El desperdicio alimentario y su dimensión social
«Prestar atención a la forma de abastecernos, equilibrar la diversidad de productos y las cantidades compradas con el consumo, son acciones que los ciudadanos debemos exigirnos»
En el año 2026, vivirán en el planeta 8.000 millones de personas. El crecimiento neto de la población es de casi 60 millones por año, equivalente a la población de un país algo mayor que España, y en 2050 se llegará a 10.000 millones. India ya supera a China, y entre los dos representan el 35 por ciento, en el continente africano hay países muy poblados como Nigeria con 225 millones, Etiopía con 127 millones, Congo con 103 millones.
El crecimiento lineal de la población exige un aumento de la producción de alimentos para satisfacer una necesidad creciente y, sin embargo, los recursos centrados en la superficie disponible, el agua y la energía, fundamentalmente, son limitados.
La intensificación de la productividad necesaria conlleva efectos negativos asociados no deseables como incrementos de las emisiones, del uso de fertilizantes, agroquímicos, contaminación y esquilmación de las tierras o pérdidas de biodiversidad entre otros.
Datos alarmantes
Por otra parte, se conocen datos alarmantes: 828 millones de personas, casi el 10 por ciento de la población mundial, pasa hambre, según un informe de las Naciones Unidas, lo que demuestra que nos estamos alejando del objetivo establecido de acabar en 2030 con esta lacra.
En efecto, en el informe mencionado han trabajado la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial de Alimentos(PMA) y el Fondo de la Naciones Unidas para las Infancia(UNICEF), y sirve para dibujar un escenario bastante pesimista. Se está produciendo una escalada porcentual del hambre en el mundo, 8 por ciento de la población en 2019, 9,3 por ciento en 2020, 9,8 por ciento en 2021.
Un grave problema
Se trata de un conglomerado de datos estadísticos proporcionados por estos cinco organismos tan solventes como conocidos, y que marcan una línea negativa en la evolución de este grave problema . Para cerrar este escenario tan lamentable, se calcula que 45 millones de niños menores de 5 años, sufren emanciación, que es el nivel de desnutrición más severo y que multiplica por doce el riesgo de muerte respecto a un niño bien alimentado.
La necesaria mayor producción de alimentos en la actualidad se ve dificultada por la guerra de Ucrania, que está ocasionando problemas de suministro de ciertas materias primas alimentarias y de medios de producción, que se unen al con el encarecimiento correspondiente, fenómenos e irregularidades climáticas.
Hay un pronunciamiento común de los cinco organismos anteriores sobre que «la cuestión no es si las adversidades seguirán produciéndose, sino que hay que adoptar medidas audaces para crear resiliencia ante ellas».
Y ante este escenario, la situación contradictoria del desperdicio alimentario y la falta de alimento ocasiona un gran impacto social . Con datos de 2019, el 17 por ciento de la producción alimentaria mundial equivalente a 931 millones de toneladas se desperdiciaron. En España fueron 1,2 millones de toneladas en 2022, según datos del Ministerio de Agricultura, que equivalen a 28 Kg/persona y año y un coste asociado de 250€/persona.
Cambio de hábitos
Variar nuestros hábitos, prestar atención a la forma de abastecernos, equilibrar la diversidad de productos y las cantidades compradas con el consumo, son acciones que los ciudadanos debemos exigirnos. El desperdicio causado dentro y fuera de casa, supone el 80 por ciento del total. Estrategias particulares combinadas con acciones de carácter estatal ayudarán a controlar y corregir el problema permitiendo llevar alimentos donde más se necesitan, sin necesidad de incrementar la producción.