¿Quién protege al pastor?
Ovino-Caprino

¿Quién protege al pastor?

«Nuevamente se olvidan de vuestro reconocimiento pero, eso sí, se anuncia a bombo y platillo con lanzamiento de cohetes que, de pronto, va a llegar el lobo a nuestras tierras»

02/03/2021 Actualizado a las 13:05

Ya se han apagado las luces, se han retirado las banderas… Ya ha pasado el día de la comunidad, se terminaron los homenajes, las entregas de medallas a los andaluces del año, y otro año más, se olvidan de vosotros.

Atrás quedaron los días en los que, sin importar el clima, hiciera frío o calor, viento o lluvia, salisteis a vuestras majadas a atender los rebaños y las pastorías, a dar de comer a las ovejas, recorriendo cañadas y veredas. Atrás quedaron los días que hicisteis de detective, ahijando cada cordero con su oveja, de ama de cría, para amantar los corderos sin madre o los rechazados, incluso os atrevisteis a hacer de comadrón para ayudar a parir a alguna borra que traía un cordero de nalgas.

La pandemia como a todos os sorprendió de lleno, pero vosotros erais esenciales para seguir con la cadena alimentaria, era necesario seguir abasteciendo los mercados tanto de las grandes urbes como de las pequeñas aldeas. ¡El campo no para ni en pandemia!

Lejos de achantaros en vuestros refugios os lanzasteis a dar compañía, dando respuesta a la propuesta lanzada por Interovic para acompañar en vuestra soledad en las pastorías a los enfermos de COVID postrados en la soledad de su aislamiento, compañía virtual, eso sí, a través de las ondas y de 4G aunque a nuestras sierras difícilmente llega al G. Pero el objetivo era elogiable; la misión entrañable, y se consiguió, vaya si se consiguió. Otra vez más atendisteis a la llamada, aunque esta vez no fueran los Ángeles anunciadores, la causa era igual de noble e importante.

Llega el lobo

Y, como premio, nuevamente se olvidan de vuestro reconocimiento, pero eso sí, se anuncia a bombo y platillo con lanzamiento de cohetes que, de pronto, va a llegar el lobo a nuestras tierras, seguro que a vosotros nadie os preguntó y tenéis mucho que decir. Historias que al calor de una lumbre con una taza de café de puchero se podrían contar, historias que vivisteis en primera persona, pero eran otros tiempos, aunque el lobo es el mismo.

lobo
Lobo en el campo / Agrónoma

De nuevo se cierne la sombra y aullido acechando al rebaño para diezmarlo. Y no basta solo con aflojar la cartera y pagar los cadáveres, ¿y la selección genética? ¿Y el estrés del rebaño? ¿Y los corderos que no llegan a nacer? Esos, ¿quién los paga?

Pero no es tiempo de reproches y no era mi objetivo, sino más bien el hacer un humilde homenaje y ensalzar, o lo que hoy está tan de moda decir «poner en valor», a la figura insustituible del pastor.
¡Esta profesión sí que está en peligro de extinción! Ya decía antes, que conocieron y sufrieron en primera persona los ataques del lobo cuando en otros tiempos correteaba por nuestras sierras y dehesas, porque la mayoría de los pastores ya peinan canas y la piel morena del sol tiene surcos que deja el tiempo.

Mi reconocimiento y gratitud a esa figura imprescindible de la ganadería ovina, esa tradición que, por desgracia, tiene poco relevo generacional y está pidiendo a gritos un programa de recuperación.
No permitamos que se pierda el noble arte del pastoreo, la finca la hace la oveja con su majadeo, completando el ciclo de aporte natural de nutrientes y mejorando la calidad de los pastos. La ganadería ovina, nunca dio grandes fortunas pero aportó valor a las dehesas y al frente del rebaño siempre estuvo el pastor.

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