Estos son los factores climáticos que benefician la aparición de verticilosis en el olivar
Un estudio del Ifapa ha identificado qué es lo que más afecta al desarrollo de esta temida enfermedad en las zonas olivareras del sur de España
Un equipo de cientificos del Departamento de Protección Vegetal Sostenible del Centro Ifapa La Mojonera (Almería) ha llevado a cabo un estudio en el que establecen qué factores climáticos determinan la ocurrencia del patógeno «Verticillium dahliae» (verticilosis) en el olivar.
La investigación demuestra que los modelos que incluían variables climáticas de diferentes aspectos del clima a múltiples escalas temporales, como la isotermalidad (índice de variabilidad de la temperatura anual) y la estacionalidad de las lluvias, explicaron «mejor» el patrón espacial de la verticilosis en el olivar que aquellos modelos que incluían sólo variables climáticas que miden tendencias anuales, como la temperatura o la precipitación media anual.
Según ha explicado el Ifapa en un comunicado, esta demostrado que el desarrollo de la verticilosis en el olivar es el resultado de la interacción entre el genotipo del olivo, la densidad del inóculo en el suelo, los mecanismos de dispersión del patógeno y los factores ambientales en que se produce dicha interacción.
Si embargo, señala, aunque los efectos de la temperatura y la humedad del suelo sobre el patógeno son bien conocidos a escala local (parcela), no existían estudios que evaluasen qué factores climáticos determinan su ocurrencia a mayor escala.
El momento en el que se produce la lluvia es determinante
Los resultados del estudio sugieren que «el patógeno fue más frecuente en zonas con una mayor amplitud térmica anual, es decir, en zonas donde la diferencia térmica entre los períodos más fríos y más cálidos es mayor que la diaria», detalla el Ifapa.
Por otro lado, destaca que para el desarrollo del patógeno «no fue importante la cantidad de lluvia total, sino cuándo se produjo esa lluvia, que debe coincidir con la primavera y el otoño, que son los periodos donde se dan las temperaturas óptimas para el desarrollo del patógeno».
Las zonas con mayor amplitud térmica corren más riesgos
En particular, los resultados mostraron que «la estacionalidad de las lluvias moduló el efecto negativo de la isotermalidad, que se hizo más negativo a medida que disminuía la estacionalidad. Esto indica que el patógeno fue más frecuente en aquellos olivares donde se combina la baja estacionalidad de las lluvias y una alta diferencia de temperaturas entre estaciones».
Además, se proporcionan nuevos hallazgos sobre la relación entre el clima y el riego en el olivar, al mostrar cómo el riego puede mitigar el efecto negativo de la isotermalidad. Desde el punto de vista aplicado, «los riegos al olivar deberían reducirse durante la primavera y el verano, especialmente en aquellas zonas donde existe mayor diferencia de temperatura entre estaciones», aseguran desde el instituto.
El trabajo, publicado en la revista cientifíca Plos One, ha sido financiado por La Fundación Caja Rural Granada y en el han colaborado Boise State University (EEUU), la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC), la Universidad de Granada y el Centro Andaluz para el Seguimiento y Evaluación del Cambio Global de la Universidad de Almería (Caesgg).