A vueltas con el veterinario de explotación
«Lejos de polemizar, lo importante sería valorar qué va a aportar esta nueva figura a la gestión diaria de cada explotación»
Parece un poco ilógico dejar en manos del ganadero que sea él quien decida la aplicación del Veterinario de Explotación, sin haber dado elementos de juicio para que pueda tomar una decisión. Y peor aún, que esta figura se utilice como elemento de cambio en la negociación con las organizaciones agrarias para asegurar una paz en el campo después de las tractoradas de invierno.
La figura del veterinario de explotación está recogida en el RD 364/2023 de 16 de mayo y en Reglamento (UE) 2016/429 del Parlamento Europeo y del Consejo, donde se establece la obligatoriedad al titular de explotación ganadera de contar con un facultativo veterinario que preste su apoyo al titular de la explotación mediante el desarrollo de un plan sanitario específico, supervisar su cumplimiento y realizar programas en materia de bioseguridad y bienestar animal al margen de asesorar y asistir al ganadero. Este Reglamento comunitario es de obligado cumplimiento en todos los estados miembros.
Por último, el veterinario forma una parte importante del concepto One Health, (una sola salud) donde integran la salud humana, salud animal y la salud ambiental. Tampoco podemos obviar que es una figura clave en el diseño del plan integral de cada explotación así como poner en práctica medidas para establecer un uso racional de antibióticos y reducir las resistencias microbianas a los antibióticos (PRAN).
Lejos de polemizar sobre la figura del veterinario de explotación; y de como va a ser su aplicación; voluntaria (como ha decidido nuestro Ministro), u obligatoria como establece la normativa europea; lejos de ver quien tiene que pagar su coste, si es el ganadero o la cooperativa o la fábrica de piensos o las integradoras; lejos de ver la duplicidad de funciones y la carga burocrática si las hubiera con los veterinarios de ADSG (que para el lector no familiarizado con las siglas corresponden a Asociación de Defensa Sanitaria Ganadera) que incluso puede ser el mismo, lo importante sería valorar qué va a aportar esta nueva figura a la gestión diaria de cada explotación y por ende a su mejora tanto en productividad como en rentabilidad, además de valorar su aportación en el bienestar animal, optimización de medidas de bioseguridad e implantación de los planes de reducción del uso de antibióticos.
Una mala decisión
A mi juicio, y puede parecer un poco sesgado, por mi condición de veterinario, dedicado a la ganadería extensiva y principalmente al sector de pequeños rumiantes (ovino-caprino), creo que ha sido una muy mala decisión. El sector pierde una figura clave en su organigrama sanitario y productivo.
El Veterinario de Explotación es nada más y nada menos que el veterinario de cabecera del ganadero, su mayor aliado para llevar a buen puerto las explotaciones, su aliado técnico que será el encargado de aunar los criterios de los distintos profesionales que a diario visitan las explotaciones y que van desde el veterinario oficial, para efectuar inspecciones de movimientos, controles sanitarios, de identificación etc., pasando por el propio veterinario de ADSG, que en sus funciones tienen encomendadas la ejecución de los programas sanitarios oficiales para el control y/o erradicación de enfermedades, los veterinarios de las integradoras que velan por el estado sanitarios de sus inversiones (en un sistema de integración por lo general, el ganadero actúa como un trabajador de la integradora, quien proporciona los animales, establece la sanidad y programa vacunales de los animales objeto de integración, suministra el alimento y finalmente facilita la comercialización). Los veterinarios de los laboratorios o de las empresas comercializadoras de medicamentos y correctores alimenticios quienes tratan de «ayudar» al ganadero.
Pues bien, en toda esta amalgama de «Servicios Veterinarios» se creó la figura del Veterinario de Explotación, que aparece recogido tanto en la legislación comunitaria, nacional o autonómica y que para no ser pesado obviaré desgranarla.
El Veterinario de Explotación es el encargado de canalizar todas las aportaciones de los distintos actores y dirigirlas para conseguir mejoras en materias de sanidad animal, bienestar animal y mejoras en materia de producción animal (planificación reproductiva, aplicación de nuevas tecnologías, uso de nuevas líneas genéticas mejorantes, etc.) que, en definitiva, se traduce en hacer más seguras, desde el punto de vista sanitario y más eficaces, desde el punto de vista de la optimización de recursos lo que hace que la explotación ganadera sea más rentable.
Sin olvidarnos de que su visión global de la explotación a la que debería conocer a la perfección hace que ante un problema surgido en una especie ganadera de las que se explotan en dicha ganadería no salte al resto y mucho menos a la cadena alimentaria. Y quizás la función más importante sea esa labor didáctica y de acompañamiento al ganadero para poder cumplir con todos los requisitos que ante una sociedad cada vez más normalizada, nos imponen y que luego serán objeto de inspección y sanción si se observan desviaciones del cumplimento de todas y cada una de las normas que existen en materia de sanidad, bioseguridad o producción animal.
Una figura necesaria y beneficiosa
Con todos estos elementos de juicio, puestos en el fiel de la balanza, con la vista puesta en la rentabilidad de nuestras explotaciones sin obviar la sanidad animal, quien nuestro Ministro dijo «….sin andar ni un milímetro atrás en materia de sanidad animal» sí que se puede decidir la utilidad o no de esta figura, que a mi juicio la veo como necesaria y beneficiosa, aunque algunas organizaciones agrarias que han aceptado la propuesta solo vean una carga burocrática más y un coste a añadir a la larga lista de ellos, que como siempre, tiene que soportar el ganadero; pero sin embargo se tragan y dan por buena otra medida que afecta mucho al sector como es el nuevo decreto de identificación animal, pero de esto hablaremos en otro artículo próximamente.
Mal acuerdo, y sobre todo, usando la sanidad de nuestras explotaciones y la figura del veterinario de explotación como moneda de cambio, agravio comparativo con otros países donde este profesional está implementado y consiguiendo éxitos sanitarios, productivos y quizás lo más importante, asesorando al ganadero para cambiar hábitos. Quizás el tiempo de la razón y como decía el poeta británico Alexander Pope: «Errar es humano, perdonar es divino y rectificar es de sabios…» pero mantenerse en el error a sabiendas, es de necios.