El ingrediente olvidado de los guisos de nuestras abuelas que ayuda a bajar el colesterol de forma natural
Las legumbre son ricas en fibra, vitaminas del grupo B, minerales como el hierro, el magnesio y el potasio, y con un bajo contenido en grasas
Las prisas, las jornadas interminables y la falta de tiempo ha cambiado por completo nuestra forma de alimentarnos. En este contexto, la industria alimentaria ha crecido de manera exponencial para dar respuesta a esta necesidad: comer rápido, fácil y sin complicaciones.
Sin embargo, en ese camino hacia la inmediatez hemos ido dejando atrás algo muy valioso. En consulta lo veo cada día: la mayoría de las personas apenas consumen legumbres. Y no es por falta de conocimiento, sino por falta de tiempo y, en muchos casos, de hábito: cocinar se ha convertido casi en algo secundario.
Hace años, nuestras madres y abuelas dedicaban más tiempo a elaborar guisos tradicionales, platos que requerían paciencia, pero que aportaban un enorme valor nutricional. Hoy en día, aunque estas costumbres no han desaparecido, sí se han reducido considerablemente.
Y cuando tenemos que prescindir de algo por falta de tiempo, suele ser precisamente de esos alimentos que más nos benefician: las maravillosas legumbres.
Beneficios nutricionales
Las legumbres son uno de los grupos de alimentos más completos desde el punto de vista nutricional.
Ricas en fibra, vitaminas del grupo B, minerales como el hierro, el magnesio y el potasio, y con un bajo contenido en grasas.
Su consumo regular se ha asociado con una mejora en los niveles de colesterol gracias a su contenido en fibra soluble, que ayuda a reducir el colesterol LDL.
Si tuviese que recomendar algunas en concreto, destacaría los garbanzos y la soja. Estas son especialmente interesantes ya que, a diferencia de lo que muchas veces se ha escuchado, sí contienen proteína completa, es decir, aporta todos los aminoácidos esenciales que nuestro cuerpo necesita.
Aunque es importante aclarar que, aunque muchas legumbres no tienen un perfil completo de aminoácidos por sí solas, combinándolas con otros alimentos como cereales (por ejemplo, lentejas con arroz) conseguimos proteínas de alta calidad.
Además de su impacto positivo en la sostenibilidad. Su producción genera menos emisiones contaminantes que la proteína animal y requiere menos recursos naturales.
Sin tiempo, pero con opciones
Es una realidad: a día de hoy, disponemos de menos tiempo. Pero eso no significa que tengamos que renunciar a comer bien. Consumir legumbres no siempre implica pasar horas en la cocina. Existen muchas formas prácticas, rápidas y accesibles de introducirlas a nuestra alimentación diaria:
● Legumbres cocidas en bote: una opción excelente, cómoda y saludable. Basta con enjuagarlas bien y listas para consumir.
● Guisos rápidos: podemos prepararlos partiendo de legumbres ya cocidas, reduciendo bastante el tiempo de elaboración.
● Pasta de legumbres: cada vez más presente en supermercados, es una alternativa ideal para quienes no disfrutan tanto de su sabor tradicional.
● Hummus y cremas: tanto para untar como para acompañar otros platos, fáciles de preparar y listas para consumir.
Además, existen legumbres que muchas personas no identifican como tal y que disponemos probablemente en el día a día: altramuces, cacahuetes, guisantes, edamame… Incorporarlas poco a poco no solo mejora la calidad de la dieta, sino que también aporta variedad y nuevas formas de disfrutar de este grupo de alimentos.
El valor de las cocinas de las abuelas
La alimentación no es solo el acto de llevarnos la comida a la boca. Empieza mucho antes: en la elección de los ingredientes, en la planificación, en el tiempo que dedicamos en la cocina.
En la medida de lo posible, es importante intentar encontrar ese momento para reconectar con la cocina. No se trata de hacerlo perfecto ni de dedicar horas todos los días,sino de recuperar ese vínculo con la comida real.
Piensa en aquellos años en los que tu madre o tu abuela preparaban ese guiso tan especial. No solo era alimento: eran recuerdos, momentos compartidos, cuidado… Ese tipo de experiencias también forman parte de nuestra salud.
No se trata de volver al pasado, sino de intentar no perder lo esencial. En esos pequeños gestos cotidianos es donde realmente se construye una alimentación más consciente, más saludable y más humana.