Objetivo: estructurar la cadena a favor del ganadero
«La reivindicación del sector lácteo no es una batalla independiente del productor, sino que debe aunar también a la industria»
Dos meses después de las movilizaciones iniciadas por ganaderos y cooperativas, el sector lácteo sigue sumido en una crisis de rentabilidad que ni los leves movimientos de precio en el lineal son capaces de subsanar. Queda así demostrado que la situación del sector lácteo no es una cuestión coyuntural, sino un problema de base, de estructura.
De los tres elementos de la cadena alimentaria (productor, industria y distribución), el productor es el que mejor ha hechos sus deberes. Los ganaderos hemos mejorado el bienestar animal de nuestras vacas con grandes inversiones en nuestras explotaciones. También hemos apostado por la innovación y hemos trabajado en la mejora genética de nuestras cabañas para incrementar la producción de leche por vaca y día.
Sin embargo, la balanza se descompensa en los costes de producción por la escalada del precio del cereal de la alimentación animal, por la subida de los salarios y por el repunte del gasóleo y la electricidad. En definitiva, al cierre de la cuenta, los ganaderos pagamos 40 céntimos por cada litro de leche que producimos, mientras que aún asistimos atónitos a algunos lineales, donde el brick reza todavía a 0,59 euros.

Federación de industrias lácteas
Dicen algunas organizaciones que el problema del sector no proviene del precio que se le paga al ganadero, sino única y exclusivamente del aumento de los costes de producción. Esta banalización procede de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil).
En cierto modo, no me extraña, ya que la industria no repercute sus costes de producción a la distribución. Si bien nos sorprende que niegue un problema de base cuando la subida del cartón y del material de envasado, el repunte del gas y la escalada de los derechos de emisión CO2 van a afectarles de igual modo, tal y como ya ha advertido la interprofesional Inlac.
Gran parte de la industria se ha situado en una posición cómoda. En sus planes no entra la innovación ni la diversificación hacia otros productos de mayor valor añadido, como puede ser la mantequilla, y donde podría sacarle mayor margen a su producción. Sin embargo, prefiere anquilosarse en el brick, porque ahí el único que pierde dinero por una mala venta de la leche líquida es el ganadero.
Existen excepciones. La industria cooperativizada, la que depende de forma directa de sus ganaderos, sí ha hecho por avanzar, por lanzar nuevos formatos y posicionarse en nichos de mercado con mayores beneficios. Ha entendido asimismo que la reivindicación del sector lácteo no es una batalla independiente del productor, sino que debe aunar también a la industria porque todo lo que se pierda en el lineal va en detrimento de la supervivencia del sector. De todo el sector.

La distribución
Y mientras, ¿Qué hace la distribución? En todos estos meses tan sólo una cadena, Mercadona, ha dado un paso al frente y ha subido en sus lineales dos céntimos el litro de leche, dinero que ha ido de forma directa a la cuenta del productor. En cambio, el resto está a la espera de los movimientos ajenos, pero solo para lucro propio, pues de lo único que se preocupan es de mantener su cuota de mercado e incluso de aumentarla, pero en ningún momento llega al ganadero.
Si sumamos todos estos elementos, el lector se dará cuenta de que si no somos capaces de estructurar con justicia la cadena alimentaria, estamos abocados al cierre de más explotaciones y con ello al abandono de un sector que se caracteriza por su dimensión, inversión, generación de puestos de trabajo y mantenimiento de la población rural. Los ganaderos necesitamos una estrategia nacional en la que se vele por el primer eslabón para poder mantener vivas nuestras explotaciones y poder garantizar un producto tan básico y sano como es la leche de vaca.