Con el enemigo en casa
«Hemos apostado por la innovación de variedades para ser más competitivos, pero no podemos serlo si en un mercado globalizado las reglas del juego no son las mismas para todos»
Los primeros frutos rojos de la campaña 2022-2023 ya están a la venta. No obstante, se trata de partidas muy reducidas todavía, pues hasta más inmersos en la campaña no se recolectarán las variedades más tempranas con cierto volumen, cuyo destino comercial serán tanto el mercado nacional como internacional.
La provincia de Huelva, principal productora de frutos rojos a nivel nacional, está inmersa en una nueva campaña de fresas, arándanos, frambuesas y moras, y las cooperativas del sector auguramos un desarrollo no falto de complicaciones.
A la cada vez más acuciante necesidad de garantizar mano de obra suficiente para el normal desarrollo de la campaña se añade la incertidumbre por la posible afección de la sequía y por el aumento de los costes de producción. A esto se suma que, año tras año, las producciones de frutos rojos de Huelva encuentran más competencia en los mercados europeos procedentes de productores terceros como Marruecos, Turquía, Perú y Chile. Países que no están obligados a cumplir la estricta normativa laboral, ambiental y fitosanitaria que se exige a los agricultores onubenses, por lo que pueden comercializar su producto más barato que el nuestro.
Especialmente sangrante es el caso de Marruecos. El incremento desmedido de la producción de frambuesas que el Reino alauita envía a la Unión Europea durante diciembre, enero y febrero impacta directamente en la cotización de la frambuesa de otoño de Huelva en los mercados europeos y, por tanto, en la economía de las cooperativas onubenses.
Según últimos datos disponibles aportados por el Ministerio de Agricultura, Marruecos exportó 89.000 toneladas de frutos rojos en la campaña 2019-2020 frente a las 73.000 toneladas de la temporada anterior, lo que supone un aumento del 22%. Además, en la campaña 2021-2022, el valor de la exportación de frambuesas desde Rabat a Europa en el periodo de octubre 2021 hasta enero de 2022 ha subido un 58% con respecto a la media de campañas anteriores, frente a un incremento de la exportación de frambuesa española en este periodo del 38%; es decir, que se encuentran 20 puntos por encima en dichos meses.
Las consecuencias
Las consecuencias de este boom productivo marroquí, en donde hasta hace relativamente poco no había frambuesas, son nefastas para la provincia onubense. Por un lado, al provocar el solapamiento de producto en los mercados con el consiguiente desplome de las cotizaciones, lo que se agudiza en un contexto como el actual, en el que los precios de los inputs están disparados y en el que las condiciones climáticas van a condicionar las cosechas.
Por otro lado, al desestabilizar las exportaciones de los frutos rojos que se producen bajo el paraguas de las 15 cooperativas del sector. Producción que es el sustento económico de Huelva y que aporta un saldo positivo a la balanza comercial española de 1.200 millones de euros.
Ante esta amenaza, las cooperativas de frutos rojos onubenses nos sentimos indefensas y con la sensación de que tenemos al enemigo dentro de casa. Pues no es razonable que las producciones de países terceros tengan más ventajas en el mercado europeo de las que nosotros, como productores andaluces, españoles y europeos, podemos tener.
Tampoco parece sensato que detrás de gran parte de esas fresas, frambuesas, arándanos y moras que se exportan a Europa y se producen en Marruecos haya firmas españolas con origen en Huelva. Empresas onubenses que, en un doble juego, comercializan producciones foráneas y andaluzas indistintamente, entrando en una guerra de precios que flaco favor hacen al conjunto del sector, siendo además, beneficiadas con incentivos por parte de las administraciones. Igualmente están las grandes empresas del sector, que son multinacionales cuyo capital procede de fondos de inversión extranjeros y que poco tienen que ver con la Unión Europea, su normativa y sus agricultores.
Ventajas del cooperativismo
Frente a este modelo empresarial, el cooperativismo se caracteriza por comercializar únicamente la producción de sus agricultores y agricultoras, que cultivan en el territorio y en el que cada euro que entra en las cooperativas agroalimentarias multiplica su beneficio, al revertir directamente en el desarrollo de las personas y en nuevas inversiones, creando un tangible valor económico y social en el medio rural.
Las cooperativas dedicadas a la producción de fresas, arándanos y frambuesas hemos enarbolado la bandera de la sostenibilidad -apostando por el uso eficiente del agua y una disminución de nitratos-, la calidad -mejorando aspecto y sabor pensando en el consumidor final- y la seguridad alimentaria. Hemos apostado por la innovación de variedades para ser más competitivos. Pero no podemos serlo si en un mercado globalizado las reglas del juego no son las mismas para todos.
Competencia desleal
El sector tiene varios frentes abiertos. En primer lugar, la Unión Europea, que permite la competencia desleal derivada de las importaciones indiscriminadas de productos agrarios de terceros países como Marruecos, que se están viendo favorecidos por acuerdos comerciales. Una postura con la que se limita la rentabilidad del sector de los frutos rojos y se restringe sus posibilidades de crecimiento.
Por ello, es necesario que el Ministerio de Agricultura exija a la Comisión Europea, sin más dilación ni contemplaciones, un control real y efectivo de las importaciones, así como el cumplimiento estricto de los acuerdos de comercialización en cuanto a origen, fechas, cupos y calidades. Además de reclamar que se respete el principio de reciprocidad, para evitar que sectores estratégicos para el sistema agroalimentario y el entorno se vean perjudicados o, peor aún, sean desmantelados.
La situación derivada de la guerra en Ucrania o la pandemia han demostrado que la producción de alimentos no puede estar en manos de terceros, no puede depender del exterior. La agricultura tiene que ser productiva, sostenible y vinculada al territorio. Pilares inherentes al modelo cooperativo, pues las empresas de economía social no se deslocalizan y contribuyen a la vertebración de los pueblos, en términos de creación directa de empleo en el medio rural y de apoyo a la incorporación de jóvenes y mujeres.
Apoyo de los supermercados
Valores que debería primar la gran distribución, cambiando su estrategia de negocio. Necesitamos, en segundo lugar, el apoyo de las cadenas de supermercados, que deben virar de una política enfocada fundamentalmente al mínimo precio a otra en la que se valore más el coste social y ambiental de la producción de alimentos.
Las cooperativas de frutos rojos tenemos muy claro que tenemos que comunicar más y mejor a la sociedad los valores de nuestras producciones, y en ello estamos. También somos conscientes de que vender frutos rojos producidos en Huelva es vender salud. Por eso, en tercer lugar, apelamos a los consumidores, para que elijan nuestras fresas, arándanos, frambuesas y moras frente a las frutas de producción foránea. Una decisión con la que, además de garantizar la seguridad alimentaria, repercutirá en los productores, en sus familias y en el entorno rural en el que se asientan.