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Miguel López Sierra: «El campo no es solo dinero, es una pasión y compromiso»

El ya ex secretario general de COAG Andalucía repasa con ABC su trayectoria agradecido y sabedor del trabajo que deja a su sucesor

02/06/2025 a las 07:00

Miguel López Sierra, jerezano de La Barca de La Florida, pone fin a una etapa histórica al frente de COAG Andalucía tras toda una vida dedicada al campo y al sindicalismo agrario. Nieto e hijo de agricultores, asumió muy joven la responsabilidad de la explotación familiar y pronto se convirtió en un referente sindical en la región. Tras liderar COAG a nivel estatal, decidió regresar a Andalucía en 2012 para defender con pasión y compromiso el modelo profesional de agricultura independiente, ganándose el respeto y la confianza de los agricultores de cada rincón rural. Ahora, con 64 años, cede el testigo a Juan Luis Ávila, proclamado nuevo secretario general en el XI Congreso Regional celebrado en Sevilla.

– ¿Qué se siente al cerrar una etapa tan larga y comprometida con COAC?

Pues mira, cerrando esta etapa me siento satisfecho porque siento que he dado todo lo que podía para defender el modelo profesional y social que representamos. Ha sido un proceso de transición tranquilo, que no siempre es fácil en las organizaciones. Lo que más me llevo es el cariño de la gente, ayer fue un día muy emotivo con tantas muestras de afecto, fotos, abrazos… Fue inesperado y muy bonito. Pensaba en personas que ya no están, como mi mujer, y se hizo muy evidente el compromiso y la importancia de esta organización en nuestras vidas. Estoy convencido de que seguirá creciendo y fortaleciéndose porque ahora hay gente muy preparada y comprometida. Lo fundamental es mantener la coherencia y trabajar siempre en favor del interés general, manteniendo independencia política y económica, para que siga en manos de quienes realmente son los dueños, los agricultores y ganaderos andaluces.

– ¿Cómo era el campo andaluz cuando empezó y qué cambios ha visto?

Cuando empecé, casi la mitad de la población vivía del campo, era un modelo familiar donde toda la familia participaba en las tareas agrícolas, que eran muy manuales porque había poca mecanización. La mano de obra era fundamental. Hoy, gracias a la innovación tecnológica y la mecanización, las explotaciones han cambiado mucho, se han redimensionado para ser más rentables. Además, la mentalidad ha cambiado: los hijos ya no trabajan en el campo porque se apuesta por la formación y que cada uno elija su camino. Sin embargo, esto trae retos importantes, sobre todo porque hemos pasado de un modelo centrado en la autosuficiencia alimentaria a uno expuesto al mercado global, donde los principales problemas vienen de fuera, de fondos de inversión y acuerdos comerciales que generan competencia desleal con países con menores estándares laborales y ambientales. Esperamos que Europa empiece a exigir condiciones justas para las importaciones, porque ahora mismo eso nos está afectando mucho.

– ¿Cuáles son los principales retos que enfrenta la agricultura profesional?

El primer gran reto es la protección de las explotaciones ante la llegada de mercados financieros que compran tierras y reciben ayudas públicas sin producir. Esto perjudica a quienes realmente trabajan en el campo. También está el relevo generacional, que es fundamental pero complicado por la inversión y la incertidumbre del mercado. Además, Europa debería ordenar sus mercados para garantizar la alimentación y priorizar la calidad y seguridad de los productos locales. No podemos permitir que la gran distribución y los fondos de inversión dominen y perjudiquen al sector agrícola y ganadero, que es clave para mantener el territorio, el empleo y el bienestar rural. Hay que mejorar la política de renta y distribución de beneficios sin cargar al consumidor.

– ¿Cómo valora el papel de la Junta de Andalucía y otras administraciones?

En general, ha habido mejoras, pero los presupuestos son limitados y no siempre se ajustan a la demanda. Un tema crítico es el agua, que no es infinita y está mal gestionada, especialmente en regadíos. Hay que poner orden urgente en las cuencas y embalses para evitar morir de éxito, porque si no controlamos el uso, tendremos problemas graves en el futuro. Es necesaria una coordinación seria entre administraciones para gestionar bien este recurso vital.

– ¿Qué opina sobre el liderazgo de Juan Luis Ávila y los desafíos que enfrentará?

Juan Luis tiene claro que debe defender el modelo profesional y social, luchando contra leyes o políticas que puedan perjudicarlo. Está en contra de la renacionalización de fondos en Europa que puede generar desigualdades y busca proteger que el dinero público llegue a quien realmente produce. Tiene una visión clara sobre el agua y el relevo generacional, que es complicado por la alta inversión que requiere comenzar una actividad agrícola sin estabilidad de precios o mercado. Además, la falta de mano de obra es un problema que hay que facilitar, flexibilizando ciertas normas laborales para que el sector funcione.

– ¿Está asegurado el relevo generacional en Andalucía?

No, porque faltan recursos y presupuesto para apoyar a los jóvenes que quieren entrar en el sector. Además, es difícil emprender sin garantías de éxito, la inestabilidad es alta y muchas explotaciones cierran. Un ejemplo preocupante es el sector lácteo, que ha perdido capacidad productiva y está dominado por multinacionales que exprimen a los productores, lo que genera un desgaste muy fuerte. Se está permitiendo un modelo que no tiene sentido ni desde el punto de vista económico ni ético, y las instituciones deberían actuar ya para proteger este tejido productivo esencial.

– ¿Qué piensa del futuro de la PAC tras 2027?

El sistema de ‘cheque por país’ puede asegurar un presupuesto, pero también puede crear desigualdades porque cada país hará lo que quiera con el dinero, favoreciendo a los que tienen más recursos. Es importante que la distribución de ayudas siga siendo proporcional a la productividad y las necesidades, no un reparto igualitario que perjudique a quienes tienen menos hectáreas o condiciones más difíciles. Ahora mismo hay mucha incertidumbre por las reformas continuas, y muchos intereses económicos buscan llevarse el dinero destinado al campo.

– ¿Qué ha aprendido del campo que no se enseña en la universidad?

El campo me ha enseñado a trabajar con compromiso y responsabilidad, a cumplir con la palabra sin necesidad de firmar contratos, a ser solidario y a valorar la importancia de compartir. He vivido en contacto cercano con los trabajadores, lo que me hizo entender el valor de la solidaridad y la comunidad. Además, aprendí a valorar la alimentación natural y de calidad, que es una de las mayores satisfacciones que puede tener uno. Para mí, la agricultura es una profesión digna y fundamental para la sociedad.

– ¿Qué le diría a su yo de 24 años?

Le diría que si uno se lo propone, puede lograr mucho, y que si a los 24 años hubiera pensado solo en ganar dinero, probablemente habría buscado otro camino. Pero para mí, el campo es una vocación y un compromiso que vale la pena.