El desperdicio alimentario y su dimensión medio ambiental y económica
«Tan malo es comprar por encima de nuestro consumo, como producir más de lo que se necesita»
Producir más con menos, puede ser una de las mejores definiciones del concepto de «sostenibilidad» y, desde luego, la que dice más con menos palabras. Aplicable al suelo, al agua, a la energía, a los fertilizantes , agroquímicos, etc. El crecimiento de la población mundial exige incrementar la productividad para poder satisfacer las necesidades alimenticias también crecientes, sin embargo, en contadas ocasiones se maneja el dato del Desperdicio Alimentario anual a nivel mundial y lo que supondría reducirlo al cincuenta por ciento per cápita, según el objetivo del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas.
Solo en España, utilizando datos del Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación, en 2022 se desperdiciaron 1.202 millones de kilogramos y litros de alimentos, en más de 12 millones y medio de hogares y con una media semanal de más de 23 millones de kilogramos. Trasladado a cada persona, supone 28 kg por persona y año, y un coste asociado de 250 €/persona.
Es un contra sentido, y es que con el desperdicio alimentario se produce un daño al medio ambiente y se va en contra de la economía familiar. De una manera somera, intentaré hacer algunos comentarios de esta situación de la que todos participamos y de la que ninguno estamos de acuerdo, curiosamente.
Tan malo es comprar por encima de nuestro consumo, como producir más de lo que se necesita y es que ambas situaciones conducen a un uso desequilibrado de los recursos disponibles y a la utilización innecesaria de ciertos medios de producción que podrían ahorrarse, y que tienen consecuencias desfavorables porque contaminan algunos de ellos.

Actual nivel de desperdicio
Se considera que el actual nivel de desperdicio puede suponer entre el 8 y el 10 por ciento de las emisiones de gases con efecto invernadero(GEI). La mecanización utilizada para producir, la manipulación de los productos, el transporte y almacenamiento, etc., la propia eliminación de los residuos, produce efectos acumulativos perjudiciales cuando no pueden reciclarse o reutilizarse.
El impacto económico asociado es igualmente contundente. En primer lugar ,supone ignorar o menospreciar el trabajo realizado por toda la cadena agropecuaria, agricultores y ganaderos al frente, y al valor de la producción obtenida. Los costes de producción se ven incrementados ficticiamente, al utilizar inputs que podrían haberse ahorrado porque han servido solo para la obtención de alimentos que van a ir a la basura.
Según la FAO de Naciones Unidas, dependiendo del tipo de dieta, se necesitan 3.000 litros de agua para producir los alimentos que una persona necesita diariamente. Los 28 Kg/persona y año que se desperdician en España anualmente, pueden suponer el desperdicio de 230 litros de agua cada día. Es solo un ejemplo para uno de los recursos más importantes que necesitamos.
Planificar con responsabilidad
Nadie puede comprender los binomios ‘desperdicio alimentario y falta de alimentos’, ‘desperdicio alimentario y daños al medio ambiente’ o ‘desperdicio alimentario y mayores precios y costes de producción’, sin embargo todos colaboramos de una manera u otra a que existan. Si es así, seamos congruentes ante este problema y prediquemos con el ejemplo adoptando actitudes positivas. Produzcamos y consumemos de una manera sostenible, planificando y comprando con responsabilidad. Es una de las mejores y más directas formas de ayudar al medio ambiente y a la economía familiar. Todos saldremos beneficiados.