
Las mujeres jóvenes se hacen con el campo: el ejemplo de Mayca, la jienense convertida en empresaria agrícola
Mayca Galán decidió lanzarse al barro y compaginar su empleo como trabajadora social con la gestión de la explotación familiar para acabar con «los estereotipos de género y los prejuicios y barreras existentes»
A sus 34 años, Mayca Galán conoce muy bien lo que es el sector agrario. Comenzó a trabajar en la recolección de la aceituna con tan solo 19 años en la explotación familiar, labor que compaginó con sus estudios y que a día de hoy le han llevado a convertirse en diplomada en Trabajo Social, licenciada en Ciencias del Trabajo por Recursos Humanos y, por si fuera poco, en empresaria agrícola.
«Hace dos años, cuando mi padre se jubiló y cumplió los 65 años optó por una jubilación activa. En ese momento, yo decidí lanzarme al barro y coger el relevo generacional», afirma la joven del Fuerte del Rey (Jaén).
Pero no todo ha sido un camino de rosas. «Las mujeres que decidimos incorporarnos a esta actividad nos movemos en una tierra de hombres y si encima eres una mujer joven es complicado porque hay gente que piensa que no vas a ser capaz, que no vas a saber gestionar la explotación, suele haber una crítica desde fuera y hay que hacer oídos sordos», explica Galán, quien asegura que «es importante eliminar los estereotipos de género en el campo y acabar con los prejuicios y las barreras existentes».
En base a la realidad que le ha tocado vivir, esta joven perteneciente una familia con fuerte tradición agrícola asegura que «el trabajo en el campo da muchas recompensas, ya que te permite obtener un resultado diferenciador. Pero hay que cambiar la perspectiva, aunque hasta ahora las cosas siempre se hubieran hecho de una única manera».

Las ayudas y la formación son clave
Cuestionada sobre las ayudas y la importancia de la formación para la inserción de los jóvenes en el sector, y en concreto de las mujeres, Mayca Galán detalla que pertenece a la Red de Incorporación de Jóvenes a la Empresa Agraria de la Junta de Andalucía y lo tiene muy claro: «ayudas hay y si te mueves las encuentras».
Además, su capacidad de emprendimiento le ha llevado más allá. «Hace un año pensé en comercializar mi aceite y actualmente estoy con los trámites para registrar la marca. Por ahora estoy dándolo a conocer», señala la fundadora de Galán y Punto, un aceite de oliva virgen extra de variedad picual, cuyas primeras muestras ya han llegado incluso a Polonia.

«Desprestigio generalizado al sector»
Antes de concluir, la joven andaluza no puede evitar manifestarse ante la desoladora situación que azota al campo. «Estamos asfixiados, el viernes vamos a Sevilla a manifestarnos, con la subida de costes de producción la situación es insostenible, estamos cubriendo gastos pero llegamos muy justos».
Finalmente, insiste en que «tenemos que darle valor a lo que tenemos. Hay un desprestigio generalizado que hay que cambiar y tenemos que darle la importancia que tiene».