¿Cómo prevenir la verticilosis del olivo? Todo lo que tienes que tener en cuenta
La RAIF asegura que «es, sin duda, la enfermedad que más preocupa al agricultor por la dificultad para combatirla»
La verticilosis del olivo, causada por el hongo «Verticillium dahliae», es una enfermedad ampliamente distribuida en todos los países de la Cuenca del Mediterráneo. Su importancia ha aumentado en los últimos años y la intensificación del cultivo y el establecimiento de nuevas plantaciones en suelos infestados ha contribuido a su expansión.
Ante esta situación, la Red de Alertas e Información Fitosanitaria (RAIF) de la Junta de Andalucía ha asegurado que «es, sin duda, la enfermedad que más preocupa al agricultor por la dificultad para combatirla. Generalmente esta enfermedad se manifiesta por dos síndromes denominados apoplejía y decaimiento lento».
Daños en los cultivos
Según detalla la RAIF en un comunicado, la apoplejía se suele manifestar en otoño e invierno, con una rápida clorosis y necrosis de las hojas y una rápida seca de brotes y ramaje, empezando desde la punta y avanzando hasta la base de las ramas; en olivos jóvenes se produce la muerte del árbol entero, mientras que en olivos viejas se dan secas parciales. Los síntomas suelen ser más frecuentes y graves en las estaciones húmedas, o en áreas donde el suelo plantaciones que se emplean altas dotaciones de riego.
En el decaimiento lento, se produce el momificado de las inflorescencias, permaneciendo adheridas a las ramas al igual que las hojas más jóvenes en los ápices de los brotes, acompañado de una de una defoliación de las hojas viejas.
Ambos síndromes pueden presentarse en árboles de todas las edades, si bien, «V.dahliae» puede provocar con rapidez la muerte de los árboles menores de diez años, que son más susceptibles, afirman desde la Junta de Andalucía.
En este contexto, la RAIF detalla que la incidencia y severidad de la verticilosis en un olivar viene fijada por diversos factores, entre los que se encuentran: la cantidad de inóculo del patógeno en el suelo, la virulencia de los aislados que componen las poblaciones de «Verticillium dahliae» en el suelo, la edad del árbol, susceptibilidad de la variedad… el manejo de la parcela o las temperaturas que favorecen el desarrollo de la enfermedad.
Asimismo, señala que la sintomatología de esta enfermedad es tan genérica que se puede confundir con la provocada por cualquier otro problema de carácter fisiológico o patogénico que colapse las raíces, tales como el exceso de humedad e infección por otros patógenos como Phytophora spp., Por lo que un diagnóstico correcto pasa siempre por un análisis de material vegetal del cultivo afectado.
Medidas preventivas
«Los métodos de control no son fáciles ni tampoco definitivos», asegura la RAIF, que destaca que hasta este momento no se han encontrado métodos efectivos y rápidos para combatir esta enfermedad. Sin embargo, el agricultor puede recurrir a estrategias de manejo integrado del cultivo, evitando que se extienda aún más y ocasione daños irreparables.
«Sin ningún tipo de duda, las medidas preventivas son las más efectivas», incide la Red de Alertas e Información Fitosanitaria. Respecto a los métodos de control en suelos infestados, desde la Junta de Andalucía enumeran los culturales, los de control físico y los de control biológic0.
No obstante, señala que actualmente existen técnicas de laboratorio que permiten determinar si una planta está infectada por el hongo aunque no tenga síntomas visibles o si un suelo contiene inóculo del patógeno. La recogida de muestras se efectuará en la época más adecuada para el aislamiento del hongo, que es aquella en que la temperatura exterior diurna se sitúa en torno a los 20-25°C, lo que ocurre principalmente desde que acaba el invierno hasta el inicio del verano.
Así, explica la RAIF, cuando estas circunstancias concurran a inicios de otoño y se desee coger muestras, se deberá coger la muestra de las ramas que estén comenzando a manifestar síntomas, siendo importante asegurarse de que las ramas en cuestión no han sufrido las elevadas temperaturas estivales. Se elegirán de cada árbol varias ramas afectadas, evitando aquellas que ya estén secas.
De esas ramas se cortarán 10-12 tallos de 25-30 cm de longitud y de 2 cm de grosor como máximo —-continúa la RAIF—–, y los tallos recogidos se guardarán en una bolsa de plástico (cada árbol en bolsas distintas). Se identificará cada bolsa con la parcela y árbol que corresponda, y las bolsas se guardarán en la nevera hasta llevarlas al laboratorio.