Andalucía pierde 50.000 hectáreas de girasol respecto a la campaña pasada por la sequía
Según el informe de la Junta de Andalucía sobre el estado de los cultivos, se observa un escaso desarrollo y densidad del girasol en muchas zonas del territorio andaluz
La sequía está influyendo de una manera muy negativa en el cultivo del giraso, ya que el agua es un factor limitante de la producción de esta planta herbácea. Su cultivo en secano puede dar un rendimiento de unos 1.200 kilos por hectárea mientras que, cuando hay una situación de sequía como la actual, esta cifra se reduce entre un 25 y un 35 por ciento, según ha señalado el presidente de la Asociación Nacional del Girasol(ANG), Juan Fernández.
La falta de disponibilidad de agua de regadío, como consecuencia de la falta de lluvia, está condicionando que parte de los regadíos de Andalucía se hayan destinado a girasol, al ser un cultivo con mucha menor demanda de agua y al alto precios de los insumos (gasoil, abonos, fitosanitarios…) de los que las pipas son pocos demandantes y 2-3 riegos pueden ser suficientes para conseguir entre 3 y 4 toneladas por hectárea.
Menos superficie
No obstante, esa falta de riego para las plantaciones ha hecho que Andalucía pierda este año unas 50.000 hectáreas de girasol con respecto a la campaña de 2022, cuando se plantaron 246.374 hectáreas en suelo andaluz, según el responsable de productos transformados de COAG Andalucía, Diego Bellido, quien ha alertado de que el problema derivado de la sequía ha hecho que se vuelva a cifras «anteriores a la guerra de Ucrania».
Cabe recordar que, tras el inicio de la invasión rusa, desde Europa se aprobó el uso de las tierras de barbecho, lo que provocó que Andalucía pusiera en producción en 2022 alrededor de 35.740 hectáreas (53%) de las 66.000 hectáreas que, en base a los criterios de la PAC, se consideraban de interés ecológico y, por tanto, debían quedar en barbecho para que los titulares de las explotaciones pudieran acceder a las ayudas europeas. De esta superficie, más de 25.800 hectáreas se correspondían con girasol y el resto con diversos cereales.
Falta de garantías de precios altos
Bellido ha añadido que la sequía se ha unido a la falta de garantías de precios altos en origen, «por lo que muchos agricultores han decidido directamente no sembrar para no arriesgarse no solo a no tener beneficios, sino a sufrir importantes pérdidas». Sin embargo, ha habido casos de agricultores que han accedido a plantar «para cumplir con la obligación de los derechos de siembra», pero, en general, ha habido un descensos en todas las comarcas andaluzas donde este cultivo es representativo, sobre todo en la provincia de Sevilla.
Siembras tempranas
En cuanto al estado del cultivo, cabe destacar que tras las lluvias de diciembre, en el territorio andaluz se presentó, una buena coyuntura para la siembra temprana del girasol, ya que había jugo y el hecho de no esperarse más precipitaciones, favoreció la elección de variedades tolerantes a herbicidas por parte del agricultor para un mejor manejo de la mala hierba tan importante en las siembras tempranas, según ha explicado el responsable de ANG.
En el último informe de la Junta sobre el estado de este cultivo en el territorio andaluz, se recoge que actualmente en las parcelas de girasol se va formando el órgano floral. Aunque es una planta con una raíz pivotante que aprovecha mucho la poca humedad que pueda encontrarse en el suelo, conforme se incrementa su desarrollo va haciéndose visible la falta de agua en muchas zonas. Se observa un escaso desarrollo y densidad del cultivo en muchas zonas.
Uno de los cultivos más sostenibles
No obstante, el presidente de la Asociación Española del Girasol(AEG), Juan Fernández, defiende que el cultivo del girasol es uno de más sostenibles de la agricultura española, como lo demuestran diversos estudios, entre ellos, los dirigidos por el doctor ingeniero agrónomo y catedrático emérito de la Unidad de Excelencia María de Maeztu-Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba (DAUCO) Luis López Bellido.
Sobre estas prácticas, Fernández explica que «junto con el 5% obligatorio de leguminosas, debe destacarse el gran valor del girasol como cultivo mejorante en los eco-regímenes de la PAC, debido a que posee un sistema radicular muy profundo y extracta nutrientes que se escapan de las raíces de los cereales. En concreto, el girasol aprovecha los nitratos procedentes de abonados de cereales que de otro modo acabaría en los acuíferos».
Extracción de potasio
Por otra parte, el presidente de la ANG considera que la planta de girasol es una de las más activas extrayendo potasio de los suelos «pero el 95% del potasio que extracta lo devuelve al suelo con los restos del cultivo», señala y recuerda que «las cañas de girasol son tan ricas en potasio que, en la Rusia del siglo XIX, se producía potasa recogiendo y quemando estas cañas», asevera.
«Nuestros suelos arcillosos son ricos en potasio pero solo una pequeña fracción está disponible para la nutrición de las plantas. La aportación de potasio que hace el girasol es en forma de materia orgánica por lo que aumenta la disponibilidad de este nutriente esencial tras un cultivo de girasol», remarca Juan Fernández.