El sector oleícola no podrá aguantar un segundo año en blanco
El estrés hídrico acumulado en los olivos hace que el árbol trabaje más en su propia subsistencia que en dar fruto
Por Daniel Illana
Los adjetivos se han acabado para hablar de la campaña de olivar 2022/23 en la provincia de Jaén: «terrible», «catastrófica», «ruinosa» y un largo etcétera de calificativos que muestran, bien a la claras, la compleja situación que vive el sector en una tierra donde se produce, de media, un tercio del total nacional de aceite de oliva y uno de cada cinco litros que se molturan en todo el mundo.
«El año pasado llovió en el momento exacto para que pudiera haber cuaje en el fruto, pero luego no hubo agua suficiente para que la cosecha se desarrollara plenamente, por lo que al final lo que hemos visto ha sido mucha aceituna en almazara, pero con un rendimiento graso muy bajo», explica Cristóbal Gallego, responsable de Aceite de Oliva de Cooperativas Agroalimentarias de Jaén y presidente de la mayor cooperativa del mundo, con sede en Villacarrillo, además de otras muchas cosas más.
Por eso es una de las voces más autorizadas para hablar de esta cuestión, especialmente en lo que se refiere a Jaén. Y también para explicar por qué se habla una y otra vez de la peor cosecha del siglo.
«Este año hemos cerrado en poco más de 177 millones de kilos de aceite, que es más de un diez por ciento menos de lo aforado por la Consejería, pero aún así por encima de las 143.000 toneladas de la campaña 12/13. Pero claro, ahora hay más superficie cultivada, más regadíos, más fincas de intensivo… Proporcionalmente es mucho peor».
Sin embargo, esta mala cosecha se ha amortiguado, en buena parte, en las existencias generadas en la campaña 21/22, que fue, a la postre, una campaña «media – alta», con casi medio millón de toneladas producidas en Jaén, prácticamente el triple que en esta campaña. Al final, en la suma total de existencias, ha pesado más (en unos 50 millones de kilos más) el enlace que la producción.
Y, a pesar de ello, el mercado, de algún modo ya se ha ido poniendo en el peor escenario posible con un alza de precios que se extendió durante el invierno y que ha vuelto a repuntar en las últimas semanas, con el aceite de oliva, en todas sus categorías subiendo, y con el virgen extra rozando incluso los 6 euros en origen.
Viene lo peor
Pero lo peor es lo que se puede venir por delante en solo unos meses. «Nos sentimos en manos de la providencia», resume Francisco Vañó, director general del Grupo Castillo de Canena, una de las empresas más reputadas del sector oleícola gracias a sus aceites de alta gama. Vañó cifra en «300 litros antes del 15 de junio» las necesidades del árbol en la campiña jiennense, una cifra que parece cada día más difícil de conseguir ahora bien entrados en mayo y tras un abril que se preveía lluvioso y que no ha tenido precipitaciones generalizadas.
«No quiero, nadie quiere, pensar en que no llueva en lo que queda de primavera pero, si no sucede, estaríamos ante la peor campaña que se recuerda», anticipa el industrial oleícola. Y lo explica así: «aquí no entraríamos a hablar de la vecería, el árbol no está en condiciones de cargar porque ahora mismo el agua la necesita para su propia subsistencia, por decirlo de alguna forma, está en economía de guerra».
Gallego también apuesta por romper el mito de la sucesión de buenas y malas campañas. «En Villacarrillo tenemos estudiado que existe una correlación clarísima entre pluviometría y producción. Dame un año de mil litros de precipitaciones y te garantizo que da igual lo que haya trabajado el olivo el año anterior».
Los pozos ya no sirven
Antonio Cabrera es presidente de la SCA La Pandera, en Los Villares. Un municipio serrano junto a la capital famoso por sus manantiales. Aquí hay preocupación con algo con lo que nunca lo ha habido: el agua. «Hay pozos que ya están dando muy poco. Llevamos desde octubre diciendo ‘este mes va a ser’, pero luego nunca es. Estamos temiendo que cualquier día nos corten el grifo de los riegos. Si me preguntas, para mí esta sequía es peor que la de hace 25 años».
Y, sin embargo, el problema no ha sido sólo (o tanto) la falta de precipitaciones, con un total de 492 milímetros en el pasado año hidrológico, por debajo de la media, pero no dramático. Lo que agudizó de verdad el problema fue el intenso y prolongado episodio de calor que azotó la provincia desde finales de la primavera pasada y durante todo el verano, que agotó a la planta. «Hay técnicos que ya han visitado algunas explotaciones y avisan de que, si no cambian las condiciones climáticas, muchas yemas se van a ir a madera», señala Gallego.
Y es que las temperaturas que se han dado en los últimos días en toda Andalucía, impropias en meses tan tempranos, han sido un daño más para un cultivo que está en plena floración, y en el que ya se pueden apreciar flores quemadas y frutos abortados.
Vañó ya avisa: «esta provincia no está preparada para aguantar dos años terroríficos. Que las autoridades empiecen a buscar soluciones, porque la situación puede ser dramática». Desde otro punto de vista, Cabrera llega a las mismas conclusiones. «En los pueblos de Jaén vivimos de esto, y si se cae esto, se caen las obras, los bares, la venta de coches, todo. El que lo hace por su cuenta, el año que saca más por el que menos; pero el que va a jornales, se va a la ruina directamente».
A la espera de la ansiada lluvia, cada vez más improbable, la conclusión del sector es clara. «Lo que se está pagando por el aceite no compensa al agricultor», sentencia Gallego. «La anterior campaña molturamos 22 millones y medio de kilos, en esta nos hemos quedado en seis y medio. Con tan poca aceituna no compensa, y mas con la subida que ha tenido todo», explica Cabrera. En Los Villares no han sido excepción las fincas que se han quedado este año sin recoger y muchos pequeños agricultores temen un segundo año en blanco.
El mercado
Su cooperativa lleva ya tres campañas, con esta, produciendo aceites tempranos, con muy buenos resultados, también económicos. «A los productores les deja dinero, las cuentas les salen. Pero esto no nos saca de pobres», asegura. Este mercado de alta gama lo conoce muy bien Paco Vañó, que fue uno de los pioneros en trabajarlo, y que sabe que tampoco está exento de desafíos.
«Se ha producido una conjunción terrible, nuestro primer mercado en Europa es Reino Unido, y todavía estamos afrontando el Brexit, pero el segundo es Alemania y allí la guerra de Ucrania se está notando mucho en términos de retracción del consumo. Mercados que estaban muy maduros, como Austria, República Checa, los países escandinavos… de repente, se han caído», sentencia.
Pero no todo son malas noticias. «El mercado americano está evolucionando bien y, tras el Covid, Asia se está comportando con sus fluctuaciones habituales», sostiene. Pero las luces no consiguen apagar las sombras sobre un producto cuyo consumo, en el último año, ha descendido un 5,7 por ciento a nivel mundial.