Los agricultores, ante la jubilación anticipada: «Seguimos activos porque no tenemos quién lleve nuestras tierras»
La mayoría de productores, que ronda los 60 años, no se niega a una jubilación, parcial o completa, pero les preocupa el relevo generacional
El campo no es sólo un trabajo, es una forma de vida. Lo tienen claro la mayoría de los agricultores, sobre todo aquellos que han heredado esta profesión aprendiendo de generaciones anteriores y dedicándose a una actividad con la que siempre se han ganado el sustento. Hoy en día, casi no se da esta situación, el relevo generacional es ya un importante problema. La mayoría de los descendientes de familias dedicadas a la agricultura han estudiado carreras universitarias que nada tienen que ver con el campo. Esto afecta a una generación que está cerca de la jubilación con pocas alternativas para que alguien se haga cargo de sus tierras. Por eso, la mayoría sigue pendiente de la próxima cosecha.
En las últimas semanas, con el debate sobre una posible jubilación anticipada abierto de nuevo, el tema ha vuelto a los corrillos. De hecho, COAG ha reclamado que el sistema agrario también se incluya en la revisión de coeficientes reductores, al igual que la minería y el trabajo en el mar, para que aquellos que tengan la posibilidad de acogerse a ellos, puedan hacerlo. No obstante, la realidad de la agricultura y el campo parece ir por otro lado sobre todo porque no hay relevo generacional.
Francisco Humanes, agricultor y presidente de la SCA Labradores de la Campiña de Arahal, dijo en una mesa de debate que se celebró dentro de las VII Jornadas de la Aceituna de Mesa, que «quizás no hayamos sabido transmitirles a nuestros hijos lo bueno que es este trabajo». Él tiene dos hijas y ahora pelea porque una de ellas lo sustituya para poder jubilarse. Ya ha cumplido la edad pero sigue trabajando y de alta en la Seguridad Social. «No puedo abandonar mis tierras y, mientras esté bien, debo seguir».
Los mismos derechos
Humanes considera que el sector de la agricultura debe tener los mismos derechos que otros. «Ni más ni menos, trabajar en el campo no significa perder derechos que disfrutan otros colectivos. Somos todos productores», apunta. Él estudió Formación Profesional pero no se arrepiente de haber elegido la agricultura como profesión. «No estoy arrepentido, todos los trabajos tienen sus problemas. Ahora no me puedo jubilar, sigo activo porque no tengo quién lleve mis tierras».
En esta situación hay muchos agricultores. Según los primeros cálculos de COAG, harán falta entre 10.000 y 15.000 incorporaciones de manera anual al sector agrario debido precisamente a la avanzada edad de los que lo sostienen. Sólo hay que darse una vuelta por la cooperativa que regenta Francisco Humanes en estos días de campaña de verdeo y la juventud brilla por su ausencia, un elevado número de agricultores que llegan son mayores de 60 años.
Enrique Lobato es uno de ellos. Tiene 62 años y lleva, dice, desde los 10 trabajando en el campo. Su familia cuenta con relevo generacional pero tiene claro que «hay trabajos en el campo que no se pueden hacer con más de 60 años, por ejemplo, una persona de 65 no puede estar montado en un banco cogiendo aceitunas o haciendo trabajos pesados». Este año, por ejemplo, la jornada se está prolongando. Este agricultor dice que duerme cuatro horas «porque hacemos guarderías en el campo ante los robos que se registran».
«El campo es mi vida»
Otros agricultores sí han decidido jubilarse pero siguen unidos al campo, con el objetivo siempre de sacar adelante la nueva cosecha. Es el caso de Antonio, 71 años, lleva cinco jubilado y dice que hace tres volvió a plantar olivos en una finca. «El campo es mi vida, ver una estaca crecer y echar aceitunas me hace feliz. No tengo hijos y mi sobrino ha hecho una carrera universitaria y tiene su trabajo en Madrid, pero no puedo hacer otra cosa que seguir trabajando en mis tierras».
José Manuel Catalán tiene 61 años y tres hijos «todos con carreras universitarias que no se van a dedicar al campo». Está en la cooperativa descargando un carro de aceitunas de la variedad manzanilla. «He estado 30 años a cargo de un negocio y he seguido llevando las tierras. El problema no es si habrá o no medidas para reducir la edad de jubilación, sino quién se hará cargo de las tierras cuando ya nos jubilemos». Además echa en falta que haya una buena formación en este sentido, que los jóvenes no lleguen al campo sin saber hacer nada y solo participan en la recogida de aceitunas.
La jubilación para la mayoría de los agricultores no puede ser el final de una etapa precisamente porque la mayoría no tiene quién lo sustituya. Este problema se une al de la falta de trabajadores para cubrir los puestos necesarios durante las distintas campañas. Y, además, apuntan algunos de los agricultores consultados «la pensión que nos queda es de 700 euros, ¿de verdad cree el Gobierno que con este dinero se puede vivir hoy en día?».
A su vez, hay que tener en cuenta el factor de la tradición. Por ejemplo, recogida de aceitunas en los pueblos ha sido siempre una actividad familiar, donde toda la familia cuenta, niños y mayores incluidos. Su arraigo al campo supera sin duda la edad de jubilación. Las campañas ayudan al mantenimiento de la familia del propietario de las explotaciones agrarias, incluso después de esta edad.
Es el caso de Francisco Manuel Fernández, ingeniero agrónomo, tiene su propio trabajo pero se encarga de las tierras familiares. Su padre, ya jubilado, sigue pendiente de la cosecha, de las nuevas estacas para que no les falte el agua. Se da vueltas por el campo y echa una mano en la recogida de las aceitunas. No hace la jornada completa, sólo un rato de trabajo, le sirve de entretenimiento porque es lo que ha hecho toda la vida.
Como decía Antonio, «para mí el campo es salud, voy todos los días aunque solo sea para dar una vuelta».