
¿Por qué no hay trabajadores? La realidad silenciosa del campo andaluz
El sector agrario asegura que no podría asumir otra subida del Salario Mínimo Interprofesional. De forma paralela, la patronal lamenta que hay gente que prefiere cobrar el subsidio agrario a trabajar
En el campo hay una realidad silenciosa que rodea al empleo de la que se habla mucho a pie de finca, pero nada en foros ajenos al sector. Una realidad que sobrevuela las explotaciones y que engancha con la actualidad, ahora que se ha conocido que es más que probable que se suba una quinta vez el Salario Mínimo Interprofesional (SMI).
«No podemos afrontar otra subida del SMI. Se ha incrementado un 46,75% en el último lustro, y es inasumible para el empresario agrario en un año, además, especialmente difícil por la subida de costes, una PAC muy dañina y unas producciones bajísimas por la sequía», asegura tajante Eduardo Martín, secretario general de Asaja Sevilla.
Los efectos que una subida del SMI tendría en las explotaciones andaluzas choca con la otra ‘cara’, una «paradoja», reconocen desde Asaja, para la que no encuentran explicación y que está haciendo que muchos tengan que abandonar, incluso, cultivos: no hay trabajadores para el campo. «Es el principal problema al que se enfrentan ahora muchos agricultores, no hay gente para recolectar ni para sacar adelante las producciones», reconoce Martín.
Subsidio agrario
Pero, ¿cuál es el problema? Según detallan desde la patronal agraria, a la hora de buscar posibles empleados, hay mucha gente que no está dispuesta a renunciar al subsidio agrario (el antiguo PER). Actualmente, son 10 las jornadas reales (peonadas) que deben cotizarse en los doce meses naturales anteriores a la situación de desempleo.
«Desde Asaja no criticamos el subsidio agrario, es una herramienta muy útil y muy bien diseñada, un complemento a la renta», detalla el secretario general que, eso sí, dice que se hace «un mal uso de ella», lo que provoca que sean muchos los que prefieran estar cobrando el paro agrario que trabajar, a pesar de que el salario contemplado en los convenios colectivos del campo de todas las provincias andaluzas está ajustado al SMI.

«Algo está fallando en el sistema laboral», insiste Martín, que pide más control para que la herramienta que supone el subsidio «se use de manera correcta por los que son, de verdad, trabajadores agrarios».
Mientras, en el campo es casi imposible encontrar gente dispuesta a trabajar. En la provincia de Sevilla, por ejemplo, no se pueden traer contigentes de trabajadores de terceros países, por el teórico número de trabajadores agrarios. Sin embargo, hay épocas en las que hay «verdadera dificultad» para encontrar mano de obra, por lo que son muchos los que optan por reconvertir sus cultivos a otros más mecanizados y, por ende, con menos mano de obra.
Y esto sucede en una campaña en la que, detalla Martín, no está haciendo falta tanta mano de obra por los efectos de la sequía. Si fuese una campaña «normal», el problema sería incluso mayor.
Más costes
En cuanto a la subida del salario mínimo, desde Asaja insisten en que hará mucho daño al sector y «redundaría en una nueva subida del precio de los alimentos». Además, dejaría en «papel mojado» los acuerdos salariales suscritos en los convenios colectivos y ahondaría en la reducción de activos agrarios que ya se inició en 2018 a raíz de los anteriores incrementos del SMI. En concreto en 2022, último ejercicio del que se tienen datos cerrados, el empleo en el sector agrario descendió en España un 3,5%, hasta los 774.800 ocupados.
Andalucía, que es la comunidad autónoma con más ocupados en el sector (alrededor del 31% del total nacional), fue la que registró un mayor descenso, perdiendo más del 10% de sus ocupados agrarios
Además de la sequía, el campo andaluz padece un fuerte incremento de todos sus costes de producción. Junto a la fuerte subida de los costes salariales en los últimos cinco años, que el sector está aún digiriendo, el encarecimiento de fertilizantes, fitosanitarios, semillas, plásticos, gasoil y electricidad, entre otros insumos, ha provocado un aumento de los costes de producción superior al 35% en 2022, según datos de Eurostat.

En este contexto de mayores costes, menos producciones por la sequía (y en consecuencia menos ingresos) y menos ayudas por una PAC que castiga a Andalucía (menor compensación por pérdida de renta), cualquier nueva subida, por mínima que sea, «abocaría al sector a más cierres y abandonos, y a la postre, terminarán pagándolo los consumidores con un encarecimiento en la cesta de la compra», avisan desde Asaja.
De hecho, las consecutivas subidas del salario mínimo en los últimos años han provocado una reconversión «dramática» de algunos sectores que, no hace mucho, eran considerados «punteros», como el de la fruta de hueso.
Por ello, desde la organización agraria reclaman al Gobierno central que, si se sube el salario mínimo, «al menos» se apliquen medidas de reducción de los costes laborales para los empresarios agrarios, lo que sería una forma de amortiguar «la puntilla» para un año muy duro en el campo.