X
Entrevista

Mauricio Soler: «La inundación de tierras en invierno beneficia a las aves y a Doñana, pero no al arroz»

El portavoz de los arroceros denuncia que el cultivo se mantiene en la producción integrada a costa del bolsillo de los agricultores

18/06/2019 Actualizado a las 10:00

Pese a que se estrena como presidente de la Federación de Arroceros de Sevilla, Mauricio Soler es un rostro de sobra conocido en las marismas del Guadalquivir. Lleva un cuarto de siglo vinculado al cultivo del arroz, una profesión que iniciaron sus abuelos José María Escobar y Victoria MacKinlay en los años 50, al comprar la finca Isla Mínima, siendo pioneros en la transformación de aquellas tierras y apostando por la producción arrocera en la provincia. Actualmente, la explotación de la finca, de casi mil hectáreas y situada en el término municipal de La Puebla del Río, continúa en manos de su familia, con la tercera generación (sus primos y hermanos) al frente.

En esta explotación, Mauricio Soler gestiona 600 hectáreas desde hace 25 años, poniendo en práctica muchos de los valores que le enseñó su madre, Rosa Escobar, en unas tierras donde la producción arrocera se combina con la ganadería (de toros bravos y de caballos cartujanos) y con el turismo, pues el trasiego de visitantes es continuo desde el estreno de la película homónima a la finca.

-¿Cuáles son los problemas del sector del arroz a los que intentará dar solución durante su mandato al frente de la Federación?
-Mi primer objetivo es conseguir la unión del sector arrocero, ya que hay distintos intereses representados en la federación (los regantes de la margen izquierda del Guadalquivir y los de la margen derecha, la industria, las Agrupaciones de Producción Integrada, etc.) y no siempre es fácil conseguir la paz social, y en segundo lugar, voy a luchar por la esperada modernización del riego de la margen derecha del Guadalquivir, un proyecto que lleva años estancado, por lo que me gustaría que de una vez por todas los arroceros viésemos el comienzo de estas obras antes de 2020. Y voy a trabajar para que tengamos productos fitosanitarios autorizados de manera permanente que nos permitan defender el cultivo ante plagas y enfermedades y llevarlo a buen término, pues actualmente estamos indefensos ante la pudenta, por ejemplo.

-¿Qué razones son las que justifican la demora del proyecto de modernización del arroz?
-Hay varias razones e incluso haciendo un poco de autocrítica, los arroceros también hemos puesto nuestro granito de arena, exigiendo que la tubería pase por determinadas zonas. En cualquier caso, según la última reunión que hemos mantenido con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, el proyecto está en la fase de estudio ambiental, pero queremos conocer los plazos y saber si de verdad hay fondos económicos para que arranque un proyecto vital para la viabilidad del sector, ya que supondrá a los agricultores un considerable ahorro de agua y energía y la posibilidad de sembrar arroz en aquellos años en los que estemos justos de agua embalsada.

—¿Los desencuentros en la Federación están motivados por la propuesta de parte del sector de abandonar la producción integrada?
—Los arroceros estamos apostando por cultivar en producción integrada a costa de nuestro bolsillo, ya que cumplir con este sistema más sostenible y, por tanto, beneficioso para el medio ambiente nos resulta muy costoso, y con las ayudas actuales no podemos mantenernos en este sistema. El Programa de Desarrollo Rural (PDR) de Andalucía para el marco estratégico comunitario 2014-2020 incluye una ayuda al arroz como medida agroambiental, aunque los arroceros andaluces salimos muy perjudicados respecto a los productores de Extremadura o del levante español. De hecho, si en el anterior periodo comunitario veníamos percibiendo 248 euros/hectárea, con la nueva ayuda agroambiental cobraremos 114 euros/hectárea, frente a 400 euros/hectárea que cobrarán los productores de otras comunidades autónomas por el mismo criterio. A esto se suma que el PDR nos obliga a mantener las tablas arroceras inundadas hasta enero, con el coste que ello conlleva, una práctica beneficiosa para las aves y Doñana, pero gravosa para los arroceros y muy difícil de cumplir.

-¿Por qué razón?
-Nuestra concesión llega hasta el 31 de octubre, y ahora se nos exige dejar las tierras inundadas tres meses más, periodo que veníamos aprovechando para dar vacaciones a los técnicos encargados de las bombas de riego o para reparar los desperfectos ocasionados en estas infraestructuras. Esta obligación, junto a la rebaja de la ayuda, nos acarrea muchos problemas pues nos jugamos nuestra economía en aras de la protección de la avifauna. Mi intención es reunirme con la Administración andaluza y exponerles nuestra postura, a la espera de que sea sensible a los problemas de los arroceros.

Campaña arrocera

-¿Cómo se prevé la próxima campaña del arroz, tras las recientes lluvias caídas en este mes de mayo?
-Las lluvias nos ha hecho retrasar todas las labores de preparación de la tierra, por lo que será una campaña atípica porque se va a sembrar algo más tarde. En cuanto a la superficie, la previsión es que se mantenga en los mismos niveles que en la campaña anterior, es decir, por encima de las 37.000 hectáreas en el entorno de Doñana, de las que más de 35.000 se cultivan en producción integrada. En cuanto a los riegos, La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha vuelto a mostrarse comprensiva, y aunque los pantanos están al 69%, no han rebajado la dotación hídrica, por lo que los arroceros vamos a tener agua suficiente y, además, de muy buena calidad pues el llenado de las tablas se hará con aguas de escorrentías. En cuanto a precios, todavía es muy pronto para aventurar cifras pero, la gran ventaja en Sevilla es que tenemos a la familia Hernández Barrera (los fundadores de Herba) que siempre han tratado bien al arroz pese a que entren esos grandes barcos cargados de arroz procedentes de terceros países y a precios muy bajos, buscando acuerdos lógicos con los agricultores en precios para defender el arroz de Las Marismas frente al de países como Camboya.

-¿Los arroceros temen los daños del cangrejo rojo en la próxima cosecha ante la prohibición de su pesca?
-Los cangrejos que ahora mismo están hibernando empezarán a partir del mes de julio a horadar caminos, tuberías, canales de riego y todo tipo de infraestructuras, por lo que la sentencia del Tribunal Supremo que prohíbe la captura y comercialización de este crustáceo puede ocasionar grandes problemas a los agricultores de Las Marismas y al cultivo del arroz. Desde la Federación de arroceros defendemos la pesca y la venta de esta especie, de la que viven muchas familias, pero creemos necesaria una regulación que ya llega tarde. La Administración regional debe intervenir y regular un sector que mueve muchos jornales tanto en Isla Mayor como en las localidades adyacentes.

-Los agricultores vienen mostrando su preocupación por la contaminación de fincas con plantas de arroz bastardeadas en Las Marismas. ¿Se conoce dónde está el origen del problema?
-No. Desconocemos si la duplicación de plantas se debe a un lote concreto de semillas que no estén fijadas genéticamente, o a la acción de la avifauna sobre el cultivo del arroz o si el problema está en la limpieza de secaderos, o de los mismos aviones que participan en las siembras de unas parcelas a otras. El caso es que cada vez hay más contaminación de plantas de arroz fuera de tipo, con espigas ajenas a la variedad sembrada, lo que obliga a tener que limpiar manualmente los campos. La eliminación de estas espigas supone un sobrecoste, y hemos pasado de una peonada por hectárea de media a entre dos y cuatro peonadas por hectáreas, algo inasumible para la mayoría de arroceros.