Los jóvenes agricultores impulsan el campo andaluz
Las ayudas para la incorporación de jóvenes son efectivas pero dejan fuera a numerosos candidatos aptos
La baja disponibilidad, y asequibilidad, de la tierra, la tramitación burocrática y el excesivo desembolso necesario para el comienzo de la actividad son algunas de las trabas que los jóvenes destacaban como «freno» para su incorporación al sector agrario, según el «Estudio sobre el Acceso a la Tierra. Documento final del Grupo Focal de Acceso a la Tierra», realizado por el Ministerio de Agricultura.
Una realidad que frena el imprescindible relevo generacional del campo: hacen falta jóvenes agricultores para relevar a la generación que va entre los 50-60 años, la más numerosa en el campo.
La convocatoria de ayudas para jóvenes agricultores, de la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural, pretende dar un empujón a aquellos que quieran incorporarse al sector, una partida de 80 millones de euros «muy esperada», pues no se convocaba desde 2018, y que ha cerrado ya el plazo de presentación de documentación.
Un sabor agridulce
«La convocatoria nos deja un sabor agridulce, llevábamos tiempo pendientes de su publicación y son muchos los jóvenes sevillanos que cumplen los requisitos pero, sin embargo no hay presupuesto para todos», se lamenta Rocío Martínez, técnico de Asaja.
En concreto, la patronal agraria ha gestionado una cuarta parte de los expedientes presentados en la provincia. De ellos, el 34% son beneficiarios provisionales pero, sin embargo, un 50% de los expedientes son suplentes. Es decir, la mitad de los jóvenes agricultores cumplen todos los requisitos pero se quedarán sin la ayuda por que no hay presupuesto suficiente.
A nivel andaluz, detalla Martínez, de 3417 expedientes, hay un 29,3% de beneficiarios provisionales y un 41% de suplentes.
La convocatoria, en régimen de concurrencia competitiva, ha estado dirigida a menores de 41 años que quieran incorporarse al mundo laboral. La cuantía máxima de la ayuda ha subido desde la convocatoria anterior, hasta los 90.000 euros pagados en tres plazos conforme se van cumpliendo los objetivos, y su pone un «empujón» fundamental para todos aquellos que quieran incorporarse a la actividad agraria.
Los requisitos
«Los requisitos son muy claros, haber iniciado el proceso de instalación, que se comprometan a ejercer la actividad agraria durante cinco años en una explotación que genere, al menos, una UTA (Unidad de Trabajo Agrario) y que sea viable», concreta la técnico de Asaja Sevilla, que lamenta que «haya pasado tanto tiempo entre una convocatoria y otra». «Han sido más de tres años, desde Asaja pedimos que las convocatorias sean más seguidas, que los jóvenes puedan contar con estas ayudas como un recurso estable», detalla.
Desde la última convocatoria, en 2018, hasta la de 2022, ha subido «notablemente» el número de solicitantes, lo que deja ver el creciente interés que el sector agrario genera entre los jóvenes.
Uno de los jóvenes que recibió la ayuda de la convocatoria de 2018 (entonces era de 75.000 euros como máximo) es Pedro Muñoz, un joven de 33 años que se hizo cargo de la explotación de su padre, en Villamanrique de la Condesa, y que representó a los jóvenes agricultores sevillanos en Bruselas, en el Certamen europeo de Jóvenes Agricultores que tuvo lugar el pasado 7 de diciembre.
Ingenio ante la adversidad
Reconocido por la propia organización agraria por su implicación y técnicas innovadoras, Pedro ha comenzado en el campo en un momento «difícil», marcado por los altos costes, los bajos precios de los productos, la sequía y, en momentos puntuales, la dificultad para encontrar mano de obra.
Pero, ante estas adversidades, Muñoz ha tirado de ingenio, nuevas tecnologías y la sabiduría de su entorno para sacar las 18 hectáreas que gestiona adelante. «Tanto mi padre como los técnicos de la cooperativa, Hortovillamanrique, me han ayudado mucho a saber más del campo y a poder ubicarme», reconoce.
Además, para obtener productos con más valor añadido y, por ende, mejor precio de venta, trabaja a través del sello de salud ‘Epigen’ que, en concreto, obtiene cultivos más rentables, que mejoran el balance entre azúcares y sus beneficios.
En cuanto a la planificación, y para solucionar los problemas de mano de obra, el joven agricultor asegura que procura desarrollar cultivos «que permitan tener a la misma cuadrilla activa durante, prácticamente, todo el año». De esta forma, su hoja de ruta es poder llegar a sembrar sandía, que abarca todo el verano, de mayo a septiembre, aceituna de mesa, que ocupa el trabajo de septiembre y octubre, y, por último, cítricos, que dan trabajo de diciembre a mayo.
Por ahora, el balance que hace de estos últimos meses es «bueno», ya que su producción de aceituna de mesa ha sido aceptable y, la de cítricos, en proceso, parece que irá bien.
«Mi prioridad es producir alimentos de manera sostenible, con los menores recursos naturales posibles, que generen poca huella de carbono y cumplan la normativa de producción ecológica», relata Muñoz, que destaca el «interés» creciente de los consumidores por este tipo de producciones respetuosas con el medio ambiente.
No obstante, Pedro quiere ir más allá, y se plantea invertir en ampliar la explotación «con nuevos terrenos», así como introducir nuevas variedades de cítricos, como navelina, lanelate y barfield, de tal manera que abarque prácticamente toda la temporada de naranja.
El de Pedro no es el único ejemplo: los jóvenes agricultores que apuestan por las nuevas tecnologías y las producciones con gran valor añadido son cada vez más en Andalucía. De hecho, el listado de premiados por Asaja tiene varios nombres andaluces, como Fernando Giraldo, de la campiña cordobesa, Lorena Guerra, joven agricultora también cordobesa que produce cereal, girasol y olivos, y «Los insensatos de la Antehojuela», un grupo de seis emprendedores cordobeses que han puesto en marcha un proyecto de innovación vitivinícola que recupera variedades autóctonas.
Así es el perfil
Pero, ¿cómo es el perfil del agricultor que se incorpora al campo y tiene menos de 40 años? Según el estudio de investigación, «Agro-millennials. Perfil de los nuevos agricultores/as y ganaderos/as del siglo XXI», los jóvenes que se incorporan al sector agrario tienen una formación académica más elevada que la media de su generación. Casi 4 de cada 10 tienen titulación universitaria y el 65%, como mínimo, bachiller o FP superior, dato que se rebaja al 48,7% cuando hablamos de los jóvenes españoles en general, según el último informe de la OCDE.
Respecto a su origen, la mayoría es hijo de agricultores o ganaderos ( 75%), vive en el medio rural (83%), se dedica a tiempo completo a la actividad agraria ( 69%) y es el titular de su explotación (87%). Además, la mayoría consideran la agricultura como un trabajo a largo plazo.