El problema de los precios agrarios
Reflexiones ante las protestas del campo

El problema de los precios agrarios

«En cualquier empresa es fundamental conocer cuál es el coste real del producto, por debajo del cual no puede venderse salvo para ir a la quiebra»

19/02/2020 Actualizado a las 10:06

Decía Valentín Madariaga en una de sus clases improvisadas que nos daba a los consultores de Control Presupuestario, en la que era jefe y maestro, que lo primero que había que hacer en las empresas es un buen diagnóstico de situación, y ponía como ejemplo gráfico al crupier y sus cartas.

Explicaba que los problemas de la empresa que el consultor iba detectando son como las cartas de una baraja, una vez identificados, si se ponen como una baraja plegada no se visualizan y entonces hay que hacer como el crupier en la mesa de juego, abrirla en abanico y seleccionar los más importantes y factibles de acometer, estableciendo el orden de prioridades de mayor a menor y proponer un plan de acciones para solucionarlos.

Desde hace semanas se vienen produciendo manifestaciones y protestas por parte de los agricultores por los precios percibidos en diferentes sectores de la producción con el denominador común de niveles tan bajos que, en gran parte de ellos, no cubren los costes de producción, situación ésta que genera frustraciones, desánimos, abandonos, arranques de plantaciones, cosechas parcialmente recogidas y, en definitiva, desconciertos y descontentos, que se hacen visibles de diferentes maneras.

Noticias y espacios en los diferentes canales de televisión, emisoras de radio, prensa, revistas,  etc., están poniendo un énfasis especial, quizás como nunca se había hecho, teniendo en cuenta que la situación no es nueva. Al hilo de los acontecimientos haré algunas reflexiones sobre este asunto tan importante, sin pretender ser exhaustivo ni polémico, que forman parte de las cartas de la baraja de problemas.

Conocer el coste

En cualquier empresa es fundamental conocer cuál es el coste real del producto fabricado o producido, por debajo del cual no puede venderse salvo ir a la quiebra y cierre. El agricultor no puede vender a pérdida, en algunos casos impuesta por la manera de conformarse los precios de arriba abajo.

Una vez conocido el coste no se trata de llegar a acuerdos sobre precios mínimos, prohibido por Competencia, sino de tener disciplina y capacidad individual de no vender por debajo del coste.
En el caso de los productos frescos su carácter perecedero es una debilidad contra la que poco puede hacerse. No hay, o hay poco margen de tiempo para negociar cuando el producto está para ser recolectado, solo actuar en las estrategias de comercialización con la antelación suficiente, en base a la calidad, diferenciación, calendario, fidelización, etc.

La fuerte descapitalización que padecen en general empresas y empresarios agrícolas tampoco concede margen de espera para atender los pagos exigibles u otras necesidades económicas. Una oferta atomizada frente a una demanda cada vez más concentrada sitúa a la parte vendedora en una débil posición negociadora claramente desequilibrada.

Oferta y demanda

La regulación de las superficies de siembra y de las producciones no existe prácticamente ni en cultivos anuales ni en permanentes. El mercado tiene una capacidad de absorción limitada y no se puede producir por encima de ella. Es necesario ayudar al equilibrio oferta/ demanda.

La competencia desleal de importaciones procedentes de terceros países que no tienen las mismas exigencias económicas, sociales, laborales, fiscales ni medioambientales, y la demanda por el momento tampoco las exige, aunque debería empezar a hacerlo, como está pasando con el algodón BCI (Better Cotton Initiative), en el que las empresas textiles tienen cada vez más en cuenta las condiciones de producción y su procedencia.

No hay que olvidar que en las sucesivas reformas de la PAC (Política Agrícola Común) se fue eliminando poco a poco la red de seguridad que existía en las antiguas OCM (Organizaciones Comunes de Mercado). Existía un precio mínimo por debajo del cual la CEE compraba y ahora son las reglas del mercado las que rigen prácticamente sin herramientas de intervención.

Es necesario un Plan de Acciones a partir de los problemas detectados, en definitiva, y tras el diagnóstico realizado, diseñar políticas a medio y largo plazo consensuadas por todos y este será el único camino cierto en la búsqueda de una mejora permanente de la situación actual.

Aprobar las medidas de acompañamiento que están en la mano del Gobierno de España puede hacerse con carácter inmediato para mejorar los niveles de costes soportados, tales como fiscalidad, tarifas eléctricas, seguros, etc., son parte de la solución, pero por sí solas no arreglaran el problema.

Regular las superficies de siembra y producciones, concentrar la oferta a mayor velocidad, equilibrar los niveles de oferta y demanda, ayudar a la capitalización de las explotaciones, calcular los costes reales de producción, exigir igual a las producciones de afuera, mejorar las estrategias comercializadoras de los productos frescos y negociar con la UE mecanismos de intervención eficaces pueden ser las conclusiones de esta breve reflexión.

Escrito por

Dimas Rizzo

Presidente de la Interprofesional del algodón

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