«Devolver al campo lo que el campo da», el lema de San Isidro de Loja
La cooperativa San Isidro de Loja es todo un ejemplo de economía circular: aprovecha los residuos de las balsas, generados por la almazara, para fabricar pellets de compost orgánico
Lo que empezó como un «experimento casero», mezclando residuos olivareros y hojas de olivo para ver si de ahí salía un compost con posibles usos, ha terminado convirtiéndose en todo un ejemplo de aprovechamiento de residuos y sostenibilidad.
La cooperativa granadina San Isidro de Loja ha hecho de la economía circular su mejor seña de identidad, algo que le ha valido hasta galardones: en 2018, los agricultores europeos, a través de Copa-Cogeca, premiaron su proyecto piloto, a través del que convierte en compostaje de calidad los residuos y los lodos de la balsa de agua que usa la almazara durante la producción de aceite de oliva.
«Teníamos que hacer algo con las balsas de residuo, ya que trasladarlo a las plantas autorizadas era muy costoso. Por eso, después de nuestra prueba ‘informal’, buscamos el asesoramiento de expertos en compostaje», explica Antonio Rodríguez, director técnico de la cooperativa.
A partir de ahí, pusieron en marcha el grupo operativo Oleovaloriza, que cuenta con la colaboración de la Universidad de Granada, la estación experimental Zaidín, del CSIF, y Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía.
Destinados al almacenamiento perpetuo
El núcleo del proyecto es una planta de compostaje con un objetivo: tratar a escala industrial todos los residuos existentes en las balsas, tanto lodos como efluentes. «Desde 2019 y hasta la fecha, hemos conseguido valorizar en torno a 10 millones de kilos de lodos para los que no había otro destino que el almacenamiento perpetuo en las balsas», asegura Rodríguez.
De esta forma, han transformado los residuos en enmienda orgánica para fertilizar 1.000 hectáreas de cultivos como olivar, espárrago y cereal (aproximadamente un 10% de la superficie cultivada por los socios de la cooperativa. Una forma de sustituir los fertilizantes tradicionales y enriquecer, a su vez, el suelo.

Energía renovable
Además, San Isidro de Loja ha desarrollado una planta de fabricación de pellets de compost para mejorar el almacenamiento, conservación, aplicación y esparcimiento de dicho compost en determinados cultivos, como pueden ser los hortícolas.
«Consideramos que nuestro proyecto de gestión de los residuos, transformándolos en una enmienda orgánica, tanto sólida como líquida (lixiviado de compost), son dos claros ejemplos de economía biocircular», reconoce el director técnico de la cooperativa. «Devolvemos al campo lo que el campo nos da, todo ello de forma sostenible y respetuosa con el medio ambiente, sin empleo de agroquímicos, y solo utilizando energía eléctrica que además se ha obtenido de forma renovable (eólica, hidráulica, o solar)».
Respecto a la campaña de aceituna, la cooperativa no es optimista. Según sus previsiones, San Isidro de Loja cosechará la mitad de aceituna que en una campaña normal, cuando se mueven entre 40 y 50 millones de kilos. Algo parecido, que achacan a la sequía, ocurrirá con el espárrago, que en la campaña pasada apenas rozó los 2 millones de kg, cuando en una campaña con mejores condicion