Burbuja política
«Veo y vivo las condiciones que deberían hacer que esta campaña citrícola fuese razonablemente bien y, sin embargo, constato que la realidad del campo es una y el resultado final es, o va a ser, otro»
Me preguntaban el otro día sobre el futuro de la Política Agraria Común (PAC), tarea nada fácil de contestar, más aún cuando estás inmerso en tu día a día que es lo que te debe ocupar, y te ocupa. Cada día cuesta más dedicarse a tu realidad, ya que más que nunca está sujeta a una serie de factores que han ido apareciendo para quedarse y hacen que tu esfuerzo, talento (si lo hay) e ilusión (que no falte) tengas que compartirlos para manejar un entorno cada vez más invasivo y hostil.
Veo y vivo las condiciones que deberían hacer que esta campaña citrícola fuese razonablemente bien y, sin embargo, constato que la realidad del campo es una y el resultado final es o va a ser otro. Me pregunto por qué año tras año, siempre sucede lo mismo, con sus peculiaridades, pero al final nada responde a criterios lógicos de mercado.
La explicación más inmediata es que hay exceso de oferta, «aunque falten naranjas siempre sobran», ya que estamos en un mercado global donde competimos con mercados exteriores que la Unión Europea permite que sean más competitivos (no exigiéndoles los mismos requisitos sociales, de seguridad alimentaria ni medioambientales principalmente, que a nosotros).
Pero esto es lo de siempre y, como le digo a mis hijos: «a llorar a Los Paules». Ya tenemos bastantes excusas, que no por repetidas dejan de ser menos ciertas, pero que siempre van a estar ahí y tendremos que convivir coyunturalmente con ellas.
Burbuja de precios
En este momento estamos en una burbuja de precios en campo que difícilmente se van a poder cumplir ya que el mercado final va por otro camino. Así, hay que ir subiendo para buscar la causa del problema estructural del sector y del campo en general.
Aquí es donde vuelvo a pensar para tratar de responder a la pregunta que me hacían. Pongo en perspectiva la PAC, su importancia y objetivos en origen, a saber: Incrementar la productividad agraria garantizando la máxima seguridad alimentaria posible, mejorando el nivel de vida y la fijación de la población rural, estabilizando los mercados y siempre con la premisa de obtener unos precios más que razonables para el consumidor.
Pues bien, algo de esto se ha logrado indudablemente, pero ha sido a costa del margen del producto, principalmente en lo que concierne al productor. En efecto, el consumidor tiene de todo y a un precio más que razonable, pero cuyo valor añadido no termina de llegar al agricultor.
Teniendo la agricultura la importancia estratégica que se le presupone y de la cual la PAC es su máximo exponente político, nos percatamos estos días más que nunca que las motivaciones fundacionales allá por los 60, parece que se disipan con el paso del tiempo.
Fondos europeos para el sector
Digo esto porque en julio pasado y tras una situación de excepcionalidad manifiesta, se pactó el Marco Financiero Plurianual para el periodo 2021 al 2027, donde se incluyen los fondos destinados a la PAC, y también se ha aprobado de forma extraordinaria el Fondo de Recuperación y Resiliencia (lo que me suena a curso de autoayuda).
Pues bien, de los 140.000 millones de euros tan cacareados estos días en los medios que se van a destinar a nuestro país, unos 72.000 millones son subvenciones y el resto hay que devolverlos. En octubre se presentó el Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia, según el cual se destinarán esas ayudas en base a cuatro ejes de la estrategia del Gobierno de política económica, a saber, la transición ecológica, la transformación digital, la igualdad de género y la cohesión territorial.
Como todo esto está supeditado al fin último de incentivar la recuperación económica, en la que la agricultura tiene un peso fundamental en nuestro país, siendo uno de los sectores que más esfuerzos ha realizado durante la pandemia, hacía que fuésemos optimistas en cuanto a los recursos que se destinarán finalmente al sector.
Y es aquí en el desarrollo del Ejecutivo de Sánchez de los diez ejes (cada uno con su asignación económica) en los que se basan las políticas destinadas a esta recuperación, donde sólo encontramos uno que puede ser compatible con nuestro sector, la «Agenda urbana y rural, lucha contra la despoblación y el desarrollo de la agricultura».
Pues bien, a este eje le corresponden el 16% de los recursos de ayudas directas que no hay que devolver a Bruselas. Pero si seguimos indagando vemos que de esos 11.520 millones de euros, el Ministerio de Agricultura sólo gestionará 307 millones, esto es el 0.4% del total del presupuesto del plan presentado por el Gobierno. Esto por lo que respecta a nivel interno, ya que a nivel europeo el distanciamiento de la PAC de la realidad del agricultor es cada día más lacerante, con la influencia de lobbies que defienden intereses contrapuestos a los de los agricultores y que hacen que cada vez sea más complicado ser simplemente agricultor.
Esto es un breve resumen de la complejidad que supone cualquier actuación política sobre la economía real y que, tal y como en otras tantas ocasiones hemos comprobado, finalmente no consiguen su objetivo.
Con esto ya tenemos un dato que mide la importancia y relevancia que dan nuestros políticos a nuestro sector.
Renta digna y justa
Si bien es cierto que hay fondos destinados a ayudas que pueden tocar al sector de refilón, lo cierto y verdad es que las oportunidades para que el productor obtenga una renta digna y justa que aseguren su continuidad pasan delante de nuestras narices, sabiendo que éste es el problema real del sector, oportunidad para que, como siempre digo, sigamos teniendo ganas de tener ganas y que no nos las quiten.
Sin esta base todo lo demás sobra, sin un futuro cierto para el agricultor, tener explotaciones más y más tecnificadas, más y más verdes, más y más y más igualitarias, con territorios más y más cohesionados, sin duda será un gran logro, pero no tendremos agricultores que las gestionen.
Hemos vivido varias burbujas que han ido explotando a lo largo de las últimas décadas, dejándonos mojados pero no escarmentados, la de materias primas, la financiera, la de las punto com, la inmobiliaria… Pero siempre he pensado que ha habido una permanente que no termina de pincharse, que es la burbuja política.
Para mí ésta es la peor y más peligrosa, ya que está siempre ahí y es el origen de muchos males para nuestra sociedad y sector en particular. Cuando las sociedades crean un Sistema socio-económico y político para gestionar su convivencia, cabe esperar que éste mejore su forma de vida, no que pase a supeditar a los arbitrios, prebendas y mala gestión de sus políticos.