Para exportar hay que importar
«Hay quienes piensan, sin ningún tipo de rigor ni contraste, que la mejor manera de ayudar a la economía nacional en esta crisis es consumiendo productos españoles»
Hoy me gustaría hacer algunas reflexiones que defienden por igual la actividad exportadora y la importadora. En efecto, a veces aparecen en los medios de comunicación noticias que tienen su origen en la mala información y desconocimiento de los que las divulgan, ya sean de carácter individual o de los medios mismos. Y me estoy refiriendo a los que aconsejan el consumo de productos españoles y el rechazo de los procedentes de otros orígenes. Hay incluso los que utilizan esta estrategia en defensa de los productos regionales o en contra de producciones de otras regiones por motivos políticos.
Centro mis reflexiones en las producciones agrarias. En cambio, las noticias a las que hago referencia hacen consideraciones más amplias, abarcando también productos industriales. Hay quienes piensan y así lo difunden en las redes sociales, sin ningún tipo de rigor ni contraste, que la mejor manera de ayudar a la economía nacional y en consecuencia al empleo en esta crisis en la que estamos inmersos, es consumiendo productos españoles.
En todas y cada una de estas acciones se encierra una componente de error intencionada o con buena voluntad. En efecto, España es un país netamente exportador de muchos de nuestros productos relevantes y en esta actitud exportadora radica no solo su desarrollo y rentabilidad, sino la prosperidad de las zonas donde estos se obtienen. No es necesario poner ejemplos, en la cabeza de todos está una amplia lista de ellos. Vendemos al exterior la mitad de lo que producimos, comentaba hace unos días el ministro Planas.
Existe una máxima que conviene recordar: «Para exportar hay que importar». Se imaginan una situación tan absurda que se produciría si los sectores a los que me estoy refiriendo y que hacen campañas de promoción en las que invierten presupuestos importantes para abrir nuevos mercados o para crecer en los existentes y al mismo tiempo defendemos o exigimos poner trabas a las importaciones de otros países.
Producciones regionales
Sería una estrategia o situación contradictoria, pero que a veces y de una manera sorprendente es realizada o apoyada por agentes del propio sector. Qué decir de las producciones regionales en detrimento de las procedentes de otras regiones de España. Queremos que nuestros productos sean consumidos en todos los sitios, pero a veces nos oponemos al consumo de los de otras regiones.
Y desde luego, eliminemos del escenario esas campañas de bloqueo por motivos políticos de rechazo de productos de alguna región, olvidando que la mayor parte de las materias primas utilizadas se producen en la nuestra.
Seamos congruentes, competitivos y no achaquemos a otros problemas originados a veces por nosotros mismos: Exceso de plantaciones, crecimiento desmedido de producciones sin planificación o regulación interna atendiendo a la capacidad de absorción de los mercados y al previsible crecimiento de los mismos. Y obviemos trabas comerciales, muchas veces demagógicas.
Eso sí, exijamos las mismas condiciones a las producciones importadas que exigimos a las nuestras. Mantengamos y mejoremos los mecanismos y herramientas que la Unión Europea dispone para evitar distorsiones que las importaciones pudieran producir en determinadas circunstancias. Sirva de ejemplo las cláusulas de salvaguardia de aplicación cuando los precios o las cantidades importadas alteran el desenvolvimiento normal. En esas circunstancias, y solo en esas, deben establecerse de manera rigurosa, y sobre todo ágil, las restricciones cuantitativas, precios de entrada, aranceles, etc.
El consumidor español debe tener libertad a la hora de elegir y no necesita de consejos o directrices en el sentido de los comentarios iniciales.