Tomas García: «Vender aceite de oliva en España no es rentable, el valor se genera fuera»
Entrevista

Tomas García: «Vender aceite de oliva en España no es rentable, el valor se genera fuera»

El ingeniero agrónomo subraya subraya la necesidad de reequilibrar la cadena y de conseguir mecanismos de gestión de mercados para asegurar el futuro del campo

18/06/2019 Actualizado a las 11:15

El economista Tomás García Azcárate es uno de los mayores expertos en política europea y en mercados agrarios. Es, además, investigador del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC y presidente de la Asociación Española de Economía Agraria. Su curriculum incluye una amplia trayectoria profesional en Bruselas, siendo jefe de división de la Unidad de Aceite de Oliva y Horticultura, y participando activamente en la reforma de la PAC de 2003 y en la de la OCM de Frutas y Hortalizas.

-¿Cómo se puede dar estabilidad a los precios de los productos agrarios?
-Estamos en una economía abierta con una presión muy fuerte sobre la renta y con una gran volatilidad de los precios. Por lo tanto, el sector agrario se enfrenta a un escenario futuro de inestabilidad. Si no somos capaces de reequilibrar la cadena alimentaria, no se va a generar una renta digna por la venta de los productos que salen del campo. España ha dado importantes pasos en este sentido con la Ley de la Cadena Alimentaria. En base a la experiencia que nos dará varios años de funcionamiento, seguro que será posible revisarla y mejorarla. Pero, de cara al futuro, creo que se debería apostar por mecanismos de gestión de crisis. Se habla, por ejemplo ya, de la posibilidad de desarrollar algún tipo de fondo mutuo o de seguro de renta. En este sentido, la ministra española de Agricultura, Isabel García Tejerina, ha manifestado que los seguros de renta son una de las prioridades para los próximos años.

-¿Cómo funcionarían estos seguros de renta agraria?
-Sería un sistema de seguros al que los agricultores pudieran acogerse no sólo ante inclemencias meteorológicas como ahora, sino que incluiría otras variables como la venta de sus cosechas a precios muy bajos o ruinosos. Los estudios previos de Bruselas para la próxima reforma de la Política Agraria Común (PAC) post 2020 contemplan la posible utilización de una herramienta de este tipo. El meollo central de la cuestión agraria hoy está en el problema de los precios, habitualmente bajos, y las normativas de regulación del funcionamiento de la cadena agroalimentaria no acaban de ser las que cabría esperar.

-En el caso de precios altos, ¿Cómo afecta a la cadena el comportamiento alcista del mercado en productos como, por ejemplo, el aceite de oliva?
-Lo que está pasando en el aceite de oliva es la demostración perfecta de la perversidad del funcionamiento actual de la cadena alimentaria. Vender aceite de oliva en España no es rentable. El mercado español, a grosso modo, consume unas 500.000 toneladas. El nivel de deterioro de los precios y la enorme presión de la gran distribución es tal que se coloca el producto prácticamente sin margen. No olvidemos que España tiene ahora una producción media entorno al millón y medio de toneladas.

Aumento de las exportaciones

-¿Cómo han reaccionado las empresas del sector?
Desarrollando mercados donde sí se genera valor, es decir, vendiendo aceite fuera de España en detrimento del mercado interior. Estamos viendo cómo cuanto más aceite de oliva se exporta más ganan las empresas españolas. De hecho, los datos señalan que incluso este año las exportaciones de aceite siguen aumentando. Por tanto, aquellos liberócratas defensores acérrimos de la pureza de la competencia perfecta que no aceptan las medidas de organización de la oferta han hecho imposible que las empresas puedan ganar dinero vendiendo en España. Son ellos los responsables de que hoy el sector oleícola haya primando los mercados exteriores que son los que generan valor frente al mercado interior. Es decir, son los responsables de que el consumidor español hoy en día esté enfrentándose a precios de aceite de oliva que, sin duda, no son razonables.

-¿Qué frena el funcionamiento de herramientas de gestión de crisis que eviten los dientes de sierra?
-El delicado equilibrio actual entre las reglas de la PAC y de la Competencia debe ser revisado. Las crisis del sector lácteo y del aceite de oliva demuestran que son necesarios mecanismos de reequilibrio del mercado. No se trata de sustituir el orden por el caos, sino de permitir la emergencia de unos sectores organizados que puedan desarrollar una gestión privada. A nivel de mercado hace falta autorizar una gestión preventiva de la crisis. Por ejemplo, cuando por las previsiones de aforos se augura una producción de dos millones de toneladas de aceite de oliva y se prevé que los precios van a caer mucho, se puede perfectamente iniciar un almacenamiento privado. Pero la reglamentación actual comunitaria no permite la gestión preventiva de la crisis. Permite la gestión privada cuando la crisis ya ha sido declarada por la Comisión lo cual es un sinsentido económico. Para que se declare oficialmente una crisis, la unidad de mercado de la DG AGRI debe convencer a su jerarquía, luego al comisario y su gabinete, luego a otras direcciones generales como las de Presupuesto y Competencia, preparar un reglamento al respecto, discutirlo con los Estados miembros y traducirlo a 21 idiomas, para que finalmente se apruebe. En este transcurso, el incendio que se veía venir puede alcanzar dimensiones desastrosas. Que los sectores organizados estén autorizados a tomar medidas preventivas es uno de los grandes retos. Pero la resistencia cultural de algunos Estados miembros, alineados con el pensamiento liberócrata ilustrado, dificulta su activación.

-La mayoría de empresas agroalimentarias andaluzas tienen en la UE sus principales mercados. ¿Goza Europa de buena salud comercial o hay que mirar ya hacia otros destinos?
-Mirar a otros mercados siempre es útil y será cada vez más necesario. Globalmente, el mercado norte europeo es un mercado maduro, aunque todavía hay posibilidad de desarrollo y crecimiento en los nuevos Estados miembros. No obstante, tenemos que aprender de la crisis rusa. El 40% de las exportaciones europeas de frutas y hortalizas iban a Rusia y tras el veto las empresas se han lanzado a degüello a otros mercados, no solo dentro de la UE, sino en otros continentes como en el asiático. Esto es necesario, aunque hay que tener presente que cuanto más te alejas del mercado próximo más importante es que los productos que exportes sean de calidad y tengan valor añadido. En Europa tenemos una mano de obra más cara que en otros países, por lo que es lógico que nuestro futuro y especialización pase por productos de calidad con valor añadido, con imagen, con seguridad alimentaria y, en definitiva, con garantías. Todas las exigencias a la hora de producir alimentos de la estricta normativa europea son también instrumentos de diferenciación de nuestras producciones.

-El primer mercado de exportación de aceite de oliva es Estados Unidos. ¿Cómo ve el futuro del tratado de la UE con este país?
-Respecto al TTIP, soy alérgico a juzgar el contenido de un acuerdo sin conocer su contenido. Además, el acuerdo hoy no está escrito y habría que trabajar para que su contenido, si hay acuerdo al final, sea el mejor posible. Lo que toca ahora es estudiar sector por sector para ver dónde están las posibles ventajas y las previsibles complicaciones. Para frutas y hortalizas un acuerdo de apertura del mercado que no resuelva el tema de las exigencias higiénicas y sanitarias es poco útil. Respecto a las carnes, habría mayor facilidad para importar desde Estados Unidos pero desconocemos en qué condiciones, si serían carnes con calidad estándar americana o sin hormona. El diablo suele esconderse en el detalle, por lo que habrá que estar muy vigilantes.

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