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Radiografía del verdeo

El olivar que no seduce a los fondos de inversión

El 90% de las explotaciones de aceituna de mesa tiene menos de diez hectáreas, por lo que el sector está en manos de pequeños agricultores

06/10/2020 Actualizado a las 09:22

La mayor explotación olivarera del mundo, con 15.000 hectáreas repartidas entre España, Portugal y Marruecos, la gestiona Elaia, una sociedad participada por Sovena y Atitlán Grupo Empresarial. La llegada de fondos de inversión interesados en comprar grandes fincas y modernizarlas, buscando una rápida rentabilidad, sigue siendo una constante en el olivar de almazara, pese al bache que atraviesan los precios del aceite de oliva.

Esta tendencia es completamente ajena al otro producto insigne que da el olivo, la aceituna de mesa, producto en el que España también es líder (segundo productor mundial tras Egipto) y que genera un comercio global anual valorado en 1.700 millones de euros. Pero la idiosincrasia propia del sector del verdeo, completamente atomizado, lo hace «poco atractivo» a los inversores, por lo que las «joint-venture» ni están ni se le esperan.

En Andalucía hay un total de 24.815 explotaciones que se dedican a la aceituna de mesa. El 90% de dichas explotaciones tiene menos de diez hectáreas, por lo que está en manos de pequeños agricultores, muchos de los cuales compaginan la agricultura con otra actividad profesional para «poder sobrevivir».

El tamaño de las explotaciones es un obstáculo, pues «apenas existen fincas grandes dedicadas al verdeo, pues tan sólo un 0,3% de las explotaciones tienen más de cien hectáreas», señala el responsable de Olivar de Asaja Sevilla, José Pedro Guzmán.

Recolección manual

Otro de los hándicaps del verdeo es que las variedades exclusivas de la provincia, la aceituna manzanilla y gordal, se recogen de forma manual. «Esto supone depender de mano de obra no siempre accesible, de difícil gestión y que implica importantes costes a los productores, lo que hace muy difícil rentabilizar el cultivo, ahuyentando posibles nuevas incorporaciones a este sector». Por ello, «no hay inversiones que apuesten por el olivar de mesa y el que compra hoy en día una finca de verdeo es para transformarla bien en olivar de almazara en marco intensivo/superintensivo, bien en almendro», lamenta José Pedro Guzmán.

Sin embargo, en lo que se refiere a la industria aceitunera, la situación es radicalmente distinta.
Así, frente a la dispersión de la producción, el sector comprador está integrado y son tres grandes grupos cooperativos (Dcoop, Agro Sevilla y Manzanilla Olive) y cinco industrias envasadoras (Ángel Camacho Alimentación, Aceitunas Guadalquivir, La Española Alimentaria Alcoyana, Aceitunas Cazorla y Jolca) las que acaparan casi toda la producción del verdeo.

Se trata de empresas que desde hace años trabajan por ganar dimensión y que sí están moviendo inversiones, liderando operaciones corporativas tanto dentro como fuera de España, impulsando un proceso de deslocalización industrial acelerado tras la imposición de aranceles a la aceituna española en mercados estratégicos como Estados Unidos.

Es el caso del grupo Dcoop (que aglutina unos 92 millones de kilos de aceitunas de la variedad predominante hojiblanca) con la entrada en el accionariado de la californiana Bell-Carter y de la portuguesa Maçarico, o por ejemplo, de la filial americana del grupo Ángel Camacho «Mario Camacho Foods», que a principios de 2019 se hizo con el 5% de la especialista marroquí de aceituna de mesa «Cartier Saada».

Comercialización

España obtendrá en esta campaña de verdeo 2020-2021 entorno a 521.000 toneladas, según el tercer aforo de la interprofesional de la aceituna de mesa, Interaceituna. Una producción que hay que transformar y comercializar.

Según la radiografía del sector, la industria de la aceituna de mesa nacional cuenta con un total de 424 entamadoras registradas, de las cuales, el 30% corresponden a cooperativas olivareras que transforman el 47% de la producción, y el 70% restante son industriales que transforman el 53% de la cosecha nacional. A esto se suman 290 envasadoras, de las que el 19% se ubican en la provincia de Sevilla, y envasan el 55% de toda la oferta nacional.

La comercialización de aceitunas de mesa ha ido en un constante aumento. «Los olivareros han ido aumentando la oferta sin incrementar la superficie y adaptando sus métodos para para obtener un producto de calidad tanto para los mercados nacionales como internacionales. Un esfuerzo que debería permitir obtener una rentabilidad justa y digna para todos los eslabones de la cadena», subraya el responsable sectorial de la patronal agraria.

Sin embargo, la dispersión del sector productor lo sitúa en una situación de clara debilidad a la hora de defender unos precios justos. Pese a todo, los precios no se prevén del todo malos en esta campaña, debido a que será una cosecha bastante corta (la segunda más baja de los últimos ocho años) y llega con menos stocks.

De hecho, Asaja Sevilla estima que la oferta puede resultar insuficiente para cubrir la demanda de la industria envasadora. Por tanto, «hay ganas de comprar aceitunas y a precios ligeramente superiores a los del año pasado». Sin embargo, los precios que reciben los olivareros españoles no alcanzan los fijados en otros países productores competidores.

Así, según denuncia la patronal agraria, mientras que en España la variedad manzanilla cotiza entre 0,85-0,90 euros el kilo, en Estados Unidos se hacen operaciones por 1,10 euros el kilo. Y lo mismo ocurre con la variedad gordal, que cotiza a 0,95 euros el kilo mientras que en Grecia se fijan precios para su homóloga, la variedad chalkidiki, entorno a 1,40 euros el kilo.

La aceituna de mesa siempre ha tenido una vocación claramente exportadora, pues el 61% de la producción se exporta y el resto, el 39%, se destina al consumo nacional. En los últimos cinco años el consumo interior ha descendido un 8%, mientras que la exportación ha aumentado un 6%, lo que ha permitido compensar las salidas totales de producto.

Según datos de Aduanas, sólo en 2019 las exportaciones de aceituna de mesa española, incluyendo el destino a la Unión Europea, alcanzaron la cifra de 345.197 toneladas (peso neto escurrido), con un valor de 758 millones de euros. Estos datos suponen que los envíos crecieron casi un 18% respecto al ejercicio 2018, con aumentos importantes en varios mercados. Así, en Norteamérica, pese a los aranceles de Trump, el crecimiento de la comercialización de aceitunas alcanzó casi un 25%.

Un cultivo social vital para Sevilla

España representa el 17% de la superficie mundial de aceituna de mesa con 174.946 hectáreas, siendo Andalucía la región con mayor superficie, con el 78% del total, seguida por Extremadura, con el 22%.

En la comunidad andaluza se cultivan unas 95.000 hectáreas de olivar para mesa, principalmente en la provincia de Sevilla, que concentra el 83% del total de superficie regional (79.150 hectáreas) y que produce dos variedades casi en exclusiva: la aceituna manzanilla sevillana y la aceituna gordal. Málaga y Córdoba cuentan con el 8% y 4% de la superficie de olivar de mesa respectivamente.

Se trata de un cultivo muy social, que genera mucha mano de obra, en torno a seis millones de jornales, de los que aproximadamente el 50% se concentra en los meses de recolección en los que actualmente se centra la campaña.

Así, como término medio, «una hectárea de olivar de mesa genera unos 40 jornales al año, frente a una hectárea de cereal u oleaginosa que no llega siquiera a un jornal al año», apunta el responsable de Olivar de Asaja Sevilla. No obstante, su cuestionada rentabilidad lleva a este cultivo a situarse en claro retroceso.