estudios. En cualquier caso, las malas hierbas son más “listas” de lo que pensamos, pues se adaptan a las dificultades diseñando estrategias. De hecho, hay malas hierbas frecuentes en regadíos que para competir en el desarrollo con el cultivo liberan unas sustancias químicas, que se llama alelopatía, que reducen el crecimiento del cultivo.
-¿Hay cultivos más propensos a la aparición de las malezas que otros?
-Los hay más susceptibles al daño causado por las malas hierbas. Los más sensibles son los que tienen un periodo de establecimiento lento, como la remolacha azucarera de siembra otoñal, o el cultivo del arroz. El monocultivo también complica el problema de las hierbas adventicias.
Colaboración Universidad-Empresa
-¿Cómo suple la Universidad la falta de conocimiento en el sector agrario de la malherbología?
-De esta necesidad de desarrollar herramientas que faciliten la toma de decisiones en el campo de las malezas nació el pasado mes de marzo la Cátedra Adama, fruto de la colaboración entre la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla y la empresa Adama Agriculture España. Mediante este contrato Universidad-Empresa se dedicarán recursos para poder desarrollar nuevas estrategias y tecnologías para el manejo de las malas hierbas, bajo las bases de una agricultura competitiva, sostenible y basada en el conocimiento científico.
-¿La cátedra está dirigida a formar a los técnicos de campo?
-El perfil es variado, pues hay alumnos de la asignatura de malherbología, alumnos ya titulados, otros que cursan el master de sanidad vegetal e incluso alumnos en fase de investigación en una tesis doctoral. En la Cátedra Adama estamos trabajando en diseñar herramientas que le sirvan al técnico de campo y al productor. De hecho, ya está en funcionamiento la plataforma MalezApp, que es una web accesible desde todo tipo de dispositivos (ordenador, smartphone, tablet,…) que ayuda a identificar las malas hierbas en el campo, para que el agricultor sepa qué problema es el que tiene, ofreciéndole una base de datos con documentación muy reciente y actualizada que le resultará muy útil a la hora de tomar decisiones sobre sus malezas. Además, hemos creado el jardín arvense, donde tenemos una de las mayores colecciones de malas hierbas de España, con más de 150 especies este año. Los alumnos pueden observar el desarrollo de las malezas in situ, y es un jardín también abierto a la sociedad, por lo que pueden visitarlo todos los agricultores que deseen información. La cátedra, además, oferta becas para fomentar la investigación en este campo.
-¿La agricultura es un sector atractivo para los jóvenes?
-Si lo que van buscando es el enriquecimiento fácil y rápido, no es la actividad idónea, aunque es un sector que tiene muchas oportunidades. En el campo de las malas hierbas hay muchas cosas por hacer, pues no hay soluciones definitivas y se requiere de tratamientos personalizados. Entre las especies que más rápido se adaptan a las nuevas condiciones está la coniza, muy presente en muchas explotaciones olivareras. Por ello, es muy importante innovar continuamente en el método, siendo creativo, imaginativo y variable para encontrar una solución a las malezas.
-¿Estos aspectos se pondrán sobre la mesa esta semana en Sevilla, en el XV Congreso de Malherbología?
-Así es. En el sector agrario, la docencia ha estado muy separada de la realidad, y como miembro del Comité organizador del Congreso estoy empecinado en unir la Universidad con todos los sectores implicados en el manejo de las malas hierbas (sector docente, investigador, productor, etc.). La idea es que los técnicos de campo les digan a los científicos qué es lo que tienen que investigar, y los científicos les digan a los técnicos qué es lo que saben de los problemas que tienen que resolver. Por tanto, en el Congreso vamos a establecer puentes entre los distintos ámbitos y a romper obstáculos.