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Aceituna de mesa

Reconocimiento

«No pensemos que es fácil vender año tras año 500 millones de kilos de aceituna española y que cuando llegue septiembre nuestros depósitos estén libres para recibir una nueva cosecha»

20/10/2020 Actualizado a las 10:32

La campaña de verdeo se acerca a su fin marcada claramente por la sequía, que con su persistencia tirará por tierra los aforos tan optimistas que barajábamos a principios de septiembre. Solamente la variedad hojiblanca, por su recolección más tardía, podría beneficiarse de las lluvias si realmente aparecen esta semana.

Hoy quiero dirigirme a ustedes para romper una lanza en favor de un colectivo que realmente merece reconocimiento y que es tratado de manera injusta por parte de aquellos que ni saben ni quieren saber del complejo mundo del comercio global y que jamás han hecho nada por dar salida a un producto como nuestra aceituna.

Hablo, cómo no, de las cooperativas de segundo grado y otras empresas de la industria, que han conseguido llevar nuestra aceituna a todo el mundo y que a día de hoy siguen invirtiendo en promoción para abrir nuevos mercados. Muy pocos son los países en el mundo en los que no se encuentre una aceituna española, y es gracias al esfuerzo de la industria aceitunera que ha dedicado muchos recursos para conseguirlo.

La necesaria exportación

Porque es bueno recordar que el consumo nacional sigue estancado o en ligera caída mientras que las producciones siguen aumentando. Por ello la exportación es un camino necesario para comercializar nuestras aceitunas, aunque tengamos que competir con terceros países productores, que soportan menores costes de producción y no sufren gravámenes arancelarios. No pensemos que es fácil vender año tras año 500 millones de kilos de aceituna española y que cuando llegue septiembre nuestros depósitos estén libres para recibir una nueva cosecha.

Cuando hablamos de que estas empresas se deslocalizan porque solo les interesan sus beneficios estamos faltando a la verdad. La industria se debe también a sus clientes y debe hacer cuanto sea necesario para poder servirles un producto competitivo y de calidad. Si no lo hacemos nosotros, lo harán otros.

Por supuesto que las empresas necesitan beneficios para subsistir -no nos vamos a engañar- pero pocos sectores como el nuestro conocen en la cercanía a aquellos que procesan, envasan y comercializan nuestro producto: empresas familiares de varias generaciones de trabajadores incansables que adoran un producto tan nuestro y tan suyo como la aceituna de mesa española y que, conjuntamente con nuestras cooperativas, conforman Asemesa, la Asociación Española de Exportadores e Industriales de Aceitunas de Mesa.

Su ejemplar determinación frente a la Administración americana contra sus injustos aranceles, su apoyo a la Interprofesional de la Aceituna de Mesa en el impulso a la promoción y la innovación y, por supuesto, la creación de numerosos puestos de trabajo en nuestras zonas rurales, entre otras cuestiones, hacen a Asemesa y a las entidades que la integran merecedoras de un reconocimiento que hoy quiero manifestar con este artículo.

En momentos como el que atravesamos es muy importante sumar: nadie es imprescindible en esta vida pero todos somos necesarios.