Aníbal Ollero: «La aplicación de los drones  a la agricultura no es nueva, tiene al menos 20 años»
Entrevista

Aníbal Ollero: «La aplicación de los drones a la agricultura no es nueva, tiene al menos 20 años»

El experto en robótica aérea coordina el proyecto que desarrolla la nueva generación de los drones, dotados con brazos para manipular mientras vuelan

19/06/2019 Actualizado a las 08:56

El catedrático de Robótica de la Universidad de Sevilla, Aníbal Ollero Baturone, ha coronado la cumbre de la robótica aérea mundial, sector que tiene en la agricultura «uno de los mayores campos de aplicación», asegura. El también presidente de la Sociedad Española de Investigación y Desarrollo en Robótica (Seidrob), comenzó a trabajar en robots terrestres para el campo en los años 90, aunque en las dos últimas décadas se ha especializado en robótica aérea, desarrollando nuevos prototipos de lo que se conoce popularmente como drones.

De hecho, actualmente, este investigador coordina el proyecto financiado por la Comisión Europea AeroArms, en el que participan diez universidades, centros de investigación y empresas de cinco países europeos. Un consorcio que se lidera desde Sevilla y que ha logrado crear los primeros robots aéreos del mundo con múltiples brazos articulados capaces de realizar tareas de manipulación y de tomar muestras físicas del terreno mientras vuelan, lo que multiplicará la funcionalidad de los drones también en las explotaciones agrarias.

-¿El campo es un vector de crecimiento y de proyección para la robótica actualmente?
-La agricultura es uno de los nichos que experimentará un mayor desarrollo especialmente en el campo de la robótica aérea, gracias al cada vez mayor uso de lo que conocemos popularmente como drones. Las cifras de crecimiento en este sector son abismales. De hecho, según datos de la «International Federation of Robotics», en 2014 se vendieron en el mundo mil millones de dólares en aplicaciones robóticas para su uso en el campo y más de 6.400 robots. Pero la previsión para 2019 era alcanzar unas ventas de casi seis mil millones de dólares en aplicaciones robóticas y 34.600 robots de campo. En lo que respecta a los drones, las perspectivas de crecimiento también son destacables. Así, se augura que el mercado pueda llegar hasta un total de 82.100 millones de dólares entre el año 2015 y el 2025.

-¿Andalucía está preparada para liderar este crecimiento?

-El «Robotics, Vision and Control Group» (GRVC) de la Universidad de Sevilla que dirijo lo forman más de 70 investigadores e ingenieros. Colaboramos también con el Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales FADA-CATEC, del que soy asesor científico, por tanto, desde el punto de vista de entidad, del número de proyectos, de publicaciones científicas y de personas, somos uno de los centros de I+D en robótica aérea más grande no sólo de España, sino de Europa. Por tanto, estamos a la cabeza a nivel nacional y somos uno de los grupos que lidera la investigación y el desarrollo en robótica en el continente europeo. Hemos estado trabajando en robótica de campo desde los años 90. Hemos desarrollado robots terrestres que pueden realizar funciones como la recolección y, con la Universidad de Málaga, desarrollamos los primeros robots del mundo para fumigación en invernaderos, que tuvieron una gran repercusión. No obstante, en los últimos 20 años hemos estado más concentrados en robótica aérea. Y es que cualquier cultivo es susceptible de realizar actividades que pueden hacerse más eficientes utilizando robots aéreos. Además, también tenemos experiencia en el empleo de drones en la protección medioambiental y en vigilancia.

Drones a pie de campo

-¿La implementación de estas tecnologías está llegando por igual a todas las explotaciones, también las de menor tamaño?
-Esta tecnología no está requiriendo en su evolución de grandes inversiones por lo que es posible que se implemente también en las empresas medianas y pequeñas, que son la mayoría en el campo andaluz. Por tanto, ya no hace falta tener una gran plantación para rentabilizar el uso de los robots aéreos. Soy optimista en que se dé una mayor penetración en el mercado en los próximos años, eso sí, debe ayudar la nueva normativa, sin disminuir las restricciones de seguridad. No obstante, creo que la solución podría venir de la mano de empresas especializadas en estos servicios para la agricultura y que los propietarios de fincas externalicen estos trabajos para mejorar su cuenta de resultados. Eso no quita que algunas explotaciones grandes tengan a su propio personal especializado en el uso de los drones.

-¿La normativa no está acompañando al rápido auge de la industria de los drones?
-No. Actualmente se puede volar un dron hasta una distancia máxima de 500 metros y de 120 metros de altura con un peso (incluido la carga) de 25 kilos. Pero más allá de la línea de vista, es decir, para distancias superiores a los 500 metros, el peso máximo permitido es de dos kilos, y eso limita bastante.

-La demora en la transferencia del conocimiento ¿supone también un freno al desarrollo de la robótica?
-Claro. Ahora están llegando al campo tecnologías que hemos investigado hace 20 años. La aplicación de los drones en la agricultura no es nueva. Llevamos trabajando en robots aéreos desde hace décadas. De hecho, los multirrotores que están ahora de moda vuelan menos tiempo que los helicópteros que teníamos hace 15 años, pero mantenerlos es más fácil, porque los multirrotores con ejes paralelos, que son los que más se usan actualmente, también en las explotaciones agrarias, incluyen menos piezas mecánicas. En cambio, los drones de ala fija pueden volar más tiempo, pero son menos maniobrables.

Robots aéreos

-¿Hacia dónde va a evolucionar esta tecnología?
-En la actualidad la Universidad de Sevilla está liderando el proyecto financiado por la Comisión Europea en el marco del Horizonte 2020 AeroArms, en que hemos desarrollado los primeros robots manipuladores aéreos del mundo que tienen múltiples brazos robóticos para aplicaciones en las que se involucra la interacción física con el entorno. Hasta ahora, los drones se limitan a volar y a tomar datos e imágenes bien con una cámara o con un sensor. La innovación que hemos desarrollado consiste en un dron dotado con brazos robóticos capaz de realizar una tarea de manipulación o recoger muestras físicas del terreno para un posterior análisis al tiempo que vuela. Hemos estado trabajando en esta nueva tecnología desde 2010 y esperamos que no tarde tanto en comercializarse industrialmente como el resto de drones.

-¿La aplicación de la robótica al campo supone una pérdida de empleo?
-Durante muchos años se ha contrapuesto la evolución de la robótica al empleo. Esto ya no es así. Ahora pensamos en sistemas que colaboren con las personas y que de alguna manera interaccionen con ellas. No obstante, es cierto que la robótica provoca desajustes que hacen que determinados empleos disminuyan, pero a su vez aumentan otros. Por eso, nos gusta hablar de un desplazamiento del empleo, que no es una sustitución de máquinas por personas. De hecho, se crearán nichos de empleo para las personas con la cualificación suficiente como para manejar las nuevas máquinas. La robótica aporta funcionalidades autónomas a una maquinaria para hacerla más productiva en sectores como la agricultura, pero ésta máquina no tiene por qué ser del todo autónoma. La tendencia no es sustituir al operador, sino trabajar con él.

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