Un Plan Estratégico
Resulta sorprendente que nuestro ministro de Agricultura, en una reciente comparecencia pública en Sevilla, haya declarado que «la realidad del sector agrario es realmente boyante a pesar de las protestas».
EL 29 de diciembre España y algunos países, no todos, mandaron a la Comisión Europea el Plan Estratégico. Para los ajenos a la agricultura y a la PAC debemos aclarar que es la propuesta de reforma de cada país, que ha de ser aprobada por la citada Comisión Europea y que será la PAC del periodo 2023-2027.
El pasado 31 de marzo el ministerio de Agricultura recibió una carta con las sugerencias de cambio que la Comisión plantea al citado documento, expresando sus deseos de profundizar algo más incluso en la dirección agroambiental y en su orientación hacia lo verde en detrimento de la productividad.
Como si entre ambas fechas no hubiera pasado nada relevante que diera razón alguna para un cambio: una guerra a las puertas de Europa, una crisis energética realmente preocupante, el horror de una tragedia humanitaria con escenas terribles en cada telediario… Y en lo que respecta al mundo de la producción agraria y por tanto a la alimentación: una escalada de precios de los inputs y de los productos agrarios, un comercio mundial literalmente roto y muchas incertidumbres a corto y largo plazo en la garantía de abastecimiento de materias básicas para la alimentación (cereales, oleaginosas y proteaginosas).
Es revelador el artículo publicado en el dominical de este periódico del pasado 3 de abril: «El hombre que amasa el pan del mundo». En su párrafo final pueden leerse frases como: «A corto plazo se avecina un cuello de botella dramático. No hay alternativas inmediatas al cereal de Rusia y Ucrania» y continúa describiendo las dificultades en Egipto, Argentina, Australia, EEUU, Canadá, India… y sigue «con los productores europeos, España incluida, atados de manos por la Política Agraria Común (PAC) y con el coste del transporte marítimo disparado por los precios del carburante, de los seguros y de los contenedores». Dibuja un preocupante panorama que prevé batallas por los cargamentos, similares a las que hubo al principio de la pandemia por el abastecimiento de material sanitario.
Protestas del campo
Volviendo a nuestro país y a su Plan Estratégico, resulta realmente sorprendente que nuestro ministro de Agricultura, en una reciente comparecencia pública en Sevilla, haya declarado que «la realidad del sector agrario es realmente boyante a pesar de las protestas».

Por lo visto los 400.000 manifestantes que invadieron pacíficamente Madrid en defensa del mundo rural el pasado 20 de marzo, de los que más de 60.000 eran andaluces; o el rosario de cortes de carreteras y marchas de tractores, o las protestas de las organizaciones agrarias y cooperativas, que reclaman cambios profundos en todo el sistema productivo y en la aplicación de la referida reforma, son simplemente una manía. Lo que me recuerda aquel viejo chiste del que iba por la autopista en dirección contraria quejándose de que todos los demás iban mal.
Los alemanes miran con preocupación el próximo invierno sin el gas ruso. La crisis energética ha puesto de manifiesto como de arriesgado es depender en lo básico de los ajenos, y lo importante que es mantener la soberanía alimentaria y energética, basada en un sistema productivo eficiente y en constante renovación que, de forma ambiental y económicamente sostenible, apoye a los productores en su esfuerzo diario por garantizar la alimentación.
En las actuales circunstancias, ante el caos generado por la invasión rusa y las incertidumbres, lo lógico y necesario sería replantearnos si esta es la reforma que necesita Europa. Lo razonable sería que el ministro de Agricultura, en vez de repartir frases entusiastas y a todas luces inciertas, liderara un movimiento para reconsiderar cual es el camino que quiere seguir Europa en su producción agraria. Los agricultores, los ganaderos, el mundo rural, creo que incluso todos los ciudadanos, apoyaríamos esa decisión. Ese es el Plan Estratégico que de verdad necesitamos nosotros y toda Europa.