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Diseño de la Política Agraria Común 2021-2027

La PAC: Preocupaciones y temores ante su reforma

«Cuando los agricultores se han adaptado a una burocracia enorme y complicada, ahora se les dice que vamos a hacerlo de otra forma»

07/10/2020 Actualizado a las 10:11

Vivimos en una zona del mundo donde los niveles de bienestar son elevados en comparación con otras y esto ocasiona que el coste de vida y el de producción sea también más alto. La agricultura europea es consecuentemente cara.

No es nada nuevo, por un lado, la necesidad de cubrir una parte de la demanda de alimentos de la población europea con producciones propias para evitar la dependencia alimentaria de otras regiones del mundo y, por otro, la de fijar la población al territorio para frenar el éxodo rural hacia las grandes ciudades y el deterioro de todo tipo, sobre todo medio ambiental, que eso conllevaría. Es la actividad agraria la que solventa estas necesidades o problemas.

La Política Agraria Común (PAC), auténtica y, quizás todavía, única política común de la Unión Europea, en la que todos los Estados Miembros han transferido su soberanía nacional y sus niveles decisorios a las instituciones comunitarias radicadas en Bruselas , ha producido resultados indiscutiblemente satisfactorios y positivos desde su creación.

En base a lo anterior el presupuesto comunitario de esta política y su distribución entre los Estados Miembros contribuye de alguna manera a corregir las diferencias de costes con otras producciones mundiales similares o sustitutorias y a las que se recurriría por ser más baratas y competitivas que las nuestras y que traería consecuencias a las que antes me he referido.

Presupuesto comunitario

Pues bien , cada siete años se discute el Marco Financiero Plurianual o presupuesto comunitario para ese período y siempre surgen discrepancias sobre su montante total y en su distribución final a través de su aplicación en las diferentes políticas entre los Estados Miembros. Esto da como resultado diferencias o agravios comparativos entre los mismos que no son más que el reflejo del peso y la importancia de los diferentes parámetros económicos y sociales entre ellos.

En los momentos actuales empiezan a cundir preocupaciones y temores que dimanan de los criterios que se vayan a establecer en el diseño de la nueva PAC, consecuencia de su reforma ya emprendida y de su aplicación a partir de 2022/2023.

Curiosamente, cada vez que se produce un nuevo ciclo europeo con cambios en los primeros niveles de sus instituciones, nueva Comisión, nuevo Parlamento, etc., nace una especie de tentación o necesidad de cambiarlo todo, como si lo anterior ya no sirviera o no se estuvieran haciendo bien ciertas cosas y hay que cambiarlas de arriba abajo. En definitiva, cuando los agricultores casi han aprendido o se han adaptado a una burocracia enorme y complicada, ahora se les dice que a partir de determinado momento vamos a hacerlo de otra forma.

A lo largo de la existencia de la PAC ha habido que adaptarse a las exigencia o compromisos internacionales y me estoy refiriendo a los de la Organización Mundial de Comercio (OMC) o los antiguos Acuerdos del GATT, que produjeron las mayores reformas al desaparecer prácticamente la mayoría de los mecanismos de las Organizaciones Comunes de Mercado de los diferentes sectores, intervención, ayudas ligadas a la producción, apoyo a las exportaciones, etc., y como consecuencia el reverdecimiento y la desvinculación o el desacople de las ayudas. Había que cumplir con la OMC y las presiones que ejercían sus miembros competidores nuestros, eran razones de peso.

Política cada vez más verde

Ahora, obligados por una serie de consideraciones, se pretende intensificar el reverdecimiento y otras exigencias, cambiando los mecanismos establecidos y aprendidos por otros, creando ciertos niveles de desconcierto y preocupaciones porque habrá que aprender una nueva burocracia, porque las exigencias serán mayores y porque no se van a compensar suficientemente y el mercado tampoco lo va a hacer.

Y si esto fuera poco surgen otros temores derivados del reparto interno o mejor de la distribución entre las diferentes Comunidades Autónomas, consecuencia de la aplicación de los nuevos criterios que se vayan a establecer y en los que algunas de ellas tienen fundadas esperanzas de mejorar su situación anterior.

Andalucía es una potencia agraria a nivel nacional y europeo, la aplicación de parámetros comunes nos sitúa con diferencia en la cabecera del ranking entre las Comunidades, la nueva PAC que finalmente se apruebe siempre deberá dar el mismo resultado en ese sentido. Los expertos de nuestra administración autonómica están preparados y cuidarán que esto siga siendo así.