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Entrevista

Dimas Rizzo: «Más del 50% del algodón se ha contratado a los precios más altos de la campaña»

La Agrupación Española de Desmotadores de Algodón incluye a cinco de las siete industrias desmotadoras en activo, todas en Andalucía

18/06/2019 Actualizado a las 10:19

En apenas una semana comenzará la recogida del algodón en el campo andaluz, en una campaña que, a priori y si la climatología no lo impide, se presenta con «buenas perspectivas», según manifiesta el presidente de la Agrupación Española de Desmotadores de Algodón (AEDA), Dimas Rizzo, presidente también de la futura interprofesional del sector.

Ingeniero agrónomo con una dilatada trayectoria profesional en la administración pública, Rizzo es un profundo conocedor de la agricultura andaluza y del sector del algodón en particular. Estuvo en la primera línea de batalla durante la reestructuración del sector en Bruselas, siendo portavoz adjunto de la representación permanente de España en el Comité Especial de Agricultura del Consejo de la Unión Europea. Una reforma que, asegura, «dio futuro al cultivo y a su industria, ajustando la capacidad de las desmotadoras a la realidad productiva del algodón».

-¿Cómo valora la industria la próxima campaña de recogida del algodón?
-El cultivo ha tenido un desarrollo satisfactorio en términos generales, con poca presión por plagas o enfermedades. La superficie de siembra ha caído un 5% respecto al año pasado, por lo que contamos con 60.400 hectáreas a nivel nacional. La buena noticia es que los rendimientos van a ser superiores, entorno a 3.000 kilos por hectárea, y el año pasado no se llegó a esta cifra. Por tanto, si el clima no lo impide, todo apunta a que será una buena campaña para el agricultor y para la industria, con una producción entre 170.000 y 180.000 toneladas.

-¿Cómo han sido las contrataciones a futuro realizadas por AEDA?
-AEDA incluye a cinco de las siete industrias desmotadoras en activo actualmente, que procesan el 85% de la producción nacional. Hay que destacar que el algodón es el único cultivo en el que el agricultor puede, desde la siembra hasta la recolección, fijar unos precios de acuerdo con la industria para toda su cosecha o para una parte. Así, es posible contratar un porcentaje de la producción a la cotización estimada en un determinado momento de la campaña y dejar el resto para ver cómo evolucionan los precios. Este año, algo más del 50% de la producción nacional se ha contratado durante la cotización más alta que ha habido desde el arranque de campaña, que coincidió con los meses de junio y julio, con precios que llegaron casi a 80 centavos de dólar la libra. En esta campaña se prevé que los precios medios sean superiores a los del año pasado.

Rentabilidad del cultivo

-¿La mejora de los precios es el reflejo de la bajada de la oferta mundial de algodón?
-Ha habido una reducción de los stocks mundiales del orden de diez millones de balas de algodón menos. En este mercado se opera en balas de algodón, y cada bala pesa 480 libras, que equivale a 217,7 kilos. En cuanto comience la campaña, lo que suceda con el cultivo en los dos hemisferios y cómo se desarrolle incidirá en los precios.

—Pues pese a que bajan las existencias y suben los precios, la rentabilidad del cultivo sigue todavía dependiendo en gran medida de las ayudas europeas. Ahora que se inicia el debate post 2020, ¿están garantizadas estas ayudas?
-El algodón tiene unos niveles de inputs muy importantes. El cultivo exige mucho gasto de agua y energía, así como de tratamientos fitosanitarios, por lo que si desaparece la ayuda específica, posiblemente desaparecería el cultivo. Se trata de la única ayuda que queda acoplada a la superficie de siembra del cultivo, y se fija en 1.400 euros por hectárea admisible de algodón para una superficie nacional de 48.000 hectáreas. Como la superficie de siembras es mayor, la ayuda baja, y actualmente se viene cobrando entorno a 1.000 euros por hectárea. Se trata de una ayuda blindada, ya que forma parte del tratado de adhesión a la Unión Europea y sus protocolos sólo se pueden cambiar por unanimidad de todos los estados miembro y siempre habrá al menos dos países, Grecia y España que son productores de algodón, que se van a negar a que la ayuda desaparezca.

