Las Marismas, exultantes de vida
«El cultivo se encuentra en plena fase de ahijamiento, venciendo a las terribles tardes de aire, que parecían tener como objetivo arrancar unas frágiles plántulas, emergidas a destiempo»
Las Marismas arroceras del Guadalquivir, transcurridos cuarenta días de su siembra, se encuentra en una verdadera explosión de vida y color, dando cobijo a más de cien especies de aves como: cigüeñas, moritos, patos, patilargas, polluelas y un largo etcétera de avifauna, que en estos días sacan su camada del año y que gratifican poderosamente los sentidos, demostrando una vez más la interacción del hombre de las marismas con la naturaleza.
También el cultivo del arroz, como las «patilargas», ha sacado a duras penas sus «polluelos» a la vida. El cultivo se encuentra en plena fase de ahijamiento, venciendo a las terribles tardes de aire, que parecían tener como objetivo arrancar unas frágiles plántulas, emergidas a destiempo.
Aun así, las marismas presentan un aspecto en reglas generales inmejorable, con sus tablas totalmente cubiertas de un verdor intenso, que las hacen únicas por su orden, limpieza y saber hacer de sus arroceros.
Siembras
Las siembras del presente 2020 comenzaron con un mes de retraso, a principios del mes de junio, debido a las intensas lluvias de primavera que, por otra parte fueron, al igual que en la campaña anterior, las que salvaron la siembra del arroz. Y es que las reservas de agua recogidas en los embalses de regulación para la presente campaña de riego en la cuenca del Guadalquivir no eran suficientes para desarrollar una campaña normal, llegando tan solo al 41,56% de los 5.721,06 hectómetros cúbicos (Hm³) de la capacidad total de la Cuenca de Regulación al 27 de marzo, lo que suponía unos 2.377,67 Hm³ de recursos disponibles. Sin olvidar que la cuenca del Guadalquivir sigue siendo bianual.
Las lluvias de abril y mayo aliviaron en parte la agónica situación, y al inicio de la campaña de riego, la Comisión de Desembalse de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) otorgaba una dotación de 300 Hm³ al sector arrocero, para el desempeño de su campaña de riego 2020, y que se verían aumentada en 40 Hm³ más, justificados por distintos motivos y que el sector agradeció puntualmente.
Así comenzaría la campaña con unos recursos realmente embalsados, al 25 de mayo de este año, de 2.520,90 Hm³ que suponían el 44,06% del total de la capacidad de embalse, arrancando con un 2,72 % de déficit respecto a la campaña anterior.
En relación a la calidad del agua, una vez más se convierte este factor en el azote de los arroceros, ya que el día 3 de junio alcanzaba unos valores de 0,82 gr/l de ClNa (Cloruro Sódico-SAL) para la pleamar, y 0,58 gr/l de ClNa para la bajamar. No obstante, el día 30 de junio, la salinidad se elevaba a 2,69 gr/l en pleamar y 0,99 gr/l en bajamar, alcanzando en julio cifras verdaderamente alarmantes de 3,21 gr/l de sal para la pleamar en la Comunidad de Regantes del Canal de Isla Mínima, mientras que, a un kilómetro de ésta, aguas abajo, se encuentra la Comunidad de Regantes de Queipo de Llano, que en todo el mes de julio no ha bajado de 3 gr/l de sal, llegando el pasado día 6 a 4,85 gr/l de sal para la pleamar.
¿Responsables de esta situación?
El propio sector, que no alcanza a tener una representación profesional, fuerte y comprometida, que exija a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir primero, y al Ministro de Agricultura, así como al Ministerio de Transición Ecológica después, el inmediato comienzo de las obras del proyecto de modernización del arroz.
Son obras necesarias para llevar agua directa de los embalses, desde el Canal del Bajo Guadalquivir y en su punto más alto, a su paso por la Corchuela, necesitándose para ello la instalación de dos tuberías de acero de 2,5-3 metros de diámetro hasta la margen derecha, llegando el agua por su propio peso, sin necesidad de impulsarla para atravesar el Guadalquivir, y sin perjuicio para la navegación por ir soterradas.
Los informes de impacto medioambiental se han estudiado y realizado por la propia CHG hasta la saciedad, o eso han manifestado reiteradamente desde hace ya no sé cuántos años. La dotación económica ha ido reduciéndose en cada Presupuesto General de Estado, hasta que la hagan desaparecer por la desidia generalizada, tanto del propio sector, por su falta de exigencia, como de la Administración, que no emprende proyecto alguno, aún a sabiendas que éste, en un altísimo grado, lo pagaremos los arroceros, como no debe ser de otra forma. Pues si los pocos cultivos que van quedando viables se abandonan, las Marismas del Guadalquivir quedarán abandonadas a su suerte.
Protección para el cultivo
Acerca de los tratamientos con fitosanitarios, como es normal en estas fechas, se ha procedido a tratar las malas hierbas de hoja estrecha, con un catálogo de herbicidas registrados, suficientemente amplio como para evitar la aparición de resistencias, que ya las hay, ampliamente estudiadas por la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agrónoma de Sevilla y el CSIC de Extremadura.
Respecto de los tratamientos de malas hierbas de hoja ancha, están en pleno proceso de aplicación, sin mención especial que destacar, salvo las mezclas inapropiadas recomendadas por determinados distribuidores, que solo consiguen quemar al propio cultivo.
Cuando prevalecen los intereses económicos al del buen servicio y buen hacer, esas son las consecuencias, que se intentan solventar con el poder de recuperación del propio cultivo, pero el daño, poco o mucho, ya está hecho. El tiempo que el cultivo ha perdido solo se recupera parcialmente, el económico, nunca.
Referente a los posibles ataques de pyricularia grisea, se ha autorizado excepcionalmente el uso de Azoxistrobin 20% + Difenoconazol 12,5% con aplicación aérea. El periodo de utilización alcanza desde el 17 de julio hasta el 15 de octubre de 2020.