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Sanidad vegetal

Investigadores buscan un «actimel» que frene la seca de la encina

Un equipo de trabajo de la Universidad de Córdoba trata de identificar en que estado se produce la enfermedad en la encina para formular una solución

21/05/2020 Actualizado a las 12:20

Un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO), al que pertenece el doctor ingeniero de Montes Francisco José Ruiz Gómez, trabaja en una solución que detenga la seca de la encina, a través del control de la enfermedad por la vía del componente biológico del suelo, con la intención de «prepararle un Actimel» al arbolado, como una de las fórmulas con más futuro para su recuperación.

Después de abordar desde hace más de dos décadas el problema del decaimiento de la encina y estudiarlo desde la perspectiva del microbioma del suelo desde hace cuatro años, «hemos visto relaciones fundamentales entre los microorganismos del suelo, es decir, del equivalente a nuestra flora intestinal, con el estado de salud de las encinas de la dehesa», explica Ruiz Gómez.

La solución en la que está trabajando el equipo de investigadores de la UCO, «Evaluación y Restauración de Sistemas Agrícolas y Forestales», se desarrolla actualmente en el laboratorio, donde se controlan los factores ambientales antes de «ensayarlo en campo para verificar que no estamos causando daños a otras especies del entorno», ha afirmado el doctor ingeniero de Montes.

Síndrome multifactorial

Según el investigador de la Universidad de Córdoba se trata de «identificar, lo que está prácticamente solucionado, cuál es la microflora ideal de la rizosfera (zona de interacción entre raíces de plantas y microorganismos del suelo) de la encina, y ver en qué estado se produce la enfermedad e intentar formular ese ‘Actimel’ para los árboles».

Para el científico de la UCO, «esta no es la solución única, porque el decaimiento es un síndrome multifactorial, pero es una de las herramientas con más futuro en este ámbito, porque, además de controlar a los patógenos, se hace sin añadir al ambiente ningún agente que pueda ser nocivo para otros».

Promover los organismos beneficiosos

En concreto, la táctica consiste en «caracterizar la microflora de la rizosfera de la encina y promover la abundancia de los organismos beneficiosos, algo así como potenciar su sistema inmunológico».

De ahí la metáfora del lácteo probiótico, porque «contiene el bacilo inmunitas, que todos tenemos de manera natural en nuestro sistema digestivo. Lo que pasa es que hay gente que lo tiene más deprimido por situaciones de estrés o una mala alimentación y se supone que dándole un Actimel esa persona mejorará de salud», que es lo que los investigadores están preparando para la encina.

Pese a su convencimiento de que han encontrado «algo relevante», Francisco José Ruiz prefiere ser prudente para no generar falsas expectativas porque «la ciencia tiene que ser ante todo rigurosa». En todo caso, precisa, «sobre la incidencia que cada factor tiene en el decaimiento de la encina, la influencia del suelo nunca debería ser menospreciada, porque el suelo es el soporte de la vegetación».

La encina necesita suelos vivos

En este sentido, Ruiz Gómez destaca que «aunque frecuentemente no damos importancia a ése elemento, la encina necesita ‘suelos vivos’ para persistir en la dehesa», concreta. Por ello, es esencial, a su juicio, valorar que en el suelo es «fundamental la textura, su capacidad de retención de agua, de almacenamiento de materia orgánica, nutrientes y minerales, pero también su capacidad de albergar vida».

Otro de los descubrimientos, según explica el investigador, fue que agentes como las tricodermas, un género de hongos, «conocido por colonizar las raíces, y que además tienen numerosísimas interacciones a nivel de suelo con patógenos», presentaba una relación antagonista con la fitóftora, el hongo de «la seca», de modo que donde eran más abundantes las tricodermas, la fitóftora mostraba menor abundancia.