Nuevamente, la siembra de los arrozales de Sevilla al 50% de su superficie
«Desde 1982 a 2021 ha resultado fallida, en once veces, con importantes recortes en su superficie, una actividad agrícola de primer orden»
Sevilla se queda, un año más, sin sembrar el 50 % de su superficie arrocera. En los últimos treinta y nueve años, desde 1982 a 2021, ha resultado fallida en once veces una actividad agrícola de primer orden como es la zona arrocera de las Marismas del Guadalquivir, sin que se haya hecho absolutamente nada para remediar esta insostenible situación.
Situación que está llevando a la desesperación a un sector verdaderamente pujante y pionero en muchas materias, para lograr una agricultura verdaderamente sostenible e integradora con el medio que la rodea como es el entorno de Doñana.
El primer aviso de anomalías hídricas llegó en 1982, con una mala cosecha por falta de las dotaciones de agua de riego necesarias para el cultivo. Un año después, en 1983, el sector arrocero de Sevilla, último cultivo en sembrar de la cuenca del Guadalquivir, decidiría en aras de no perjudicar a los demás cultivos ya establecidos, como el algodón, remolacha, maíz, cereales y los frutales de toda la cuenca, no sembrar superficie alguna para no malograr el resto de los cultivos descritos, pasando un año totalmente en blanco y sin ayuda o compensación alguna.
Nuevas restricciones
Tras cinco años de normalidad hidrológica, volvería a repetirse otra restricción en 1989, cuando el sector sacrificaría el 25% de su superficie, conformándose con sembrar el 75% de sus 36.000 hectáreas. Solo dos años más tarde, el famoso 1992, año de la celebración de la Exposición Universal en Sevilla, se reduciría la superficie de siembra y esta vez en un 50%, repitiéndose la restricción en 1993, cuando la siembra alcanzó sólo el 30%.
Los ejercicios 1994 y 1995 se pasarían totalmente en blanco, viniendo unos años de generosas lluvias, que desde 1996 a 2005 permitirían una actividad normal durante once años. Pero el sector vuelve a empezar con una reducción de superficie del 25% en 2006, del 50% en 2007, del 50% en 2008 y nuevamente del 50% para el presente año 2021.
Realmente una situación de fallida actividad económica, insostenible para cualquier colectivo que se precie como pujante e innovador, como es el sector arrocero. Una actividad que genera el 45% de la producción nacional, que alcanza las 330.000 toneladas al año, de las que se beneficia toda la Unión Europea, y que se divide en unas 240.000 toneladas de grano largo y de unas 90.000 toneladas de grano redondo para el consumo nacional.
Importancia del sector
Así lo reconoce el reciente «Estudio de impacto económico y social del cultivo del arroz en las Marismas del Guadalquivir como dinamizador de la economía andaluza», elaborado por la Universidad de Sevilla (2021), donde se destaca, entre otros aspectos que «el impacto de la industria del arroz en la región andaluza, a nivel de empleo y remuneración de asalariados, presenta un importante potencial de generación de empleo de unos 4.237 puestos de trabajo, siendo unos 1.825 directos, 1.811 indirectos y 600 de carácter inducido. Generando unos 86 millones de euros de remuneración de asalariados».
Además, el documento recoge que «la facturación e impuestos presenta una cifra de 682 millones de euros en ventas, y una contribución impositiva de 38 millones de euros». Con estas cifras, solo parciales y recuperadas del referido estudio, me pregunto si el sector no ofrece a las distintas administraciones públicas las suficientes garantías de éxito, para que de una vez por todas, se termine el estudio de reconversión del sistema de riego de las Marismas arroceras del Guadalquivir, que garantice una continuidad de su actividad a lo largo de los años.
Me pregunto también si el sector arrocero de Sevilla, con su solvencia demostrada y su empuje, no se merece esta inversión. Creo que pocas actividades económicas podremos encontrar que realmente se merezcan y garanticen, con sus propios rendimientos, ésta y superiores inversiones.