Miguel Valero: «Un producto fitosanitario pasa más controles que un fármaco»
AGQ es una empresa sevillana especializada en agronomía, seguridad y calidad alimentaria
Lo que nació en 1991 siendo un pequeño laboratorio con vocación agrícola para dar servicios analíticos a los productores de la Vega del Guadalquivir es hoy un centro tecnológico líder a nivel mundial con presencia en tres continentes y una veintena de países, una expansión global que sumará en los próximos años dos nuevas plazas: Turquía y Sudáfrica, mercados en los que AGQ centrará su proyección internacional.
La empresa sevillana ha ido diversificando sus servicios y clientes a sectores como la minería pero sin perder nunca de vista al campo y a la industria agroalimentaria. Así, tanto el área de agronomía, con la utilización de una tecnología específica y única en el mercado para el seguimiento y control nutricional de los cultivos, como el área de evaluación de la calidad y seguridad de los alimentos constituyen los pilares en los que se sustenta AGQ, aportando el 65% del área de negocio de la compañía. Una metodología patentada que «es la que nos abre las puertas en los nuevos países con vocación agraria o exportadora», declara el director corporativo en Agroalimentación, Miguel Valero.
—¿Los análisis de campo y de cosecha son ya una parte más de los costes que supone la gestión de una explotación?
—En los laboratorios de Sevilla AGQ realiza una media de 200.000 análisis al año a nivel agronómico, unos 50.000 de control de residuos de plaguicidas en alimentos y entorno a 25.000 de inocuidad en general (metales pesados, micotoxinas, etc.). En el área de Alimentación estamos convencidos que tenemos una tecnología muy buena, que somos muy rápidos haciendo los análisis y que somos muy competitivos. Pero donde realmente marcamos la diferencia es en Agronomía, ya que el seguimiento y control nutricional de los cultivos que lleva a cabo AGQ es único en el mercado. Somos especialistas en química e ingeniería agrícola y en la actualidad asesoramos a más de un millón de hectáreas de toda clase de cultivos en el mundo, aunque los principales con los que trabajamos son cítricos, berries y aguacate. Ninguna otra empresa en el mundo hace el seguimiento nutricional con el enfoque y con la metodología que venimos practicando desde hace dos décadas y que apenas dos años atrás hemos patentado. Aquellas fincas con cultivos muy tecnificados que precisan de un manejo más empresarial están incorporando este tipo de tecnologías de la mano de AGQ. En España, nuestra tecnología se conoce aunque todavía hay una mayoría de rezagados que prefiere hacer un manejo más clásico de su plantación. En países como Estados Unidos, México, Chile o Perú, donde tenemos una agricultura con gran potencial de crecimiento y muy tecnificada, esta tecnología se incorpora muy bien. En Turquía, Sudáfrica o Marruecos cuesta más que entre en principio pero, al final, cuando el cliente ve el resultado se autoconvence rápido.
—¿Cómo funciona la herramienta y cuáles son los beneficios para el agricultor?
—El seguimiento nutricional se basa en la comprensión y control continuo del sistema suelo-raíz-planta-agua. Hay unas sondas que están enterradas a distintas profundidades en el suelo y que van identificando zonas deficitarias, normales o de exceso en cada nutriente. Partimos de analizar el suelo como el gran campo donde se mueven todos los iones y del que tiene que ir bebiendo la planta los nutrientes (tanto los que va liberando el suelo como los que aporta el productor con los fertilizantes) para alimentarse y tomamos muestras cada 30 días. Las muestras van después al laboratorio donde se analizan, y un ingeniero agrónomo interpreta los resultados y con éstos en la mano se va a la finca a compartirlos con el director técnico de la explotación. Con esta práctica herramienta es posible manejar el cultivo hacia donde el cliente necesite para obtener más o menos calibre en el fruto, adelantar o retrasar la recolección, obtener más o menos azúcar, etc. Las ventajas son muchas, como la optimización del riego y abonado, el ahorro en costes de fertilizantes, la mejora en el rendimiento y calidad del producto y la minimización del impacto ambiental.
La importancia de la seguridad
—Tras la recolección llega el momento de controlar la seguridad alimentaria. ¿En qué nivel medio de residuos están los productos andaluces?
—Somos un ejemplo mundial de saber hacer las cosas bien. España en general, pero Andalucía particularmente, sobre todo, la zona productora de berries, la de los cítricos más tempranos de España, el polo productor de Almería o la zona tropical de la costa Málaga-Granada. Tenemos una calidad primor muy atractiva para Europa y otros mercados. Ya no basta con producir bien, barato y con calidad, sino que hay que producir alimentos que sean muy seguros, y AGQ contribuye a hacer un control de inocuidad alimentaria más exhaustivo, analizando: residuos de plaguicidas, metales pesados, microbiología o micotoxinas que se están legislando cada día más, además de hacer el control del análisis nutricional que va a ser obligatorio también para productos a granel y frutas y hortalizas.
—¿Es hoy día más difícil tener una crisis alimentaria como la que originó los pimientos de Almería aquel diciembre de 2006?
—El riesgo cero nunca existe, aunque trabajando bien estamos aminorando de una forma taxativa la posibilidad de que haya alertas por la detección de residuos de productos fitosanitarios prohibidos. El movimiento de frutas y hortalizas es muy global. Puede haber algún excipiente que viene en un producto fitosanitario que deje un residuo, y que cuando se empieza a controlar ese producto salte la alarma. No obstante, es una alerta por violación legislativa, pero no por riesgo a la salud del consumidor. Por eso hay que conocer la legislación, que cada vez es más restrictiva. Muchos productos fitosanitarios del pasado han sido reevaluados y no cumplen las exigencias que hoy se pide a nivel de seguridad y eficacia. Han cambiado las tendencias. Ahora tenemos muchos más controles legislativos, más controles en el registro de los fitosanitarios, más controles en la forma de producirlos y con productos más inocuos, pensando más en el medio ambiente y en el consumidor final. Muchos son productos de baja residualidad, pues se degradan en días o incluso en unas cuantas horas.
Necesidad de fitosanitarios
—¿Por qué sigue aumentando el consumo de productos ecológicos ante el miedo a esos residuos químicos?
—Falta mucha información al consumidor. A veces vendemos lo ecológico como si fuera lo único sano que existe, y los productos de la agricultura convencional pueden ser igual de sanos. Los ecológicos no están inmunes a los contaminantes. De hecho, estamos encontrando en una empresa que trabaja con nosotros que se dedica a la producción de hortalizas ecológicas residuos de cloratos y percloratos, que también están legislados. Actualmente, un producto fitosanitario pasa más controles que un fármaco. Las plantas necesitan estos productos como las personas necesitamos los medicamentos. Pero haciendo un uso razonable de ellos, sabiendo que cada vez hay más controles, que incluyen una legislación muy estricta y que cada vez son más inocuos, tenemos que estar tranquilos.
—¿Las prohibiciones de la legislación europea en materia de fitosanitarios está dejando a los agricultores sin alternativas en algunos cultivos?
—En Europa hemos pasado de tener 830 materias activas en el año 97 a las 425 actuales, y van a caer muchas más, pues vamos a quedarnos con una horquilla entre 30 y 50. No obstante, hoy día las sustancias activas aparecen y se registran a una velocidad mayor a la de la caída, aunque seguimos esperando medios de lucha para, por ejemplo, la mosca de la fruta que afecta a muchas de las producciones españolas.