Colaboración con Grecia

-España y Grecia unieron sus fuerzas para trabajar en un sello que distinga al algodón europeo por su sostenibilidad ¿Cómo va el proyecto?
-Fue una iniciativa que impulsé durante mi etapa en Bruselas y en la que se continúa trabajando. El algodón andaluz cuenta con unos rasgos diferenciadores en materia ambiental y social y, para bien o para mal, no utiliza semillas transgénicas. Ya hay nichos de mercado para las fibras no transgénicas. Hay importantes industrias textiles como Levi Strauss&Co., Inditex o H&M que empiezan a preguntar de dónde viene la fibra y cómo está cultivada, por lo que la sostenibilidad de las producciones europeas es un valor seguro, pero tenemos que pelear por esa diferenciación. A partir de este año el algodón puede participar de los fondos comunitarios para promoción, pero para aprovechar este instrumento primero hay que crear una marca.

-La obtención de ese sello diferencial es uno de los objetivos de la interprofesional. ¿Está ya operativa?
-No. Permanece en trámites burocráticos y esperamos estar en funcionamiento para finales de año. Hay muchos otros proyectos que vamos a impulsar, en beneficio tanto del sector productor como de la industria, pues el algodón no tiene valor si no es industrializado y la industria desmotadora no sirve para otro cultivo que no sea el algodón. Entre estos proyectos destaca el firmar convenios con institutos de investigación para conseguir nuevas variedades de algodón y semillas más adaptadas a nuestras condiciones que aumenten la productividad, además de mejorar las técnicas de cultivo para obtener ahorro de agua y energía y mejorar la aplicación de fitosanitarios y fertilizantes. A nivel mundial, los avances principales se han realizado en variedades transgénicas, pero hay mucho que mejorar en las semillas que no han sido modificadas genéticamente.

Algodón de fibra extralarga

-Un ejemplo serían las variedades de cultivo de ciclo largo y extralargo, que no acaban de adaptarse al campo andaluz…
-Efectivamente. El algodón de fibra larga y extralarga se vende mejor y con mayor precio a nivel internacional, además de que obtiene mejores rendimientos agronómicos, entorno a 4.000 kilos por hectárea frente a los 3.000 de las semillas de fibra normal. Esta campaña habrá unas 5.000 hectáreas de fibra larga y extralarga con una producción de 20.000 toneladas, una superficie poco significativa para una extensión nacional de 60.000 hectáreas de algodón y la razón es que falta adaptación.

-Con la aprobación provisional del defoliante tidiazurón ¿se da la batalla por zanjada?
-No. Buscamos la autorización definitiva que se producirá cuando se registre este defoliante que permite abrir la cápsula del algodón y poder adelantar la recolección, logrando también la mejora de la calidad de la fibra. Pero la vigencia registral de este producto, propiedad de la empresa Bayer CropsScience, ha caducado. Estamos barajando todas las posibilidades, como la de poder participar en la financiación del coste del nuevo registro.

-Parte del negocio del sector algodonero también está en vender la semilla para piensos, pero la toxicidad del gosipol supone un freno…
-Si te hartas de agua, te puedes ahogar, pero no por eso el agua es mala. Con el gosipol presente en las semillas de algodón pasa algo similar. En exceso, puede producir cierta toxicidad en los animales, aunque no afecta a la salud humana. Estamos a la espera de que en los próximos días, a petición de todo el sector, se apruebe un cambio en la directiva europea actual que limita el contenido de gosipol en 5.000 partes por millón, y se eleve el contenido mínimo exigido. Es un asunto importante para la rentabilidad del sector, pues el 52% del peso del algodón bruto que cobra el agricultor proviene de la semilla.