A vueltas con el seguro
«El seguro agrario en cualquiera de sus líneas, lejos de contabilizarse como un gasto en la cuenta de explotación debe contabilizarse como una inversión a corto plazo»
La otoñada ya está encima y aún no ha empezado a salir el empollo. Las cunetas de la sierra se van tiñendo levemente de verde, de un verde claro, pajizo, que nos da una idea de lo que puede ser, pero aún no es. Pero este verde, visto desde un satélite y usando los programas de análisis de datos cartográficos y cromográficos, tiene su utilidad, bueno, para nosotros no, para los técnicos de Agroseguro que determinan en qué zonas hay superficie pastable y en cuáles no, y por tanto, indemnizables, en el caso de que el ganadero hubiera contratado el seguro de sequía en pastos.
Con este preámbulo inicio una pequeña reflexión sobre la importancia que tienen los seguros agrarios en ganadería y, sobre todo, para la ganadería extensiva. Y las líneas de seguros bonificados.
Finalidad de los seguros agrarios
El sistema español de seguros agrarios es un complejo sistema entre lo público y privado y que tiene como fin proteger las explotaciones ganaderas (en nuestro caso) de las adversidades climáticas y catástrofes naturales.
En ganadería extensiva existe una línea de seguro bonificado que establece un nivel de pastos asegurado, con lo cual el ganadero tendría las espaldas cubiertas.
Por un lado, se asegura la alimentación de su ganado, ya que si no cubre el nivel de pastos asegurado debería percibir indemnizaciones compensatorias que hagan paliar esa pérdida de pastos, y por otro lado, se establecen mecanismo de seguridad que ante adversidades climáticas su cuenta de explotación no mermaría.
Esta es la filosofía de esta línea de seguro de pérdida de pastos como consecuencia de condiciones climáticas adversas. El problema viene en el método de determinación del índice de vegetación en las distintas zonas en las que se divide el territorio nacional, basado en la comparación de las imágenes obtenidas por el satélite utilizado y en la comparación con los años de referencia.
Hasta aquí todo parece estar claro, pero el problema empieza en la interpretación de los datos, que se realiza con un complejo programa que determina mediante el análisis cromatográfico de los datos enviado por el satélite, y la comparativa con los años de referencia.
Agroseguro asegura que no había sequía
Y ahora empieza lo bueno y ocurre en un año como el que estamos padeciendo, en el que apenas ha llovido, con una otoñada muy seca sin precipitaciones y con una declaración de sequía por parte del Ministerio y a nivel de Andalucía la Consejería de Agricultura hizo lo propio.
Agroseguro asegura que en la mayoría de las zonas de Andalucía no había sequía y, por tanto, no aparecían decenas indemnizables, provocando así el cabreo monumental del ganadero que ve como una vez más se le ningunea hasta el punto de que, además de tener que pagar el coste del seguro, tiene que volver a meter la mano en su bolsillo para poder comprar alimento para su ganado.
En este marco, la respuesta de Agroseguro es que el índice de vegetación era superior al de referencia basado en la interpretación de las imágenes del satélite.
Comienza a salir el empollo
Si algún lector ha pasado estos días por la Sierra Norte de Sevilla, habrá visto como las cunetas se tiñen de verde como los posíos y barbechos empiezan a verdeguear, como se dice por estos lares. Está saliendo el empollo, pero si paramos el coche y bajamos para verlo sobre el terreno podremos comprobar que ese verdor corresponde a una incipiente hierba dispersa de apenas unos milímetros que no sirve para alimentar a ganado alguno, ni tan siquiera caprinos y ovinos que son las especies que más corto pastorean, del vacuno, por supuesto, ni hablamos.
El seguro agrario en cualquiera de sus líneas, lejos de contabilizarse como un gasto en la cuenta de explotación debe contabilizarse como una inversión a corto plazo, invertimos en tranquilidad y en tener las espaldas cubiertas ante las inclemencias y catástrofes climáticas, que en el caso de la ganadería extensiva ligada a la producción herbácea natural debería ser una obligación. Siempre que se cumplan las reglas del juego y estas reglas estén claras en el momento de la firma y aceptación de la póliza.
¿Sería tan difícil plantear las bases de medición de una forma clara donde usando un lenguaje fácilmente entendible se plasmarán todos y cada uno de los condicionantes que se establecen en la póliza, dónde se estableciera el sistema de medición y si fuera el caso los sistemas de corroboración de los datos in situ? Porque, ¿quién dice que estos súper programas de interpretación de datos no puedan cometer errores?
Como fin a mi reflexión, quiero dejar claro que con la contratación del seguro no se pretende ganar dinero, simple y llanamente se pretende ganar en tranquilidad y cubrir los daños que las catástrofes climáticas pueden causar a nuestra explotación ganadera y, por ende, a nuestro ganado, en el caso de la línea de compensación por pérdida de pastos.