La importancia de la bioseguridad en las explotaciones ganaderas
«Unos planes óptimos de bioseguridad deben ser diseñados de forma lógica, con medidas que puedan asumirse sin muchos gastos»
Con este concepto de bioseguridad, definimos el conjunto de medidas que ponemos en marcha en nuestras explotaciones para evitar, o al menos dificultar, la entrada de agentes externos que puedan ocasionar la difusión de enfermedades biológicas (bacterianas, víricas o parasitarias) en nuestras explotaciones.
Últimamente, los medios de comunicación están haciendo público cómo van sucediéndose distintos fotos de enfermedades erradicadas en nuestro país desde hace muchos años, y que están causando un daño considerable a nuestra ganadería, tanto desde el punto de vista sanitario como económico, debido al coste del control y a los quebrantos que produce en la venta de nuestras producciones por los vetos sanitarios que nos imponen los países de destino.
Enfermedades que vuelven
Enfermedades como la viruela ovina y caprina, erradicada de nuestro país desde mediados de los años 60 y erradicada en Europa, han vuelto a hacerse notar y siguen apareciendo focos. Afortunadamente, y gracias al enorme trabajo de los servicios Veterinarios Oficiales de la Junta de Andalucía y veterinarios de las Agrupaciones de Defensa Sanitarias Ganaderas, se consiguieron controlar los focos que aparecieron en Granada y Almería.
Otras enfermedades transmitidas por vectores, como es el caso de la lengua azul o la enfermedad hemorrágica epizoótica, vehiculadas ambas por mosquitos del género culicoides, suponen una amenaza cuando las condiciones climáticas sean óptimas para el desarrollo del vector.
O enfermedades como la peste porcina africana, que tanto daño causó a la ganadería y a la industria cárnica en otros tiempos y que a día de hoy volvemos a escuchar como en otros países relativamente cercanos están apareciendo nuevos focos, expandiéndose por compartir nuestro cerdo doméstico con el jabalí (sus scrofa) hospedadores diana, siendo difícil el control de la población y los movimientos de los jabalíes con el consiguiente riesgo de difusión de nuevos focos.
Cierto es que, en nuestras explotaciones extensivas ligadas a amplias zonas de terreno y donde los animales se manejan en contacto directo con el medio, estas medidas adoptadas van más encaminadas a la prevención que a la protección, dado que, como entenderá el lector, en nuestras explotaciones de dehesa no podemos proteger totalmente a nuestros ovinos, por poner un ejemplo, del ataque de los mosquitos del gen culicoides que pudieran vehicular la lengua azul, pero sí podemos poner medidas que dificulten esta propagación.
Nuevos hábitos
Llegado a este punto, hay que destacar que existen pequeñas acciones que podemos y debemos activar en nuestras explotaciones para protegerlas de la entrada de patógenos que nos contagien la enfermedad.
Dentro de los planes de bioseguridad que podemos adoptar, y para ordenar y mejorar la compresión por parte del lector, las clasificaremos en:
– Medidas o planes de bioseguridad activas.
– Medidas o planes de bioseguridad pasivas.
Unos planes óptimos de bioseguridad deben ser diseñados de forma lógica, con medidas que puedan asumirse sin muchos gastos y, sobre todo, que sean aceptados y cumplidos por el convencimiento de que son medidas para proteger a nuestras explotaciones. De nada serviría hacer unos planes perfectos sobre el papel diseñando estrategias costosas que a la hora de su aplicación aportan más problemas de manejos que beneficios.

Los planes de bioseguridad deben ser específicos para cada explotación; cada explotación tiene particularidades de manejo y orografía que las hacen únicas, si bien, hay normas generales de sentido común que se pueden aplicar a todas.
La aplicación de un cierre perímetral que sirva para controlar a nuestros animales y los «aísle» de los foráneos y salvajes. Si añadimos unos vados sanitarios o arcos de desinfección en las entradas, estaremos desinfectando todos los vehículos que accedan a nuestras instalaciones. Evitar el acceso de nuestros animales a charcas, pantanetas y arroyos, y que el agua de bebida la tomen de pilares y bebederos a los que previamente higienizaremos con sistemas de cloración de agua de bebida, es una gran ayuda.
Otras medidas
El control de estercoleros y humedales donde proliferan las moscas y mosquitos es otro aspecto a tener en cuenta.
Mantener a raya a ratas y ratones (limitando el acceso a la comida de nuestros animales) es una labor complicada aunque se puede hacer, deberemos estar atentos a la nueva ley de bienestar animal.
Sirvan estas medidas como ejemplo, aunque reitero que los planes y medidas de bioseguridad son específicos para cada explotación y por tanto deben elaborarse pensando en la explotación que los va a adoptar, y por supuesto con un entendimiento entre el responsable sanitario de la ganadería y el propio ganadero.
Queda una última consideración importante y que es de capital importancia. Recordar en forma de registros o fichas. La memoria es muy frágil y podemos olvidar datos importantes. Sería conveniente llevar un registro de las visitas que recibimos, anotando fecha, matrícula del vehículo y datos del visitante, estos datos ante la aparición de un foco, nos pueden aportar información del origen de nuestro brote.
Por supuesto, deberemos realizar cuarentena con el ganado que adquiramos en otras explotaciones, esto debe ser una máxima en toda explotación ganadera y las nuevas adquisiciones estarán en una zona alejada durante un tiempo variable, suficiente para desarrollar la enfermedad caso de venir infectados de origen. Será el veterinario responsable de la explotación quien determine la duración de la cuarentena y el programa sanitario preventivo que hemos de aplicar.