Antonio Llobell: «El agricultor necesita la exclusividad que sólo dan  las variedades protegidas»

Antonio Llobell: «El agricultor necesita la exclusividad que sólo dan las variedades protegidas»

Solo en cítricos, Biogold EM, con sede en Sevilla, dispone de una veintena de variedades comerciales registradas, con otras 15 en el proceso de desarrollo

04/09/2019 Actualizado a las 13:18

El Grupo Biogold es una red internacional de empresas y colaboradores que identifican, desarrollan, gestionan y comercializan propiedad intelectual hortofrutícola, especialmente en los cultivos de cítricos y de subtropicales (granado, mango y aguacates).

Empezó a funcionar en los 90 en Sudáfrica (segundo país exportador de cítricos del mundo), consiguiendo cerrar la gestión de licencias de la mandarina Nadorcott en dicho mercado. Tras una inyección de capital de un centro de biotecnología agroalimentaria financiado por el Gobierno sudafricano nace la filial española en 2005, participada al 50% por un socio español y con sede inicial en Tortosa (Tarragona). En 2010, tras una reestructuración del grupo, Biogold EM (Euro-Mediterránea) se establece en Sevilla participada al 100% por Biogold International.

Así, comienza a funcionar como una «start up» ligada a la innovación varietal vegetal, ofreciendo a productores y comercializadores de fruta un acceso a derechos exclusivos sobre variedades nuevas y de gran interés para incorporar valor añadido a la producción agrícola. Actualmente, desde la capital hispalense se atiende a todos los mercados del Mediterráneo, tanto europeos como extracomunitarios.

—¿La rentabilidad de las explotaciones citrícolas andaluzas pasa por las variedades protegidas?
—Depende del modelo de comercialización. Un agricultor necesita un producto que le dé una cierta diferenciación y exclusividad, y eso sólo se consigue con una variedad protegida siempre y cuando sea un modelo de serie limitada. Si no lo es, la variedad protegida se convierte en un producto commodity. Los modelos anticuados de manejo de variedades comerciales implicaban un vivero para producir esa variedad, y si el vivero conseguía la licencia, con un royalti pequeño producía muchas plantas e inundaba el mercado y hundía los precios. Nosotros no queremos inundar el mercado, por ello no hacemos modelos localizados por países, sino que actuamos en regiones completas. Si limitas la producción en España pero luego empiezas a vender sin control en Turquía, Egipto y Marruecos, estás destruyendo el mercado, pues competimos en los mismos destinos.

—¿En Sevilla se atiende el proceso completo, desde la investigación hasta la comercialización?
—Cada una de las filiales de Biogold International en sus respectivos territorios identifica nuevas variedades, las desarrolla y las comercializa. Es decir, lleva a cabo todo lo que supone el movimiento de material, la protección de la variedad, la evaluación en las distintas condiciones climáticas de los distintos países y, finalmente, afronta las ventas. Una de nuestras ventajas es que somos capaces de realizar todos estos pasos de forma global y en un tiempo más corto que otras muchas empresas.

—¿Cuáles son las variedades de cítricos estrella de la filial española?
—Ahora mismo tenemos unas 20 variedades protegidas y hay otras 15 en el proceso de desarrollo. En naranjas tenemos la Kirkwood Red Navel, que es una Navel de gran calidad y pigmentación intensa en el interior. También la Rubi Valencia, muy tardía, que está en el mercado entre los meses de abril y mayo. Las primeras producciones, que se han plantado hace tres años, han tenido fruta y se ha vendido muy bien, del orden del euro el fruto en árbol. Tenemos también la valencia más tardía que existe llamada Lavalle Late Valencia, que se ha plantado bastante y se va a seguir plantando. En mandarinas tenemos una gran batería, de primera y segunda temporada. Entre las más recientes destaca una nueva variedad que se está empezando a plantar, llamada Leanri. Se han vendido más de 500.000 licencias ya entre España y Marruecos. Es una variedad con un rico sabor y un profundo color naranja interno y externo, prácticamente sin semillas, que vendrá entre tres y cinco semanas antes que la Nadorcott. Para explotarla nos hemos asociado con la empresa de desarrollo de variedades española GCM, formando un nuevo grupo llamado ANBGCM.

Próxima campaña

—La campaña de comercialización de cítricos ha concluido. ¿Qué perspectivas tienen para la próxima?
—Ha habido un aumento del interés en las variedades pigmentadas y esperamos que siga creciendo este año. El precio de la naranja Rubi Valencia nos ha dado una propaganda importante. No obstante, estas variedades están limitadas al ser un nicho diferenciado, y las plantaciones no van a subir de mil hectáreas en todo el mediterráneo durante al menos los próximos 5 a 10 años. Con las tipo Navel tardías hemos cerrado un club con 250.000 licencias en los próximos cuatro años, vendiendo a un número limitado de productores.

—¿Requieren estas variedades de más especialización en el campo?
—Una variedad nueva hay que aprender a manejarla. Algunas, como la Nadorcott, son más fáciles pero otras, como Orri, ha costado 15 años saber cómo producirla. Nosotros tenemos «early adopters», productores que se arriesgan a plantar una variedad a nivel comercial sin conocer bien cómo va a funcionar. Ellos son los que nos ayudan a acelerar el proceso completo y a concluirlo antes que nadie. A partir de la experiencia de estos productores vamos enseñando al resto del sector. A cambio, a estos «early adopters» le hacemos una fase de lanzamiento a un precio de royalti reducido y muy limitado para compensarle los riesgos.

—Biogold maneja la variedad Nadorcott en Sudáfrica, donde también se está comercializando Tango. Aunque la empresa no maneja estas variedades a nivel nacional, ¿Cómo va el largo conflicto que mantienen ambas mandarinas en España?
—Aún no está resuelto. Tango (cuya licenciataria es la empresa cordobesa Eurosemillas) se deriva de la Nadorcott (cuyo gestor en España es el Club de Variedades Vegetales Protegidas) y se diferencia de ella sólo en dos caracteres según la oficina europea de patentes. Cuando una variedad sólo se diferencia en una o muy pocas características de otra que es su parental y que está protegida, se llama una variedad esencialmente derivada. Y, en teoría, las variedades esencialmente derivadas no se pueden comercializar sin el permiso del dueño de la variedad parental. Esa es la guerra importante, y aún no ha terminado, pues Tango nunca ha reconocido que es una variedad esencialmente derivada de Nadorcott.

—Pero la UE ha confirmado que son variedades distintas…
—Variedades distinta son, pero muy, muy parecidas. De hecho, dudo que el mayor experto del mundo sea capaz de diferenciar una fruta Tango de una Nadorcott, y a nivel de consumidor mucho menos. La única diferencia es para el productor, que no tiene que preocuparse de controlar la polinización cruzada para conseguir fruta sin semillas y que puede sembrar la variedad Tango cerca de otras, pues no va a tener polen viable para producir semillas en la fruta de otras variedades.

—¿La piratería está en aumento en las variedades vegetales protegidas?
—Es inevitable que haya pirateo. Parte de nuestro trabajo está en la disuasión. Tenemos geolocalizadas las plantaciones de las variedades licenciadas. Además, tenemos una APP por la que cualquier productor que vea algo extraño, usando su teléfono móvil, pueda alertar. Nuestra base de datos identificará si esa explotación es una plantación licenciada o no, y tomará las acciones pertinentes. También, usamos códigos QR y otros métodos innovadores que están surgiendo como pruebas de ADN para identificar la fruta que llega a los mercados como procedente de árboles licenciados mediante etiquetas numeradas individualmente, lo que nos permite aforar la producción.

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