El gran riesgo, según la OMS, de sustituir los productos lácteos por las nuevas ‘leches vegetales’
El veterinario y escritor Juan Pascual recuerda la importancia de introducir carne, lácteos y pescados en la dieta
Una parte importante de la población europea ya sufre, o corre el riesgo de sufrir, deficiencia de yodo debido a los cambios que se han ido introduciendo en la dieta en las últimas décadas, especialmente por el abandono del consumo de productos lácteos en favor de alterativas de origen vegetal.
«Los niños en Europa toman menos leche (los holandeses, el país más alto del mundo está perdiendo altura por ese mismo motivo) y sin leche no hay yodo. Las mal llamadas ‘leches vegetales’ no tienen yodo, o no es absorbible», advierte el veterinario y escritor Juan Pascual al respecto.
Según un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud Europa(OMS) y la Red Mundial de Yodo (IGN), la creciente popularidad y disponibilidad de alternativas de origen vegetal a las principales fuentes de yodo, como la leche, los productos lácteos y el pescado, está contribuyendo a la ingesta persistente y creciente de yodo insuficiente en la Región Europea de la OMS.
Esto aumenta los riesgos para la salud de las personas, especialmente para las mujeres durante el embarazo que tienen mayores necesidades de yodo.
Cabe recordar que la leche y los productos lácteos son fuentes importantes de yodo en muchos países de Europa occidental y central, especialmente para los niños. De hecho, muchos piensos y suplementos para animales están enriquecidos con yodo para mejorar la salud de los animales de granja y la producción de leche. Sin embargo, el consumo de productos lácteos está disminuyendo entre adolescentes y adultos, lo que aumenta su riesgo de deficiencia de yodo.
«Está claro es que cada vez son más voces -OMS incluida- que subrayan la necesidad de incluir en la dieta leche, carne, huevos y pescado. Ahora es el yodo, pero recientemente fueron los productos animales para los niños», reitera Pascual.
Sal yodada
La yodación de la sal sigue siendo la principal estrategia para garantizar una ingesta adecuada de yodo en la Región, pero también se ve afectada por los cambios en la dieta y el estilo de vida. Los alimentos producidos o cocinados fuera de casa, como el pan, las carnes procesadas o las comidas preparadas, son ahora las principales fuentes de sal en la dieta occidental, representando entre el 70 y el 80% del total. Sin embargo, estudios de mercado recientes revelaron que solo el 9% de la sal en los productos alimenticios procesados en Alemania y el 34% en Suiza estaba yodada. En 24 países con yodación voluntaria o nula, los alimentos de consumo común a menudo se producen con sal no yodada.