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Sector ovino-caprino

Una mirada optimista

«El cordero ha entrado en algunos hogares por primera vez y en otros ha sido un reencuentro. Hemos de investigar nuevas formas de llegar al consumidor nacional, y de reconquistar el consumo local perdido»

25/05/2020 Actualizado a las 11:22

«Estamos» en plena desescalada. Hay que ver que palabras hemos tenido que aprender en estos tiempos que corren. Volvemos a una nueva normalidad, donde ya los trabajadores que aún mantienen su puesto de trabajo, empiezan a ocuparlo de forma presencial y no en teletrabajo (otra palabra con gran protagonismo hoy. La Administración también empieza a rodar de forma presencial (que nunca estuvo parada).

Aún seguimos esperando las tan cacareadas ayudas que nos prometieron al inicio del confinamiento (otra palabra nueva). Estas ayudas iban a paliar, en parte, la desastrosa situación en el sector ovino y caprino como consecuencia del cierre de la hostelería y la caída del turismo.

La máquina burocrática no cesa, no descansa, ni en tiempos de pandemia. Por fin se aprobaron las ayudas, ya solo nos queda que se haga el reglamento que lo regule, que se pueda solicitar, luego tendrá que llegar a los órganos de control, el organismo pagador y, por fin, a la cuenta de los ganaderos. Ánimo, ya nos queda menos, como decía en otro artículo anterior, en el campo el tiempo corre de manera distinta.

Emisiones contaminantes

Pero hoy no quiero cargar las tintas contra nada ni contra nadie. Hoy quiero poner la mirada en el día después, quiero mirar hacia atrás para analizar lo ocurrido y sacar una inyección de vitamina que me aliente a seguir en la lucha diaria. Afortunadamente, y en contra de esos ecologistas de salón que demonizaban a los rumiantes y a la ganadería en general por la emisión de metano, el enorme agujero de la capa de ozono misteriosamente se ha cerrado, a pesar de que los rumiantes grandes y pequeños no han cesado de emitir metano como es su costumbre.

Pero esos ecologistas de salón hoy deben estar confinados por temor al Covid-19, ¿dónde están ahora para llevarse a sus casas y cuidar los corderitos? Esos por los que llenaban las redes sociales, lloraban y cortaban carreteras. Desagraciadamente no han aparecido, pero nuestros ganaderos han tenido que seguir alimentándolos y siguen cuidando de ellos.

La primavera está siendo magnífica, la dehesa está en su máximo esplendor, el campo se llena de colores vivos, y hemos de mirar al futuro con optimismo. El cordero ha entrado en algunos hogares por primera vez y en otros ha sido un reencuentro. Esto nos pone en camino, hemos de investigar nuevas formas de llegar al consumidor nacional, y de camino reconquistar el consumo local perdido.

Tecnología de los alimentos

Nos falta y nos hemos dado cuenta estos meses, que hay mucho camino por recorrer en el campo de la tecnología de los alimentos. Indagar en elaborados de cordero, patés, fiambres, quinta gama y precocinados, etc.

Aún queda mucho por andar en el terreno de la producción animal, hemos de aplicar los conocimientos y las herramientas tecnológicas que valen para otros sectores, adaptarlas y aplicarlas a este. La prospección de nuevos mercados ahora está enlentecida, los viajes no están bien vistos ni para hacer negocios, pero tenemos las teleconferencias y el ciberespacio, búsqueda de mercados que aprecien nuestros corderos y cabritos.

La investigación en nuevos modelos productivos, más tecnificados y eficientes a la vez que más respetuosos con el medio debe ser un reto para los próximos años, aunque el reto debe comenzar por aplicar un mínimo de gestión en nuestras explotaciones ganaderas para conocer las cuentas de explotación.

El nuevo reto ha empezado a andar. El programa europeo EuroSheep, ha comenzado su marcha para conocer la realidad de un sector en el marco europeo, centrado en retos alimenticios y de mejora. Esperemos acontecimientos.

Pero como «en casa del pobre la alegría no dura mucho» no hemos de apartar la mirada de los mercados. La caída del precio de la lana es una piedra más en el camino, y ahora la ministra de Trabajo lanza la sombra de la duda sobre la esclavitud en el campo y prácticas de explotación laboral.

Quizás el concepto esté equivocado, quizás los ganaderos somos esclavos de un sistema lento y burocrático. Aún no conocemos los precios de producción de los distintos eslabones que forman la cadena alimentaria, ya hemos tenido que vender nuestros corderos a precios bajos y ahora pasará lo mismo con la lana, y de nuevo la ministra lanza su ojo inspector sobre la agricultura y ganadería.
Pero hoy estoy optimista y con la mirada puesta en el futuro, en lo que ocurrirá cuando despertemos de esta pesadilla.