Las marismas vuelven a las siembras del arroz largo para la exportación
La cláusula de salvaguardia y el ataque de plagas al grano redondo en 2018 frena el crecimiento del arroz japónica, que se comercializa en España
A diferencia de los tres últimos años, con un crecimiento continuado de las siembras de arroz de grano redondo o japónica, que se comercializa en el mercado interior y que tiene su público en la provincia, en este campaña se prevé «un cambio de tendencia».
Así lo afirma el director gerente de la Federación de Arroceros de Sevilla, Manuel Cano, que apunta que «los agricultores vienen manifestando su intención de sembrar en esta campaña el grano largo o índica, al que muchos habían dado la espalda en los últimos años por lo que, a priori, prevemos que el 60% de la superficie arrocera se dedicará a esta variedad, mucho más demandada en el mercado europeo, rompiendo el reequilibrio de variedades conseguido a nivel nacional».
Las razones que explican este giro y que el arroz índica vuelva a subir tras varias campañas en caída son principalmente dos. Por un lado, la imposición de aranceles a las importaciones europeas de arroz procedentes de Camboya y Birmania, tras la aprobación de la cláusula de salvaguardia. Una medida que frena la entrada masiva de producto asiático que venía entrando a coste cero en Europa tras la iniciativa EBA («Everything But Arms», todo menos las armas) y que, presumiblemente, permitirá recuperar cuota del mercado europeo para el arroz español, recuperando también los precios.
Problemas en los últimos años
España había visto reducida su cuota de exportación al mercado europeo en 90.000 toneladas debido al incremento de las importaciones de origen asiático, y ha sufrido en los dos últimos años una reducción de los precios de mercado del arroz índica de un 10%. Además, como consecuencia de ello, ha perdido 22.000 hectáreas de cultivo al pasar de las 122.000 de 2012 a 104.000 de 2018.
La aplicación de la cláusula de salvaguardia en enero de este año ha contribuido a una moderada recuperación de los precios, al menos en el arroz cáscara. Una recuperación que ha permitido a la margen izquierda del Guadalquivir (donde se cultivan 45.000 toneladas de arroz) comercializan a mejores precios, con la variedad puntal (grano largo) a 329 euros la tonelada y la variedad JSendra (grano redondo) a 338 euros la tonelada.
Por el otro lado, está el ataque de las plagas, que en la última campaña se han cebado con las cosechas de arroz de grano redondo, siendo esta variedad la principal afectada por los ataques de pyricularia y de pudenta, por lo que son muchos los agricultores «que no quieren volver a tener problemas con el grano redondo y se van a pasar al grano largo», comenta Manuel Cano.
Las siembras
Los arroceros ya tienen preparadas las tierras para comenzar las siembras «en cuanto cesen las lluvias, ya que la superficie debe secar muy bien antes del abonado necesario previo al llenado de las tierras». El agua es imprescindible para el cultivo del arroz, por lo que muchos arroceros han decidido esperar antes de sembrar a la próxima reunión de mayo de la Comisión de Desembalse de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, en la que se analizarán los niveles acumulados en los embalses tras las últimas precipitaciones y se revisará las dotaciones hídricas concedidas al cultivo para la actual campaña de riego.
Una dotación que comprende 300 hectómetros cúbicos aprobados, «cien menos que en una campaña normal», señala el gerente de la Federación, por lo que, de no ampliarse en mayo, «obligará al sector arrocero a establecer turnos para regar».
Además del agua, la cosecha dependerá de cómo le afecten al cultivo en esta campaña las plagas y enfermedades, por lo que el gerente de la Federación de Arroceros de Sevilla denuncia las crecientes limitaciones que impone la legislación europea en el uso de materias activas, que dificultan el desarrollo del arroz «con todas sus garantías».
Los grandes retos del sector
De las 120.000 hectáreas de arroz que se cultivan en España, 40.000 se cosechan en Andalucía y casi 38.000 en la provincia de Sevilla, que lidera la producción nacional. El sector genera anualmente alrededor de 150 millones de euros y crea unos 400.000 jornales al año, siendo un motor económico primordial para pueblos como Isla Mayor, Los Palacios y Villafranca, Puebla del Río, Utrera o Lebrija, entre otros.
Más del 90% del arroz sevillano se cultiva bajo los estándares sostenibles de la producción integrada, una marca y una garantía de respeto al medio ambiente para una cosecha anual que ronda las 330.000 toneladas.
La cooperativa Arrozúa, situada en Isla Mayor, produce el 40% del arroz sevillano, aglutinando a unos 800 agricultores que cultivan una superficie de 12.800 hectáreas de arroz. Entre sus instalaciones se incluyen dos plantas de descascarado, siete secaderos mecánicos y un molino para arroz blanco.
Esta empresa, dedicada al secado, almacenamiento, elaboración, envasado, distribución y comercialización de arroz cáscara y blanco, se sitúa a la vanguardia tecnológica del sector arrocero nacional, gracias a la implementación de un sistema de control de procesos puntero y novedoso, que permite controlar de forma exhaustiva la producción desde el arroz almacenado en silos hasta el arroz envasado, optimizando la trazabilidad del producto, eliminando fallos humanos y controlando temperaturas y humedades.
Así se produce un grano de la máxima calidad que viaja a todo el mundo gracias también a referentes industriales como Herba (la división arrocera del gigante alimentario Ebro Foods, líder mundial en producción de arroz), ya que su apuesta por la innovación y la internacionalización ha dado estabilidad y prosperidad a los agricultores de la marismas sevillana. El 95% del arroz que procesa Herba en sus instalaciones de Sevilla, concretamente en San Juan de Aznalfarache, es de origen local.
Frente a estas fortalezas, el arroz se enfrenta a grandes retos, como el incremento de las plagas y las dificultades para atajarlas en tierras de marisma, en la que no es posible la rotación de cultivos; el problema del agua y la esperada modernización del riego de la margen derecha del Guadalquivir, proyecto que lleva años estancado; así como la amenaza de las importaciones de terceros países.