Día Mundial del Agua: las mejores técnicas para aprovecharla mejor y ahorrar en la factura eléctrica
Recordamos el proyecto CIT, coordinado por Asaja Sevilla, ha elaborado un manual de buenas prácticas para ayudar al agricultor a tomar las mejores decisiones respecto al riego
Si el agua es un bien escaso, y muy preciado, para todo el mundo, para la agricultura lo es aún más. No en vano, del agua que hay en el planeta, el 97% es salada y el 2% está congelada, por lo que solo se dispone de un 1% para uso humano, que debe repartirse entre el ámbito doméstico, el agricultor y el agrícola.
En este Día Mundial del Agua, que se celebra el 22 de marzo, es más importante que nunca aprovechar este recurso natural que, además, en los últimos meses, ha escaseado en Andalucía.
Todo esto lo tienen muy en cuenta las organizaciones agrarias, y en especial Asaja Sevilla, que se ha encargado de coordinar el proyecto CIT (Control Inteligente de Termografía), que persigue optimizar y aprovechar mejor los recursos, además de favorecer la productividad de las explotaciones agrícolas y preservar mejor el medio ambiente.
Y es que las buenas prácticas del riego son imprescindibles, pues todo se encamina a que, cada vez más, la población mundial tendrá que convivir con la escasez de agua. Además, tal y como recuerdan desde Asaja Sevilla, el uso inadecuado del riego puede dar lugar a problemas ambientales como la salinización del suelo o la contaminación del agua subterránea.
De otro lado, ahora que ha llegado el «tarifazo» eléctrico, que podrá aumentar de forma muy considerable la factura eléctrica de los regantes, es más importante que nunca intentar ahorrar algunos euros.
Pero, ¿qué se puede hacer para manejar mejor el agua de la que disponemos? En las últimas décadas se han hecho tres grandes avances en lo que ahorro de agua se refiere: el aumento del uso localizado, que se aplica ya en casi la mitad de la superficie cultivada regada de España; el desarrollo de estrategias de riego deficitario, con las que se reduce marcadamente el consumo de agua de riego con un impacto reducido en la producción, y el desarrollo de nuevos métodos de programación del riego que tienen su máximo exponente en los métodos usados para el riego de precisión, que forma parte de lo que se conoce como Agricultura 4.0.
En este contexto se ha desarrollado el Proyecto CIT, que ha llevado a cabo sus ensayos en parcelas de olivar, almendro y cítricos, y que ha elaborado, también, una guía imprescindible para lograr una gestión óptima del riego. En la guía se ofrecen las claves para lograr un riego eficiente, que se articulan en tres aspectos: la elección correcta del método de riego, la aplicación de la estrategia de riego más adecuada, y el uso de un método de programación.
Métodos y estrategias de riego
El método de riego, tal y como describe la guía, puede ser por goteo, por aspersión o por surcos, dependiendo su elección del cultivo y el agua disponible.
También hay que tener en cuenta la aplicación de la estrategia de riego, que puede ser el suficiente para alcanzar la máxima producción del cultivo, riego deficitario controlado o riego deficitario sostenido, entre otras. En este punto, es importante recordar que no siempre la máxima producción (que presumiblemente se logra con el máximo riego posible), significa máxima rentabilidad para el agricultor, de ahí la importancia de estudiar si el riego deficitario es el adecuado para la finca. Y es que llega un momento en el que, con lo que cuesta regar, no compensa el aumento de producción.

Ejemplo en el olivar
En la guía difundida por Asaja Sevilla se pone un ejemplo muy claro, llevado a cabo en un olivar en seto de alta densidad de la provincia de Sevilla. Se sabe que dicho cultivo tiene tres periodos en los que es sensible a la sequía: durante la floración, al principio del endurecimiento del hueso y a finales de verano, varias semanas antes de la maduración.
En estos tres periodos, se aconseja regar a los olivos diariamente, y durante el resto de los ciclos, hacerlo tan solo 1 o 2 días en semana. Con esta cadencia, se cubren, aproximadamente, el 45% de las necesidades de riego del olivar, tal y como detallan en el Proyecto CIT. «En esta situación, la producción de aceite disminuye un 30% en comparación de una aplicación del 100% de las necesidades de riego, pero los costes del manejo de riego son menores y el aceite obtenido de mayor calidad», aseguran. Por otro lado, con esta estrategia de riego se evita un crecimiento excesivo de los árboles, ahorrando en los costes de poda y alargando su vida útil.
Programación del riego
Una vez elegida la estrategia de riego, hay que calcular la dosis y frecuencia que permita aplica la estrategia elegida correctamente. La programación puede hacerse a partir de medidas en el suelo, en el entorno o en la propia planta. A partir de ahí, se elige el método que mejor venga al cultivo, ya sea a partir de las medidas meteorológicas, el potencial de turgencia en hoja, el coeficiente del cultivo, el «estrés» de la planta a partir de las medidas dendométricas… Las posibilidades son muchas, y se pueden consultar en la guía publicada por Asaja.
Además, es fundamental, y es el futuro, el riego de precisión, que se vale de fotografías aéreas y datos proporcionados por los infrarrojos para identificar zonas con estrés hídrico, mejorar el sistema de riego, detectar averías y usar el agua de manera mucho más eficiente, para lo que también ayudan los sensores.
Regar en tiempos de sequía
Además del nombrado manual, la comunidad de regantes del Valle Inferior del Guadalquivir ha elaborado una guía muy breve, pero muy directa, con varias técnicas y trucos sencillos que conviene recordar:
-Adecuar los riegos a las necesidades reales del cultivo y a los distintos suelos de la parcela.
-Una vez conocida la dosis adecuada, aplicarla correctamente: por goteo, a través de riegos cortos y frecuentes; con el riego por gravedad, realizar pasadas de tractor entre los surcos para compactar el terreno y que el agua no se detenga, avance; y en aspersión, evitar los días de viento para conseguir un riego uniforme.
-Evitar los riegos en las horas centrales del día para evitar la evaporación.
-Reservar los riegos para los momentos más críticos del cultivo, como la floración, el cuajado o el engorde.
-Hay que minimizar las pérdidas en las instalaciones, por lo que se recomienda, en el riego a pie, medidas como el ajuste de los trances de riego o cortar a tiempo los chorros. En el riego por goteo, es imprescindible reparar las fugas, reponiendo gomas o goteros deteriorados.
-También hay que alargar las labores para evitar la evaporación del agua de las capas inferiores del terreno. «Regabinar es regar», aseguran desde la comunidad de regantes.
-Recomienda, además, ajustar la fertilización a la situación de sequía, utilizando fósforo y potasio, que hacen más resistente a la planta.
.Y, por último, eliminar las malas hierbas de las calles, que puedan hacer «competencia» en la captación de agua.