
El olivar superintensivo consolida su auge en el secano
Este sistema se caracteriza por los bajos costes de producción y la alta rentabilidad
El olivar en secano representa más del 77% de la superficie total destinada al cultivo del olivo en el mundo. Solo en España, más del 70% de los olivares se desarrollan en secano. Con tales datos, era cuestión de tiempo que el nuevo sistema de olivar superintensivo se desarrollase en este tipo de superficie.
Actualmente, el olivar superintensivo, también llamado olivar en seto, se ha consolidado como una alternativa eficiente y económicamente viable para el secano, aun en el supuesto de bajadas de cotizaciones de oliva. Por ello, cada vez son más los agricultores andaluces que eligen este sistema para sus producciones.
Los antecedentes del olivar superintensivo deben buscarse en Aragón y Cataluña, donde a principios de los años 90 se comenzó a desarrollar un sistema que ha evolucionado hasta no parecerse en casi nada al original: nuevas variedades, nuevas técnicas y nueva maquinaria que han reducido aún más los costes de producción. Prueba del éxito es que este modelo se ha extrapolado a olivares con limitaciones muy diferentes como el olivar para aceituna de mesa o el olivar en secano.
«Hace un par de años que comenzó a hacerse más fuerte la corriente que aboga por el olivar superintensivo en secano», explica Carlos Estévez, socio de la consultoría agrícola, forestal y ambiental Crops e ingeniero agrónomo. «Hay proyectos de olivar en seto en secano desde hace 8 o 9 años y nosotros nos empezamos a interesar por él como alternativa a los actuales cultivos de cereales y oleaginosas, que están viviendo una crisis de precios con mínimos históricos que compromenten su rentabilidad», asegura.
Así, Estévez explica que las ventajas del olivar superintensivo en secano frente a los métodos tradicional e intensivo son muy claras: a los tres años ya produce y los costes de recolección son muy bajos, ya que se recogen con cosechadoras específicas y no con mano de obra manual. Además, asegura que su implantación aumenta patrimonialmente el valor de la finca.
«El mayor éxito de este sistema, sin duda, es que los costes de producción son un 25% menos que el sistema intensivo», detalla.
En cuanto a las características del olivar superintensivo, Carlos Estévez señala dos tendencias dominantes. La primera utiliza marcos más amplios, que mantienen 6 metros de calle y 2 metros entre olivos y que supone entre 900-1.100 árboles por hectárea. La segunda, que es por la que se inclinan en Crops, limita las calles a 3,75 metros y la separación entre los ejemplares en 1,35. Con este sistema, que se conoce como «gran densidad» se suman 2.100-2.200 olivos por hectárea.
«Los dos tipos de superintensivo se están utilizando mucho últimamente, al igual que otras horquillas que oscilan, incluso, entre los 2.200-800 árboles por hectárea, en unos años podremos constatar qué sistema es el que ofrece mejores resultados», afirma el ingeniero agrónomo.
Costes de implantación
En relación a los costes de implantación, varía considerablemente según la densidad que se quiera alcanzar. Poner 2.200 plantas por hectárea , con preparación de terreno y otros pasos incluidos, supone 5.700 euros por hectárea, aproximadamente.
La rentabilidad de este modo de cultivo está asegurada aún en el escenario más pesimista, según los estudios que Crops realiza para sus clientes y en los que se valoran tres escenarios de precios: un supuesto optimista, con 3,80-3,70 euros el kilo de aceite, un escenario medio a 2,23 euros, el precio medio en los últimos veinte años, y uno muy pesimista con precios por debajo del 1,80 euros el kilo.
«Dentro de estos tres escenarios de precios , y con una amortizaciones para la inversión de de 25 años, la tasa interna de retorno alcanza el 48% en el mejor supuesto y un 8% en el peor, por lo que el proyecto en sí es rentable», detalla Estévez. Respecto a la producción, estiman una media de 6.000 kilos por hectárea de aceite de gran calidad.
Respuesta ante los precios
Las variedades de planta que más se utilizan, para el olivar superintensivo, dependiendo de las necesidad es de la finca, en secano son la arbequina, la arbosana y la sikitita, una variedad creada por investigadores de la Universidad de Córdoba y el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria específicamente para el olivar en seto.
Pero, aunque la eficiencia del sistema superintensivo en el olivar está contrastada por numerosas empresas y agricultores, sigue habiendo varias incógnitas sobre la mesa. La primera es qué pasará si, tal y como se estima en el sector, la producción en España supera la media de 1.200 toneladas y se acerca a las 2.000, haciendo que bajen los precios. «Lo cierto es que, en ese hipotético escenario, los olivares superintensivos en secano son los únicos que van a estar preparados para luchar contra una fuerte bajada de las cotizaciones», asegura Estévez. «Ni el olivar tradicional ni el intensivo podrán ser rentables, ya que tienen costes de producción superiores al olivar en seto», aclara.
Por otro lado, las líneas que no se pueden cruzar a la hora de implantar este sistema son dos: fincas con más de un 20% de pendiente, ya que las máquinas actuales no están preparadas para transitar por ellas, y una composición y profundidad útil del suelo inadecuada.