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Agricultura

La ciencia desvela cuánto carbono son capaces de secuestrar las diferentes variedades de olivo

Una investigación liderada por el IAS-CSIC, y en la que participan el Ifapa y la UCO, cuantifica por primera vez cuánto carbono almacenan arbosana y picual

07/04/2026 Actualizado a las 08:53

En mundo que lucha por frenar el cambio climático, la respuesta podría estar en el olivo, uno de los cultivos más antiguos de la humanidad y seña de identidad del campo andaluz. Un reciente estudio liderado por el Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC (IAS-CSIC) de Córdoba, en alianza con la Universidad de Córdoba y el Ifapa, ha puesto cifras exactas a una capacidad hasta ahora poco explorada: cuánto carbono son capaces de «secuestrar» los olivos según su variedad.

En concreto, han identificado diferencias en la acumulación de biomasa y el almacenamiento de carbono entre dos cultivares de olivo, arbosana y picual, ampliamente utilizados en la cuenca mediterránea.

«La cuantificación precisa de la biomasa y de la acumulación de carbono en el olivo es fundamental para optimizar el manejo agronómico y evaluar su papel en la mitigación del cambio climático», explica la investigadora Milagros Torrús.

En cifras

El resultado del proyecto certifica que la variedad picual tendió a acumular más biomasa (36,5 kilos árbol, en promedio) que arbosana (27,5 kilos árbol), debido a una mayor inversión en tronco y ramas no primarias, mientras que arbosana destinó una mayor proporción de biomasa a las hojas. En ambos cultivares, alrededor del 60% de la biomasa radicular se localizó en los primeros 25 centímetros del suelo y más del 55% se concentró en el cepellón (masa compacta de raíces).

Por lo que respecta al secuestro de carbono, la concentración media ponderada de carbono fue del 47% en la biomasa aérea y del 42% en las raíces. A escala de plantación, el suelo constituyó el principal reservorio de carbono orgánico, con alrededor de 76 toneladas de carbono por hectárea, frente a 13-16 toneladas de carbono por hectárea en la biomasa de los árboles. La acumulación anual de carbono en la biomasa del olivo osciló entre 1,68 toneladas de carbono anuales (arbosana) y 2,16 toneladas de carbono por año (picual), dentro del rango de tasas de fijación de carbono observadas en agroecosistemas mediterráneos.

Olivo / C. I.

Uno de los hitos de este trabajo fue el uso de métodos destructivos para estudiar la biomasa subterránea, algo poco común en la literatura científica actual. Los resultados revelaron que el 60% de las raíces se encuentran en apenas los primeros 25 centímetros de profundidad, concentrándose la mayoría en el cepellón.

Con 11,3 millones de hectáreas repartidas por 60 países, el olivar representa casi el 15% de los cultivos permanentes del mundo. En un escenario donde inclemencias meteorológicas son cada vez más extremas, saber qué árbol trabaja mejor para cuidar el ecosistema es fundamental.

Respecto a la metodología, «el muestreo destructivo permitió captar mejor las diferencias entre cultivares en la asignación de biomasa y la acumulación de carbono, mientras que el método no destructivo resultó adecuado para su aplicación a gran escala», afirmó la investigadora del IAS-CSIC, quien apuntaba que «estos resultados respaldan la integración de la asignación de biomasa y la permanencia del carbono en la selección de cultivares y en las prácticas de manejo, con el fin de mejorar el secuestro de carbono y la sostenibilidad de los sistemas de olivar».

En cualquier caso, manifestó que «estos resultados resaltan el doble papel de los olivares en el sostenimiento de la producción agrícola y la mitigación del cambio climático», al tiempo que ha indicado que «futuras investigaciones deberían explorar cómo integrar las características específicas de cada variedad en estrategias de manejo dirigidas para mejorar el secuestro de carbono en diversos sistemas de plantación»