Otra campaña turbulenta para la sandía
«Los precios desorbitados para los consumidores, los elevados costes de producción, las inclemencias meteorológicas que han reducido la producción, o el flujo incesante de robos en las explotaciones han mermado todas las expectativas puestas en la recta final de la campaña»
La sandía, que todos los años adquiere cierto protagonismo al convertirse en una de las frutas favoritas para combatir el calor del verano, esta temporada no ha sido menos. Pero en esta ocasión, debido a los diferentes incidentes que están marcando su campaña.
Los precios desorbitados para los consumidores, los elevados costes de producción, las inclemencias meteorológicas que han reducido la producción, o el flujo incesante de robos en las explotaciones han mermado todas las expectativas que habían puesto los agricultores en la recta final de la campaña hortícola en Almería.
Las buenas sensaciones que se reflejaban a principio de campaña se han ido desvaneciendo paulatinamente, a medida que avanzaba. La calima, que coincidió con el momento de la polinización y que provocó un descenso en la producción de sandía temprana y bajo cubierta en más de un 40%, desencadenó que la ley de oferta y demanda que marcan los mercados elevara el precio al consumidor.
Las cuentas no salen en el campo
De esta forma, comenzaba así una escalada en las cotizaciones, que ha hecho prácticamente inviable para una parte de los consumidores adquirir sandías esta temporada. Además, esto ha propiciado que la inversión hecha por los agricultores no se viera recompensada en su justa medida, debido a que la merma de producción ha hecho que las cuentas no salieran tampoco para el productor.
El avance de la campaña no ha mejorado, los costes para el productor seguían subiendo y los precios para el consumidor a su vez. Asimismo, esta escalada de precios al consumidor ha desencadenado una oleada de robos sin precedentes en la campaña de sandía al aire libre. En cierta medida, los agricultores están acostumbrados a sufrir saqueos en sus explotaciones tanto de productos como de útiles, herramientas, abonos etc. Pero en esta ocasión no han tenido precedentes.
Volatilidad de los mercados
La sandía que está a punto de finalizar su campaña en nuestra provincia ha visto un descenso en la superficie cultivada en más de un 6%, una reducción en la producción de un 41%, y un precio medio de 60 céntimos de euro. Estas cifran distan mucho de las llamadas «sandías de oro» que se han convertido en fruta prohibida para muchos hogares y que ponen de manifiesto la volatilidad de los mercados de productos frescos, la especulación existente y la vulnerabilidad del productor en la cadena alimentaria.
Es habitual pensar que el motivo por el que el producto está caro en el supermercado es porque el productor lo cobra caro, y así debería de ser. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta afirmación. Podría serlo si el agricultor pusiera un precio al producto que cultiva y si el precio del producto se formase del productor al consumidor, no al revés (que es como ocurre). De ser así, posiblemente el agricultor esta campaña habría cobrado un 50% más por su producto y el consumidor habría pagado un 50% menos.
Y si no fuera suficiente todo lo acontecido, aprovechando la ocasión, han intervenido nuevos actores que dicen venir «a la defensa del consumidor», proporcionando un producto más barato a todos aquellos que no pueden pagar las «sandías de oro».
En esta tesitura, no estaría de más conocer la trazabilidad de estos productos y exigirles a esos «puestos de venta» la factura de compra, el registro sanitario, el carné de manipulador de alimentos o los certificados de calidad…, documentos que se le exigen a un agricultor cuando decide poner a la venta el producto, que él sí ha producido.