La industria harinera opta por los puertos y arrincona el trigo blando de origen andaluz
Los productores andaluces de cereal afrontan otra campaña complicada, con costes altos y rendimientos bajos
El sector de los cereales en Andalucía afronta una nueva campaña de comercialización «complicada», tras dos años de pérdidas para los agricultores.
En términos globales, el mercado el mercado arrastra las consecuencias de dos cosechas récord consecutivas que mantienen los estocajes internacionales en máximos, impidiendo la recuperación de los precios, como puntualiza Arturo Hidalgo, director gerente de Cocereales.
Aunque en el hemisferio norte la actual campaña no apunta a cifras récord y se mantiene bajo la amenaza de olas de calor que podrían mermar los rendimientos, la abundancia de reservas internacionales lastra cualquier repunte. A esta tendencia bajista se añade el encarecimiento de los costes de producción; el conflicto en Irán ha disparado el precio de los fertilizantes y abonos, reduciendo, y mucho, los límites de rentabilidad.
Abundante stock para el trigo duro
El trigo duro, destinado al consumo humano y que representa apenas el 6% o 7% de la producción mundial de trigo, sufre sus propias particularidades en la región andaluza. Históricamente ha sido el único cereal andaluz con vocación exportadora, pero en esta campaña la vía exterior está completamente bloqueada: los precios internacionales de exportación son más bajos que los del consumo nacional, dejando esta alternativa fuera de juego. A ello se suma la fuerte competencia de Canadá, que el año pasado firmó una producción récord y cuenta con abundante stock.
En el aspecto cualitativo, las primeras impresiones de la cosecha reflejan unos niveles de proteína en la media del 11,5%-11,6%, una cantidad insuficiente para exportar a países como Túnez. «Confiamos en que, conforme avance la recolección, aún minoritaria, una parte de la producción logre alcanzar esos estándares», afirma Hidalgo, aunque en general los rendimientos están siendo entre medios y bajos.

La situación del trigo blando
Una de las situaciones más llamativas es la que está viviendo el trigo blando. A pesar de que la producción andaluza, sobre todo la de Sevilla, es reconocida por su calidad harinera, las grandes industrias cada vez pagan menos por este factor diferencial. Las harineras prefieren acudir a los puertos, donde encuentran partidas grandes, homogéneas y a precios altamente competitivos, arrinconando al producto local.
Como consecuencia de este desplazamiento comercial, más del 50% del trigo blando andaluz ha terminado devaluado y destinado al consumo animal (pienso) en los últimos dos años, perdiendo la prima económica.
Este escenario es el resultado de un cambio drástico en las dinámicas del mercado tras la crisis de suministros de hace tres años. En condiciones normales, las primas por calidad apenas oscilaban entre los 6 y los 25 euros por tonelada según el tipo de trigo. Sin embargo, una escasez puntual de proteína a nivel mundial disparó estas bonificaciones de forma histórica, llegando a pagarse primas de hasta 120 euros por el trigo de grupo 1.
«El agricultor andaluz se creyó que esas primas se iban a quedar para siempre y retuvo mucho la mercancía», apuntan desde el sector. Al verse desabastecidas, las harineras que no solían operar en los puertos comenzaron a mirar hacia el exterior y a habituarse a la importación. Una vez consolidada esa dinámica logística, la industria ya no ha regresado al mercado interior con la misma intensidad.
Por tanto, Hidalgo califica como «un error» la actual de volcar la planificación agronómica hacia el trigo blando. «Aunque el blando está ganando superficie, su comercialización en la región sigue siendo mucho más compleja que la del duro, a menos que el agricultor asuma desde el inicio que su destino final en el mercado será el pienso. Sembrar trigo blando en Andalucía confiando en capturar las grandes primas de la industria harinera es una estrategia fallida», sentencia.