Ni el precio ni la marca: el truco visual para saber si un jamón ibérico va a salir bueno antes de comprarlo
Si hay un protagonista en las mesas navideñas, es un buen jamón, por eso es tan importante llevarse a casa la pieza perfecta
Si hay un imprescindible en las mesas navideñas es un buen plato de jamón. Símbolo de nuestra gastronomía, suele apetecer a todos. No hay picoteo más saludable y apetitoso.
Sin embargo, precisamente por eso, porque todos lo querrán probar, hay que tener cuidado a la hora de elegirlo. Un buen jamón o, por el contrario, uno más ‘regular’, puede cambiar el rumbo de nuestras navidades.
Más allá del color de las etiquetas que, para los más despistados, indican calidad, raza y alimentación del cerdo, hay varios trucos que pueden aplicarse para no equivocarse a la hora de elegir la pieza perfecta.
En Cortegana ibéricos, una empresa onubense especializada en productos procedentes del cerdo ibérico, dan algunas claves:
- Lo primero en lo que hay que fijarse es el estado de las uñas, la forma de la pata y el tacto del jamón. «Si la pieza es alargada y muy estilizada, sobre todo en la caña, esto es sinónimo de calidad», aseguran. Además, si al apretar con los dedos, se clavan, o se ponen aceitosos al desplazarlos, «son señales de un buen jamón».
- Las pintas blancas presentes en el jamón no son decisivas. Como explican desde Cortegana, tan solo indican la presencia de tirosina, un aminoácido que muestra un bajo nivel de salazón. «No es sinónimo de calidad, pero tampoco de que el jamón sea peor. Hay piezas con tirosina de calidad excepcional y jamones muy malos que también la tienen», resumen.
Jamón amparado por la DOP Jabugo / DOP Jabugo
Por otra parte, desmienten la idea de que «hay una pata mejor que otra». «No es real que los cerdos pasen más tiempo recostados sobre un lado que sobre otro, cuando descansan lo hacen en posición frontal, para levantarse más rápido en caso de amenaza», revelan.
Con estas claves, es más fácil elegir el jamón ibérico que protagonizará tus menús navideños. Luego está la elección entre cortarlo a mano, en casa, comprarlo ya cortado o loncheado a máquina. En todos los casos, el sabor es el mismo, tan solo varía la textura, que suele ser más lisa cuando está envasado al vacío.