La importancia del desperdicio alimentario
«La dimensión del problema es evidente como lo es su fuerte impacto económico, social y medioambiental»
El desperdicio alimentario es un problema que todos identificamos y del que todos participamos porque, de una manera u otra, somos causantes. Países desarrollados o en vía de desarrollo tenemos una actitud similar que puede parecer una paradoja y seguramente obedece a situaciones estructurales muy diferentes.
Salvando las distintas metodologías de cálculo y control, en algunos casos simples estimaciones por no tener establecidos los circuitos adecuados, los datos son reveladores. A nivel mundial, en 2019, 931 millones de toneladas de alimento se desperdiciaron, como el 17 por ciento de la producción. En ese mismo período en la UE, el desperdicio afectó a 88 millones de toneladas, con un coste asociado de 143.000 M€.
Las políticas proteccionistas de los países desarrollados, en el pasado, fueron causantes de situaciones excedentarias de niveles absurdos. Basta recordar las décadas de los años 80 y 90 de la entonces CEE, en la que los excedentes de cereales, carne de vacuno, mantequilla y leche en polvo, etc., acumuló montañas de estos productos en almacenes y frigoríficos para terminar destruyéndolos porque los mercados no los absorbían. Hoy esos escenarios han cambiado pero no han terminado con el problema del desperdicio.
Causas a lo largo de la cadena
Las causas son diversas pero acumulativas a lo largo de toda la cadena. En efecto a veces, la planificación o elección de los agricultores en el momento de la siembra no es acertada, eligiendo productos sin tener en cuenta el nivel de saturación del mercado. En en definitiva, desequilibrios de la oferta y la demanda. Los bajos precios existentes en los momentos de cosecha, son causante de que esta no se lleve a cabo, que se tire o abandone parte de la producción al no compensar los costes de cultivo. Otras, las exigencias de calidad, color, tamaño, defectos visuales, provocan destríos excesivos en las fases de manejo y manipulación. No olvidemos las casuísticas que se dan en el almacenamiento y conservación o las rupturas de las cadenas de frío, causantes del gran parte del deterioro.
Igual ocurre en la transformación y acondicionamiento de determinadas producciones en las que se producen accidentes que las hacen inservibles para el consumo. Los diferentes formatos de embalajes y presentación que tienen efectos negativos en la elección de los consumidores, peso y tamaño a veces excesivos, etc.
Transportes inadecuados o accidentes en los mismos, son causantes de la eliminación de parte de las mercancías alimentarias por mala manipulación o fallos de los sistemas frigoríficos. Durante la distribución mayorista y minorista, se producen diferentes situaciones que igualmente afectan negativamente.
Se generan importantes volúmenes de desperdicios en el amplio sector de los servicios, restaurantes, hoteles, cafeterías, etc. (26 por ciento), aunque la mayor cantidad se produce en los hogares, (61 por ciento) y obedece a diferentes causas. Compras por encima de la capacidad de consumo, conservación, fechas de caducidad, formas de cocinado, etc. Según datos del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente).
La reducción del desperdicio alimentario debe ser un objetivo prioritario. La dimensión del problema es evidente como lo es su fuerte impacto económico , social y medioambiental. La concienciación y sensibilización de la sociedad, una necesidad.