Las siembras recuperan parte de la caída del trigo duro y disparan el triticale
En términos generales, los cultivos herbáceos continúan perdiendo peso en Sevilla, en favor de los leñosos como el olivar y el almendro
Los agricultores de la provincia están finalizando las tareas de siembra de los cereales de invierno con la mirada puesta en el cielo. La escasez hídrica se ha cebado especialmente con aquellas comarcas sevillanas que lindan con las provincias de Cádiz y Huelva, mientras que la más próximas a Córdoba ha sido bendecidas con mayores registros de precipitaciones.
En cuanto las opciones de siembra de los productores, entre el conjunto de los cereales de invierno, llama la atención «la recuperación del cultivo del trigo duro, tras la caída de superficie del 32% a nivel provincial, 27% a nivel regional y 23% a nivel nacional en la anterior campaña», sostiene el técnico de cultivos herbáceos de Asaja Sevilla, José Vázquez.
La razón de esta caída está en los altos costes productivos y en la baja cotización que arrastró el trigo duro a lo largo de todo el año 2018, con precios similares a los trigos piensos. No obstante, este año el trigo duro ha ido recuperando precios, con un diferencial de 40 euros por tonelada de media por encima del precio fijado para el trigo blando. Esto ha influido en que «en estas siembras otoñales se haya recuperado al menos el 20% de ese 32% de la superficie provincial que se perdió en la anterior campaña», declara Vázquez.
El triticale, al alza
Entre los trigos pienso, el triticale no para de crecer año tras año en la provincia de Sevilla. De hecho «se han agotado las reservas de semilla certificada de este cereal en esta campaña, donde la demanda ha superado a la oferta», subraya el técnico de la patronal agraria.
Su éxito se debe a que tiene menos costes productivos que un cultivo de trigo, que el rendimiento en el campo es mayor y produce muchos más kilos y a que el precio del mercado es prácticamente igual al de un trigo. Todo esto se traduce en una mayor rentabilidad para el agricultor, lo que está haciendo que este cereal «rústico», considerado como secundario y destinado a la alimentación animal, vaya ganando protagonismo en detrimento de los trigos panificables. De hecho, Sevilla concentra (a fecha de 2018) el 34% de la producción del triticale que se cultiva en Andalucía.
La cebada es otro cereal que en la provincia se consolida como alternativa rentable, por una parte como pienso y por otra parte con variedades específicas que demanda la industria cervecera. Su precio está estable, cotizando por encima de los 170 euros la tonelada por lo que, pese a que se estima una cosecha mundial récord de cebada, no ha habido todavía una reacción con precios a la baja en los mercados. Su aumento paulatino se debe, al igual que en el triticale, a ser un grano más productivo que un trigo y soportar un menor coste productivo.
Próximas siembras
En cuanto a las próximas siembras de leguminosas, que tienen menor importancia en cuanto a volumen pero que cobran fuerza en la rotación de cultivos, Asaja Sevilla estima una caída importante de la superficie dedicada al garbanzo.
A principios de año comenzarán las labores preparatorias para la siembra de esta legumbre, cuyo cultivo fomenta la agricultura sostenible y la protección del suelo gracias a su capacidad fijadora de nitrógeno, que mejora la fertilidad y alarga la productividad de las tierras agrícolas.
Sevilla es la principal provincia andaluza productora de garbanzo, con el 58% de la superficie y el 68% de la producción. Sin embargo, «los bajos precios de los dos últimos años (entre 0,60 y 0,35 euros el kilo) y la paralización del mercado nos hacen prever un retroceso de la superficie en esta campaña», explica José Vázquez. En este sentido, el técnico añade que «hay cooperativas que todavía tienen garbanzos almacenados de hace dos campañas, ya que no hay compradores, por lo que no se le puede dar salida comercial a esta mercancía».
Oleaginosas
Por último, entre los meses de febrero y marzo, más próximo a la primavera, llegarán las siembras de girasol. Un cultivo que ha ido perdiendo importancia en las últimas campañas (unas mil hectáreas menos de 2018 a 2019 en Andalucía), debido también a la prácticamente nula rentabilidad de esta oleaginosa.
Sin embargo, la perspectiva para esta campaña de sementera es que «la superficie se mantenga, frenando la caída de los últimos años, debido sobre todo al auge del interés suscitado entre los productores por el girasol alto oleico», apunta Vázquez. De hecho, «si tradicionalmente se viene sembrando un 60% de girasol convencional y un 40% de alto oleico, se prevé que los porcentajes se inviertan, y el alto oleico cope al menos el 60% del cultivo».
El perfeccionamiento de la semilla y la mejor adaptación del cultivo a las condiciones propias de la provincia «está haciendo que muchos agricultores se decanten por el girasol alto oleico en detrimento del convencional, pues prácticamente ya están igualados en cuanto al rendimiento en campo y la producción de kilos y el alto oleico tiene un diferencial de precio importante respecto al convencional, de hasta 93 euros la tonelada en el mes de noviembre», manifiesta el técnico de Asaja Sevilla.
Tras este repunte de precio del girasol alto oleico en el mercado está la demanda de la industria. Así, la cosecha que se recoge de los campos sevillanos y andaluces se moltura en la comunidad, en concreto, en las fábricas que Sovena, Migasa y Eurosemillas poseen en provincias como Jaén, Cádiz y Sevilla.
El destino mayoritario de la cosecha es la elaboración de aceite de girasol, aunque también se aprovecha como subproducto tras la molturación una harina integral que sirve a los ganaderos para la alimentación de los animales.