Reparto de los fondos de la PAC
«Argumentan los auditores europeos que hay que usar indicadores objetivos medibles para valorar la influencia de los Pagos Directos sobre la pérdida de biodiversidad»
En un informe presentado recientemente, el día 5 de junio, el Tribunal de cuentas de la Unión Europea señala que los objetivos medioambientales perseguidos por la PAC, desde hace décadas, para frenar la pérdida de biodiversidad, no se han cumplido debido a la laxitud y falta de control que la Comisión está haciendo sobre el seguimiento de los gastos de la PAC y el uso inadecuado que se está haciendo del dinero.
En este contexto, indican que la agricultura intensiva es una de las causas principales de las importantes pérdidas acaecidas en la biodiversidad, y apuntan además a que la supervisión que realiza la Comisión sobre el reparto de los Pagos Directos de la PAC, para la conservación de la biodiversidad, no es fiable ya que supervaloran el efecto positivo que dicen tener determinadas prácticas agrícolas sin haber sido adecuadamente valoradas.
Argumentan los auditores europeos que hay que usar indicadores objetivos medibles para valorar la influencia de los Pagos Directos sobre la pérdida de biodiversidad, y ponen como ejemplo de un indicador medible la presencia de las poblaciones de aves agrarias y de mariposas en los pastizales, que desde el año 1990 han descendido más de un 30% de nuestros campos.
Primeros pasos
En esta dirección ha empezado a moverse ya Bruselas avanzando una serie de cambios legislativos importantes para los próximos años, con respecto a las limitaciones de uso y reducción de plaguicidas y fertilizantes, así como sobre el empleo de antibióticos en el ganado y la protección del bienestar de los animales, como ha ocurrido ya dentro de la estrategia de la «Granja a la mesa» y de directrices que se están dando para la nueva PAC (2021-2027), en los que se están manejando datos muy importantes para estos cambios, con reducciones que van del 50% para plaguicidas y antibióticos, hasta el 20% para fertilizantes, así como el incremento de hasta el 25% de tierras dedicadas a la producción agraria ecológica en el conjunto de la UE, para alcanzar también los objetivos de la estrategia sobre «Biodiversidad en el horizonte del año 2030».
Todo esto nos obliga a ser consciente de que estos cambios van en serio, y que la próxima PAC no puede seguir por el camino que actualmente circula nuestra agricultura y ganadería. Nos jugamos mucho ante el reto del cambio climático y sus consecuencias.
En la Fundación Savia no ha causado ninguna sorpresa el informe desfavorable del Tribunal de Cuentas sobre el reparto que se está haciendo de los Fondos de la PAC. Este erróneo reparto lo venimos denunciando y argumentando desde hace más de una década, especialmente desde el año 2013 cuando se estaba negociando y consensuando la actual PAC (2020) entre la Conferencia Sectorial y las OPAS.
«Injusto reparto»
En esos momentos se produjeron ciertos acuerdos opacos, y por ello presentamos una serie de escritos, debidamente registrados, ante el Ministerio de Agricultura, la Junta de Andalucía y la Comisión en Bruselas llamando la atención sobre el injusto reparto de los fondos de la PAC que se proponía desde España, en los que manifestábamos lo que creíamos eran ciertas decisiones arbitrarias y vaticinábamos las repercusiones negativas que iban a tener sobre el medioambiente y la biodiversidad al marginar del reparto de los fondos de la PAC a actividades claramente beneficiosas para la biodiversidad , como era el caso de la ganadería extensiva y la dehesa, a las que se dejaban en una situación de peligrosísima vulnerabilidad económica.
Nos parecía un gran desacierto que España creara 50 regiones agrarias para hacer el reparto, seguir manteniendo los derechos históricos y hacer extensivo el componente verde para todos los cultivos, para que todo siguiera igual mientras se seguía perjudicando e infravalorando las producciones de los territorios de montes y sierras y en especial a las ganaderas extensivas, sin tener en cuenta el imprescindible papel que juegan en la protección del medioambiente, la mitigación del cambio climático, la prevención del fuego y la fijación de la población rural respetando su cultura tradicional.
Ante esta incuestionable situación, nos parece poco comprensible que en España un ganadero de extensivo reciba actualmente como Ayuda a la Renta (Pagos Directos de la PAC) un 260% menos que sus hermanos los agricultores, pues cobran 74,9 euros, de media, como Pago Básico por hectárea admisible, en lugar de cobrar los 204 euros por hectárea que cobran de media los agricultores.
Aunque nos esforzamos para buscar justificación, no encontramos razones objetivas que justifiquen esta marginación económica, especialmente teniendo en cuenta que España debe mantener en activo todos sus suelos, y tiene mucha más tierra destinada a pastos (45%) que tierra cultivada (35%).
Como estamos a tiempo de rectificar esta injusticia, y en estos momentos se está trabajando en la elaboración del Plan Estratégico Nacional con vistas a la nueva PAC (2021-2027), esperamos que los autores del Plan, junto con la Conferencia Sectorial de Agricultura, tengan en cuenta que la ganadería extensiva y la Dehesa son una pieza fundamental para alcanzar los objetivos medioambientales comprometidos en el Acuerdo de París (2015) y el Pacto Verde Europeo (2020), y que estos ganaderos son a día de hoy los productores que aportan, gratuitamente, mayor cantidad de Bienes Públicos a la sociedad (paisaje, biodiversidad, ecosistemas, equilibrio medioambiental, agua y aire limpios, bienestar animal, etc.).